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¿Contra Gregorio Magno o contra Roma? – Juan Calvino

Hay una conocida frase que se atribuye a Gregorio Magno (c. 540-604) sobre las imágenes, la cual es referenciada por Juan Calvino en su Institutio

«Conozco muy bien el refrán: las imágenes son los libros de los ignorantes. Así lo dijo san Gregorio; pero otra cosa muy diferente dijo el Espíritu Santo. Y si San Gregorio, en lo que toca a esta materia, hubiera sido enseñado del todo en esa escuela, nunca hubiera dicho tales palabras»1Juan Calvino, Institución de la Religión Cristiana, vol. 1 (FELIR: Países Bajos, 1968), p. 53.

La frase es una síntesis de lo que dice Gregorio en su Epistola ad Serenum Massiliens:

«Además, os notificamos que ha llegado a nuestros oídos que vuestra caridad, viendo a ciertos adoradores de imágenes, rompió y derribó esas mismas imágenes en las iglesias. Y ciertamente os elogiamos por vuestro celo en contra de que cualquier cosa hecha con las manos sea objeto de adoración; pero os indicamos que no deberíais haber roto esas imágenes. Porque la representación pictórica se utiliza en las iglesias por esta razón: para que aquellos que ignoran las letras puedan al menos leer mirando en las paredes lo que no pueden leer en los libros. Por tanto, vuestra caridad debería haber conservado las imágenes y haber prohibido al pueblo que las adorara, con el fin de que los ignorantes de las letras tuvieran de donde adquirir conocimiento de la historia, y de que el pueblo no pecara de ninguna manera mediante la adoración de una representación pictórica»2«The Early Church Fathers and Other Works», trad. James Barmby (Wm. B. Eerdmans Pub. Co.: Edinburgh, 1867)..

Al leer las palabras de Gregorio en contexto estas suenan algo diferente de cómo sonaban en boca de Calvino. Gregorio aborda un caso de iconoclasia en el que ciertas imágenes religiosas (que no se identifican) han sido destruidas y sacadas de las iglesias. Aunque Gregorio reconoce el celo, sin embargo, rechaza el proceder, considerando más apropiado que se exhorte e instruya al pueblo con respecto al uso de las imágenes. Pero lo clave es la razón que él brinda para justificar y mantener el uso de imágenes en la Iglesia: que por ellas los analfabetas pueden aprender las historias bíblicas que no pueden leer en la misma Biblia.

Es interesante que Calvino, en el mismo lugar donde se opone a Gregorio, luego reconoce que se pueden pintar o esculpir «las historias o cosas que han acontecido», las cuales «sirven en cierto modo para enseñar y exhortar»3Calvino, Institución, p. 59.. Por supuesto, Calvino no estaba hablando de imágenes que se puedan poner dentro de la Iglesia, pero ese no es el punto. El punto es que Gregorio parece poner las imágenes de su tiempo en una categoría similar de imágenes que tienen el fin de educar o enseñar de forma histórica. Viéndolo desde esa perspectiva, lo dicho por Gregorio no suena tan terrible. 

Aun así, nada de esto anula lo que Calvino luego dice con respecto a que las imágenes no pueden enseñarnos de forma espiritual acerca de Dios (lo cual es su argumento); pero esto realmente va en contra de Roma, la cual usaba la mencionada frase de Gregorio para argumentar que las imágenes enseñan al pueblo de una forma espiritual. Además, muy seguramente, para Calvino, el que las imágenes sirvan como educación de historia tampoco justifica necesariamente su presencia en las iglesias. Aún más, en un contexto excesivamente idolatra como el de Calvino, quizás ni siquiera el mismo Gregorio hubiese alegado tal justificación.

Sea lo que sea, Calvino no parece estar consciente de ninguna de estas cosas con respecto a la frase de Gregorio y, más bien, la entiende tal como sus adversarios romanistas la entendían. Lo irónico de todo es que las mismas palabras contextualizadas de Gregorio le hubiesen servido para dar fuerza a sus argumentos contra la adoración de imágenes, ya que el mismo Gregorio se opuso a que ellas fuesen «objeto de adoración». 

Notas:

  1. Juan Calvino, Institución de la Religión Cristiana, vol. 1 (FELIR: Países Bajos, 1968), p. 53.
  2. «The Early Church Fathers and Other Works», trad. James Barmby (Wm. B. Eerdmans Pub. Co.: Edinburgh, 1867).
  3. Calvino, Institución, p. 59.

Estudiante de teología (Lic., Universidad Católica de Oriente). Traductor de literatura teológica y editor de Irenismo Reformado y Agustinismo Protestante.

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