fbpx

Las imágenes de Cristo son lícitas – Pedro Mártir Vermigli

Vermigli mostró una visión moderada de las imágenes de Cristo, no condenándolas absolutamente ni aprobándolas del todo. Su postura fue, si queremos decirlo así, una via media entre sus correligionarios.

En sus Loci Communes se halla una exposición suya al segundo mandamiento del decálogo, la cual convierte en un tratado de las imágenes. Allí inicia estableciendo los puntos principales de la cuestión, y en ello hace una apropiada distinción:

«Por tanto, las imágenes o bien representan a Dios, el Creador de todas las cosas, o bien a las cosas creadas, que son las diversas obras de Dios. Y entre esas cosas creadas ponemos al mismo Cristo en lo que respecta a su humanidad»1Vermigli, Pietro Martire, 1499-1562, The common places of the most famous and renowmed diuine Doctor Peter Martyr (Imprinted at London: In Pater noster Rovve, by Henry Denham and Henry Middleton at the costs and charges of Henrie Denham, Thomas Chard, VVilliam Broome, and Andrew Maunsell, 1583), p. 385..

De esta manera, Vermigli establece que para él la cuestión de las imágenes de Cristo no se encuentra en la categoría de ‘imágenes del Creador’, sino en la de ‘imágenes de criaturas’, ya que se habla de imágenes que representan la naturaleza humana y creada de Cristo.

Siendo así las cosas, luego habla con más amplitud sobre «esas imágenes que representan cosas creadas». Su propósito ahora es examinar si «pueden ser permitidas o no», es decir, si puede permitirse su creación2Ibid., p. 341.. Las primeras imágenes que aquí aborda son las de Cristo, y enseguida expresa su postura sobre ellas:

«Y, en primer lugar, Cristo es muy apropiado aquí por ser hombre, porque en ese sentido puede ser representado y pintado. Porque esto no va en contra de la naturaleza de la cosa, puesto que él era realmente un hombre, ni en contra del arte de la pintura, el cual emula cuerpos»3Ibid.

De sus palabras se entiende que piensa que las imágenes de Cristo son lícitas (en cuanto a su creación). Dos razones que aduce para ello son la naturaleza de la cosa y el fin de la pintura. Con la primera razón se refiere al hecho de que Cristo con respecto a su humanidad tiene un cuerpo visible, lo cual hace posible que pueda ser representado y pintado. Con la segunda razón se refiere a que precisamente el fin de la pintura es representar o pintar cuerpos, por lo que ella, al menos en principio, con total propiedad puede hacer uso de cualquier cuerpo para su arte. Luego de esto Vermigli aborda el famoso Concilio de Hieria (754): 

«Es cierto que en el Séptimo Sínodo, el cual los papistas no aprueban (siendo celebrado por Constantino y su hijo), se decretó que Cristo no fuese pintado o representado; ni siquiera en cuanto a su naturaleza humana. Y la razón que se establece es esta: porque nada más que su humanidad puede ser expresada por el arte. Por tanto, los que hacen tales cosas parecen abrazar la herejía nestoriana, la cual separa la naturaleza humana de la divina»4Ibid..

No obstante, él no acuerda con la resolución de este Concilio, por lo que opone lo siguiente:

«Pero a decir verdad no admito esa razón; porque, si fuera cierta, no sería lícito representar a ningún hombre, porque el alma, que es un espíritu, no puede ser representada. Y quienes describen la naturaleza humana del Señor no excluyen la naturaleza divina del entendimiento; ni manifiestan ni conceden que la humanidad de Cristo estuviera o esté desprovista de su deidad»5Ibid..

Aquí él está respondiendo al argumento de que no es lícito representar a Cristo en una imagen dado que solo puede representarse su humanidad, lo cual sería separarla de la divinidad. Este fue el argumento de Calvino y Ursino (entre otros), como se ha explicado en otros artículos. Pero la forma en que Vermigli hace esto no es aduciendo un nuevo argumento, sino mostrando lo ilógico del argumento en cuestión mediante comparaciones. Así, luego de mencionar algunos otros testimonios eclesiásticos que se aducen contra las imágenes de Cristo, concluye: «Pero que él no puede ser emulado en cuanto a su naturaleza humana, no hay razones firmes que lo justifiquen»6Ibid..

Sin embargo, esto no significa que Vermigli fuese un ‘promotor’ de las imágenes de Cristo. Todo lo contrario, él piensa que estas imágenes no deben permitirse en las iglesias por el riesgo de idolatría y, oponiéndose al argumento romanista de que por las imágenes de Cristo podemos aprender de Cristo, pronuncia estas finas palabras: «Si alguien desea que se le muestre a Cristo, que lea las Sagradas Escrituras; que coja en sus manos los evangelios, las epístolas apostólicas y los Hechos de los Apóstoles, y que asista con frecuencia a sermones piadosos»7Ibid., p. 353.. No obstante, él no se oponía a que estas imágenes tuvieran algún lugar fuera de la Iglesia con algún fin artístico, como ya se explicó en otro artículo.

Notas

  1. Vermigli, Pietro Martire, 1499-1562, The common places of the most famous and renowmed diuine Doctor Peter Martyr (Imprinted at London: In Pater noster Rovve, by Henry Denham and Henry Middleton at the costs and charges of Henrie Denham, Thomas Chard, VVilliam Broome, and Andrew Maunsell, 1583), p. 385.
  2. Ibid., p. 341.
  3. Ibid.
  4. Ibid. 
  5. Ibid., p. 353.
  6. Ibid.

Estudiante de teología (Lic., Universidad Católica de Oriente). Traductor de literatura teológica y editor de Irenismo Reformado y Agustinismo Protestante.

Publicaciones relacionadas

Deja una respuesta