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La distinción de pecado mortal y venial – Samuel Maresius

El destacado Samuel Maresius (1599-1673)1Teólogo reformado francés que destacó como estudiante en París, Saumur, Ginebra y logró su doctorado en la Universidad de Leiden. También destacó como instructor y profesor de teología en Sedan, Maestricht, Franeker y Gronigen. Asimismo, fue ministro en Charenton, Sedan, Maestricht, Herzogenbusch y Groningen., en su obra Theologiae elenchticae nova synopsis, presenta diversas cuestiones sobre la distinción de pecado mortal y venial. Aquí resaltaré tanto su concesión de la distinción bajo la administración del pacto de gracia como el uso que hace de los Padres de la Iglesia contra los romanistas. 

Maresius con facilidad concede la distinción cuando se entiende por evento, y con cautela y advertencia2Su cautela y advertencia se deben a que quiere evitar los errores romanistas. admite que es posible distinguir pecados mortales y veniales dentro de la administración del pacto de gracia. Aquí, como observamos con Turretini3Véase el artículo sobre Turretini., él hace referencia a Robert Baron y sus diputaciones de Aberdeen como una autoridad4Ya en un artículo anterior lo expresé y lo reitero aquí: esta autoridad se sustentaba en las siguientes características: volumen, cotización, taxonomía y ortodoxia, y esto sigue siendo cierto para nosotros hoy, como procederé a explicar. En cuanto a volumen, sigue siendo uno de los más extensos al abordar la distinción, tanto así que ni los tratamientos actuales del tema lo superan. En cuanto a cotización, ofrece una buena cantidad de citas de teólogos reformados de todos los periodos de ortodoxia, y al compararlo con Heinrich Heppe se evidencia la limitada cotización de este último (para la ilustración de la posición del periodo en cuanto la distinción). En cuanto a taxonomía nos ofrece una clasificación de varios enfoques de los reformados, junto a un juicio valorativo, lo cual no podemos conseguir ni siquiera en el eminente Herman Bavinck, quien resulta ser uno de los mejores exponentes en el rechazo del enfoque romanista, pero su resumen carece de una clasificación significativa del estado de la cuestión en la ortodoxia reformada. En cuanto a su ortodoxia, puedo decir que, a pesar de la heterodoxia de Robert Baron en algunas cuestiones, en esta particular es ortodoxo, tanto así que lo respalda Turretini y de alguna forma el mismo sínodo de Dordrecht. en el asunto, y luego nos ofrece su síntesis de cómo en un sentido los reformados expresamos la distinción:

«Se pueden denominar pecados mortales a los que profundamente hieren y destruyen la conciencia, y que excluyen a los hombres del grado de favor en el que antes eran amados por Dios; por supuesto, no en cuanto al amor de intención, sino en cuanto al amor de ejecución y deleitación. También infringen y disminuyen la gracia habitual, aunque no pueden suprimirla por completo. Asimismo, obstaculizan la fe y extinguen la idoneidad para el reino de los cielos. Y pecados veniales a aquellos que Tertuliano denomina de incursión cotidiana, los cuales no impiden el gobierno y la operación de la gracia habitual»5 Theologiae elenchticae nova synopsis, sive Index controversiarum Fidei ex S. Scripturis, vol. 1 (Groningae: apud Joannem Nicolaum, 1648), p. 553..

Maresius comenta que ciertos pecados pueden denominarse propiamente mortales por lo letal que son en su efectos. En primer lugar, estos efectos afectan la conciencia y excluyen el grado previo de favor divino del que gozaba el sujeto, aunque él aclara que se refiere únicamente a la ejecución de ese favor y no a la intención salvadora de Dios para con el sujeto. En segundo lugar, disminuyen la gracia habitual6Véase, Richard Muller, habitus gratiae Dictionary of Latin and Greek Theological Terms (Baker Academic, 2nd edición 2017), p. 135., o, en otros términos, los dones del Espíritu Santo en el sujeto se sofocan o disminuyen en cierta medida. No obstante, aclara que esto no quiere decir que se pierdan todo los dones habituales de la gracia. En tercer lugar, obstaculizan el hábito de la fe y la idoneidad presente del sujeto; es decir, obstaculizan el consuelo o la esperanza del sujeto, pero nótese y adviértase que ni los excluyen ni los repelen.

Por otro lado, nos expresa que ciertos pecados se pueden tener como veniales, que son los que Tertuliano llama cotidianos (podríamos mencionar también a Cipriano y Agustín). Así pues, reconocemos que algunos pecados tergiversan en menor medida nuestro camino de santidad (en cuanto al efecto en el sujeto). Y estos pecados mortales y veniales se expresan adecuadamente así bajo la administración del pacto de gracia. 

Otro aspecto a considerar es el uso que Maresius hace de los Padres de la Iglesia. En primer lugar, en Tertuliano puntualiza lo que concede en cuanto a los pecados veniales. En segundo lugar, cita el siguiente texto de Agustín: «No usemos balanzas falsas, donde coloquemos lo que nos plazca y como nos plazca, afirmando a nuestro arbitrio: «Esto es pesado, esto es ligero»»7bapt.6,9. para así puntualizar lo errado que se encuentran los romanistas en cuanto a su razonamientos de lo que denominan veniales, así como la gran laxitud en la que han caído.

En conclusión, observamos que Maresius, en medio de su polémica con los jesuitas, con cautela concede la distinción bajo la administración del pacto de gracia. También registra el aspecto que ya observamos en Turretini y hace un uso de los Padres de la Iglesia que apuntaba a las cuestiones tratadas por Voetius. El usar en este tópico a un Padre de la Iglesia para expresar el sentido en el que concedemos venial, y para expresar nuestro principio de distinción, es algo que está lejos de ser una peculiaridad en la tradición reformada. 

Notas:

  1. Teólogo reformado francés que destacó como estudiante en París, Saumur, Ginebra y logró su doctorado en la Universidad de Leiden. También destacó como instructor y profesor de teología en Sedan, Maestricht, Franeker y Gronigen. Asimismo, fue ministro en Charenton, Sedan, Maestricht, Herzogenbusch y Groningen.
  2. Su cautela y advertencia se deben a que quiere evitar los errores romanistas.
  3. Véase el artículo sobre Turretini.
  4. Ya en un artículo anterior lo expresé y lo reitero aquí: esta autoridad se sustentaba en las siguientes características: volumen, cotización, taxonomía y ortodoxia, y esto sigue siendo cierto para nosotros hoy, como procederé a explicar. En cuanto a volumen, sigue siendo uno de los más extensos al abordar la distinción, tanto así que ni los tratamientos actuales del tema lo superan. En cuanto a cotización, ofrece una buena cantidad de citas de teólogos reformados de todos los periodos de ortodoxia, y al compararlo con Heinrich Heppe se evidencia la limitada cotización de este último (para la ilustración de la posición del periodo en cuanto la distinción). En cuanto a taxonomía nos ofrece una clasificación de varios enfoques de los reformados, junto a un juicio valorativo, lo cual no podemos conseguir ni siquiera en el eminente Herman Bavinck, quien resulta ser uno de los mejores exponentes en el rechazo del enfoque romanista, pero su resumen carece de una clasificación significativa del estado de la cuestión en la ortodoxia reformada. En cuanto a su ortodoxia, puedo decir que, a pesar de la heterodoxia de Robert Baron en algunas cuestiones, en esta particular es ortodoxo, tanto así que lo respalda Turretini y de alguna forma el mismo sínodo de Dordrecht.
  5. Theologiae elenchticae nova synopsis, sive Index controversiarum Fidei ex S. Scripturis, vol. 1 (Groningae: apud Joannem Nicolaum, 1648), p. 553.
  6. Véase, Richad Muller, Habitus gratiae, Dictionary of Latin and Greek Theological Terms (Baket Academic, 2nd edición 2027),p.135.
  7. bapt. 6,9.

Estudiante de teología y fundador/administrador de Agustinismo Protestante. Lcdo. en Gerencia de Recursos Humanos, profesión que aún desempeña. Ministro de la comunidad católica reformada ICCRV (Maracaibo, Venezuela).

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