fbpx

La Primera Confesión Helvética (Confessio Helvetica Prior), llamada así para distinguirla de la Segunda Confesión Helvética de 1566, es la misma que la Segunda Confesión de Basilea (Basileensis posterior), en distinción de la Primera de 1534.

Debe su origen, en parte, a los renovados esfuerzos de los reformadores de Estrasburgo, Bucero y Capito, para lograr una unión entre los luteranos y los suizos, y en parte a la promesa papal de convocar un Concilio General.

Los magistrados de Zúrich, Berna, Basilea, Schaffhausen, San Galo, Mühlhausen y Biel delegaron a un número de teólogos suizos a una conferencia en el convento agustino de Basilea, el 30 de enero de 1536. También comparecieron Bucero y Capito.

Bullinger, Myconius, Grynæus, Leo Judæ y Megander fueron seleccionados para redactar una confesión de fe de las iglesias helvéticas que podría ser usada ante el propuesto Concilio General. Esta fue examinada y firmada por todos los delegados clericales y laicos, en febrero de 1536, y publicada por primera vez en latín. Leo Judæ preparó la traducción al alemán, que es más completa que el texto latino, y de igual autoridad.

Lutero, a quien se le envió una copia por medio de Bucero, expresó inesperadamente, en dos cartas notables, su satisfacción por el carácter seriamente cristiano de este documento, y prometió hacer todo lo que pudiera para promover la unión y armonía con los suizos. Estaba entonces bajo las esperanzadoras impresiones de la «Concordia de Wittenberg», que Bucero había logrado por su elástica diplomacia, en mayo de 1536, pero que resultó ser después de todo una paz vacía, y no pudo ser firmada honestamente por los suizos.

La Confesión Helvética es el primer credo reformado de autoridad nacional. Consta de 27 artículos, es más completa que la Primera Confesión de Basilea, pero no tanto como la Segunda Confesión Helvética, por la que fue sustituida posteriormente. La doctrina de los sacramentos y de la Cena del Señor es esencialmente zuingliana, pero subraya la importancia de los signos sacramentales y la presencia espiritual-real de Cristo, quien da su cuerpo y su sangre—esto es, a sí mismo—a los creyentes, a fin de vivir cada vez más en ellos y ellos en él.

 Philip Schaff, Creeds of Christendom, vol I. The History of Creeds. § 54. The First Helvetic Confession, A.D. 1536. (edición digital de Christian Classics Ethereal Library). Rogamos que cualquier copia o distribución de este material se haga junto con el debido reconocimiento a Irenismo Reformado.