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La interpretación patrística y la polémica reformada – Zacarías Ursino

Si en algo fue útil la interpretación patrística para los primeros teólogos reformados fue para la polémica, ya fuese contra sus oponentes romanistas o luteranos. Un ejemplo de esto se ve en Zacarías Ursino, quien defendiendo la interpretación reformada de «esto es mi cuerpo» frente a sus oponentes luteranos, acudió a la interpretación patrística de estas palabras para terminar de zanjar la cuestión. Por supuesto, Ursino, como los demás teólogos reformados, sostenía que la Escritura era suficiente para resolver cualquier discusión sobre ella misma1De hecho, Ursino establece tres reglas que en general sirven para determinar el verdadero sentido de la Escritura y resolver definitivamente una cuestión: 1. Rechazar cualquier interpretación que no acuerde con la regla de la fe. 2. Discernir si el significado dado a las palabras corresponde con la naturaleza de la cosa de la que se habla. 3. Considerar lo que otras partes de la Escritura dicen sobre la cuestión.; no obstante, dentro de su método polémico era totalmente válido recurrir a la autoridad de los Padres a efectos de terminar de zanjar una cuestión, al menos polémicamente hablando.

Por consiguiente, Ursino apela a la interpretación «de todos los Padres ortodoxos» como similar a la suya, para mostrar así que su interpretación no es nueva ni original2The Commentary of Dr. Zacharias Ursinus on the Heidelberg Catechism, trad. G. W. Williard (Columbus: Scott & Bascom, 1852), p. 699. Aquí también apela a la interpretación del mismo Cristo y de Pablo como similar a la suya.. Pero lo interesante está en que entonces reúne y resume esta interpretación patrística que favorece su propia interpretación, lo cual hace compartiendo una lista de varias citas de diferentes Padres casi al estilo de Lombardo. Como introducción a esta lista dice:

«Habiendo presentado ya los argumentos que se pueden extraer de las Sagradas Escrituras y del fundamento de nuestra fe, podemos aducir a continuación el testimonio de los Padres de la Iglesia primitiva y más pura, de lo que será evidente que enseñan la misma misma doctrina que nosotros sobre la Santa Cena. Nos limitaremos a presentar, de entre un gran número de extractos que se pueden sacar de sus escritos, algunos pasajes que pueden servir como índice de los puntos de vista que sostenían y enseñaban en referencia a este asunto»3Ibid., p. 720..

Los Padres que aquí cita son Ireneo, Tertuliano, Clemente de Alejandría, Cipriano de Cartago, los obispos del Concilio de Nicea, Basilio Magno, Hilario de Poitiers, Gregorio Nacianceno, Ambrosio de Milán, Agustín de Hipona, Juan Crisóstomo, Teodoreto de Ciro y un «dicho notable» de Macario el Monje. Como si estas citas no fueran suficientes, aclara que «podríamos añadir muchos otros testimonios de los escritos de los Padres, que en aras de la brevedad omitimos»4Ibid., p. 725.. Así de hábil era su manejo de los Padres. 

Nuevamente, estos testimonios de una interpretación patrística común sobre las palabras «esto es mi cuerpo» servían a Ursino para su polémica con los romanistas y luteranos, quienes, por supuesto, también citaban sus propios testimonios de los Padres. Ciertamente, la utilidad de apelar a la autoridad de la interpretación patrística se hallaba en que así se libraba un poco de la acusación repetida de sostener una interpretación nueva y original, pero también en que polémicamente hablando se zanjaba el asunto, mostrando que de su lado se contaba con todos los argumentos para probar y confirmar su interpretación. 

Este aspecto del método polémico de los teólogos reformados y de Ursino puede ser muy útil para los reformados actuales, especialmente frente a ‘oponentes’ que estimen la autoridad de los Padres. En otras palabras, apelar a la interpretación patrística puede ayudarnos a ‘ganar’ el debate, al menos en términos polémicos, y, aún más importante, puede ayudarnos a persuadir a nuestros ‘oponentes’ y convertirlos a nuestra causa.

Notas:

  1. De hecho, Ursino establece tres reglas que en general sirven para determinar el verdadero sentido de la Escritura y resolver definitivamente una cuestión: 1. Rechazar cualquier interpretación que no acuerde con la regla de la fe. 2. Discernir si el significado dado a las palabras corresponde con la naturaleza de la cosa de la que se habla. 3. Considerar lo que otras partes de la Escritura dicen sobre la cuestión.
  2. The Commentary of Dr. Zacharias Ursinus on the Heidelberg Catechism, trad. G. W. Williard (Columbus: Scott & Bascom, 1852), p. 699. Aquí también apela a la interpretación del mismo Cristo y de Pablo como similar a la suya.
  3. Ibid., p. 720.
  4. Ibid., p. 725.

Estudiante de teología (Lic., Universidad Católica de Oriente). Traductor de literatura teológica y editor de Irenismo Reformado y Agustinismo Protestante.

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