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Las imágenes que deben prohibirse – Ulrico Zuinglio

Popularmente se cree que los protestantes, y especialmente los reformados, prohíben todas las imágenes simpliciter, es decir, de forma simple sin matiz o distinción alguna, pero nada más lejos de la realidad, al menos de la realidad del protestantismo clásico. Un ejemplo de una prohibición sensata de las imágenes puede verse en el proceder de Ulrico Zuinglio (1484-1531)1Zuinglio fue un reformador suizo y bien puede ser considerado el padre de la tradición reformada. Tradujo la Biblia al alemán (Zürcher Bibel) para su iglesia en Zúrich, redactó la primera confesión reformada de reconocimiento público (Los 67 artículos) y puso las bases teóricas de la teología eucarística reformada., quien dedicó un capítulo entero a esta cuestión en su De Vera Et Falsa Religione Commentarius (1525). En este lugar Zuinglio dice lo siguiente:

«Nadie es tan estúpido como para pensar que debemos eliminar las estatuas, imágenes y otras representaciones cuando no se les rinde culto; pues ¿a quién le afectan los querubines sobre el propiciatorio o los bordados en las cortinas, ya sea con un significado místico o por decoración, o las palmas, los leones, los bueyes, las granadas y otros ornamentos semejantes, elaborados ingeniosamente en el templo de Salomón [cf. 1 Reyes 6:1-38]?»2Huldreich Zwingli, Commentary on True and False Religion en The Latin Works, vol. 3 (Heidelberg Press: Filadelfia, 1929), p. 330..

En estas palabras Zuinglio revela una parte de su postura sobre la prohibición de imágenes. Él piensa que estas no deben necesariamente prohibirse si no son imágenes que suelan ser adoradas. Que esto es posible lo ve en el hecho de que en el Antiguo Pacto se hizo uso de imágenes para enseñanza o decoración sin adorarlas. Sin embargo, las imágenes que suelen ser adoradas deben prohibirse, lo cual es la otra parte de su postura: «Ahora bien, cuando se les rinde culto, ¿quién es tan insensato, por no decir incrédulo, como para pensar que deben ser toleradas?»3Ibid.. Esta postura ambigua fue característica de Zuinglio (al menos en este periodo), la cual también expresó en otro tratado referenciado al inicio de este su Commentarius, que fue titulado en alemán Eine Antwort Valentin Compar gegeben (1525) y en el cual trata de forma especial sobre las imágenes4Lo que Zuinglio expresa allí lo resume bien el historiador Philip Schaff: «En su respuesta a Valentín Compar de Uri (1525), Zuinglio dice: “La controversia no es sobre las imágenes que no ofenden la fe y el honor de Dios, sino sobre los ídolos a los que se rinden honores divinos. Donde no hay peligro de idolatría, las imágenes pueden permanecer; pero los ídolos no deben ser tolerados…”. Él pensó que la ausencia de imágenes en las iglesias tendería a aumentar el hambre de la Palabra de Dios» (History of the Christian Church, vol. VIII. § 19. The Abolition of the Roman Worship. 1524)..

Pero a fin de dilucidar mejor esta postura sigamos con el Commentarius. Que las imágenes del tiempo de Zuinglio eran adoradas y que debían ser prohibidas es algo que él no duda: 

«¿Acaso no hemos considerado sagrado tocar estas imágenes? ¿Por qué las hemos besado? ¿Por qué nos hemos arrodillado? ¿Por qué hemos pagado un alto precio solo por verlas? Tales imágenes, digo, el Señor ordena quitarlas»5Zwingli, Commentary, p. 332..

Contra el argumento romanista de que en realidad estas imágenes no son adoradas, Zuinglio argumenta que, aunque no fuesen adoradas, aun así hay otras razones para prohibirlas, como que el Dios invisible no puede ser representado6En el caso de las que intentan representar la esencia divina., y como que las imágenes son inútiles para suscitar la piedad y el amor en nosotros7Zwingli, Commentary, p. 333.. En cualquier caso, Zuinglio aclara que mantiene su postura inicial: «Ellas deben ser eliminadas cuando son adoradas». Y: «Nadie ataca ninguna imagen excepto las que se adoran»8Ibid., p. 334.. Pero, ¿dónde están prohibidas estas imágenes? Principalmente en las iglesias, donde hay mucho peligro de que sean adoradas, pero también en cualquier otro lugar donde exista riesgo de que sean adoradas: 

«Dado que el peligro seguro de una disminución de la fe amenaza dondequiera que las imágenes están en las iglesias, así como el riesgo inminente de su adoración y culto, estas deben ser abolidas en las iglesias y dondequiera que el riesgo de su culto aceche»9Ibid., p. 336..

No obstante, Zuinglio enseguida dice algo que parecería contradecir lo que ha dicho: 

«Además de estas [las viejas estatuas] no creo que deban quitarse las imágenes que se ponen en las ventanas para decorarlas, siempre y cuando no representen nada vil, pues nadie las adora allí»10Ibid., p. 337.

Entonces, ¿imágenes en las iglesias o no? Bueno, es más complicado. Para Zuinglio no es tan fácil como simplemente prohibir cualquier imagen en la iglesia, sino que antes sigue un principio de prudencia que podemos considerar con una pregunta: ¿Existe peligro de que la imagen sea adorada? Si la sabiduría nos dice que sí, entonces debemos prohibirla, pero si el sentido común nos dice que no, entonces podemos permitirla. De ahí que él en lo personal no tenga problema con los vitrales, los cuales no ve tan peligrosos como las estatuas que se ponen en los altares11Esta flexibilidad de Zuinglio quizá también se explique por su admiración al arte de la pintura y escultura en general, como él mismo confiesa aquí: «Nadie es más admirador que yo de las pinturas y estatuas» Ibid..

Notas:

  1. Zuinglio fue un reformador suizo y bien puede ser considerado el padre de la tradición reformada. Tradujo la Biblia al alemán (Zürcher Bibel) para su iglesia en Zúrich, redactó la primera confesión reformada de reconocimiento público (Los 67 artículos) y puso las bases teóricas de la teología eucarística reformada.
  2. Huldreich Zwingli, Commentary on True and False Religion en The Latin Works, vol. 3 (Heidelberg Press: Filadelfia, 1929), p. 330.
  3. Ibid.
  4. Lo que Zuinglio expresa allí lo resume bien el historiador Philip Schaff: «En su respuesta a Valentín Compar de Uri (1525), Zuinglio dice: “La controversia no es sobre las imágenes que no ofenden la fe y el honor de Dios, sino sobre los ídolos a los que se rinden honores divinos. Donde no hay peligro de idolatría, las imágenes pueden permanecer; pero los ídolos no deben ser tolerados…”. Él pensó que la ausencia de imágenes en las iglesias tendería a aumentar el hambre de la Palabra de Dios» (History of the Christian Church, vol. VIII. § 19. The Abolition of the Roman Worship. 1524).
  5. Zwingli, Commentary, p. 332.
  6. En el caso de las que intentan representar la esencia divina.
  7. Zwingli, Commentary, p. 333.
  8. Ibid., p. 334.
  9. Ibid., p. 336.
  10. Ibid., p. 337.
  11. Esta flexibilidad de Zuinglio quizá también se explique por su admiración al arte de la pintura y escultura en general, como él mismo confiesa aquí: «Nadie es más admirador que yo de las pinturas y estatuas» Ibid.

Estudiante de teología (Lic., Universidad Católica de Oriente). Traductor de literatura teológica y editor de Irenismo Reformado y Agustinismo Protestante.

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