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La distinción de pecado mortal y venial – Francisco Turretini

En un artículo anterior afirmé que es cierto que rechazamos la versión romanista de la distinción de pecado mortal y venial, pero negué que esto fuera observado en la ortodoxia reformada como un rechazo absoluto a diversas versiones en las que la distinción podría concebirse. A partir de esto, en un artículo posterior se presentó la versión de Zacarías Ursino, enfocada en distinguir conforme al evento (i. e., gracia eficaz en Cristo y castigo eterno sin cristo). En este artículo presentaré otra versión que se concibió en la ortodoxia reformada; es decir, la enfocada en distinguir conforme a la economía o administración de la divina providencia en el pacto de gracia1Esta versión fue sostenida como la verdadera e histórica distinción de pecado mortal y venial. y la ilustraré en esta oportunidad con Francisco Turretini. Mi enfoque en este artículo no será el rechazo de la versión romanista por parte de Turretini, sino el sentido en que hace mención de la distinción como tolerable y sostenible.

Comencemos por observar que Turretini expresa con claridad: «La cuestión no es si se puede admitir una distinción relativa a la administración de la providencia divina en el pacto de gracia»2Francis Turretin, Institutes of Elenctic Theology (P&R Publishing, 1997), p. 597.. El problema central era la estructura moral3Véase Henry R. McAdoo, The structure of Caroline moral theology, Chapter IV: Mortal and venial sin (Longmans, Green, 1949), p. 98. que sostenía la versión romanista con sus cambios significativos a la distinción agustiniana de pecado mortífero y cotidiano4Véase mi serie de artículos Distinción agustiniana de pecados mortíferos y cotidianos.. Por esto Turretini distingue la versión romanista que critica de la versión de Robert Baron: «Hay algunos de nuestro partido que piensan que la distinción de pecado mortal y venial puede retenerse en este sentido, como Robert Baron»5Turretin, Institutes, p. 597..

Partiendo de Turretini, me gustaría decir algo más, pues, por lo general, estamos acostumbrados a que la doctrina de pecado mortal y venial se aborde de forma univoca, y esto no siempre me parece correcto por las diferentes estructuras ético-morales, enfoques, énfasis y definiciones de términos propuestos en la presentaciones de la misma. Por esto, en algún sentido es adecuado para nosotros hoy identificar la siguientes versiones de pecado mortal y venial:

1. La distinción agustiniana de pecado mortífero y cotidiano (Cipriano y Agustín).
2. Distinción tomista de pecado mortal y venial (Tomás de Aquino y Suarez).
3. Distinción luterana de pecado mortal y venial (Melanchthon y Chemnitz).
4. Distinción carolina de pecado mortal y venial (Jeremy Taylor).
5. Distinción por el evento de pecado mortal y venial (Zanchi y Ursino).
6. Distinción de pecado mortal y venial bajo la administración de la divina providencia en el pacto de gracia [esta versión es una forma actualizada y corregida de la versión agustiniana] (Robert Baron).

Continuando con Turretini, la mención de Robert Baron puede fácilmente pasarse por alto, por lo poco familiar que resulta, pero su mención es una evidencia de la autoridad que se le concede en este tópico y esta autoridad se sustentaba en las siguientes características: volumen, cotización, taxonomía y ortodoxia, y esto sigue siendo cierto para nosotros hoy, como procederé a explicar. En cuanto a volumen, sigue siendo uno de los mas extenso al abordar la distinción, tanto así que ni los tratamientos actuales del tema lo superan. En cuanto a cotización, ofrece una buena cantidad de citas de teólogos reformados de todos los periodos de la ortodoxia6«El desarrollo posterior a la Reforma se puede dividir, por razones de conveniencia, en tres períodos: ortodoxia temprana, alta y tardía» Richard A. Muller, Post­ Reformation Reformed Dogmatics, vol. I, p. 30., que al compararse con Heinrich Heppe7Heinrich Heppe, Reformed Dogmatics (Wipf and Stock, 2008). se evidencia la limitada cotización de este ultimo para la ilustración de la posición del periodo en cuanto la distinción. En cuanto a taxonomía nos ofrece una clasificación de varios enfoques de los reformados, junto a un juicio valorativo, lo cual no lo podemos conseguir ni siquiera en el eminente Herman Bavinck8Herman Bavinck, Reformed Dogmatics, vol. 3 (Baker Academic, 2008), p. 153., quien resulta ser uno de los mejores exponentes en el rechazo del enfoque romanista, pero su resumen carece de una clasificación significativa del estado de la cuestión en la ortodoxia reformada. En cuanto a su ortodoxia, puedo decir que, a pesar de la heterodoxia de Robert Baron en algunas cuestiones, en esta particular es ortodoxo, tanto así que lo respalda Turretini y en algún sentido el mismo sínodo de Dordrecht.

Dicho esto, observemos ahora cómo Turretini resume y simplifica la versión de pecado mortal y venial en cuestión. Él dice en cuanto a los pecados mortales:

«Ciertos pecados de los creyentes pueden ser llamados mortales por ser graves y atroces, que hieren y perjudican más profundamente a la conciencia, entorpecen el acto de justificación de la fe y eliminan la idoneidad actual para el reino de los cielos (por lo que el apóstol denuncia ira e indignación, y amenaza con la exclusión del reino de los cielos y la muerte eterna, como a aquellos en 1 Corintios 6:10 y Colosenses 3:5)9Turretin, Institutes, p. 597.».

En esta versión propiamente podemos hablar de pecados mortales en contraposición a pecados que no entrarían en esta categoría. Ahora bien, nótese aquí que no se denominan ‘mortales’ en razón de la naturaleza general de todos los pecados, sino en razón de su materia y de los efectos en el pecador. Sobre los efectos de estos pecados mortales el Dr. Stephen Hampton es diáfano al resumir la idea que se encuentra en muchos teólogos de la ortodoxia reformada, incluyendo a Turretini, y es que «son tan serios que pueden herir la conciencia y reducir la gracia habitual, a pesar de que no pueden extinguirla por completo. Por lo tanto, dichos pecados excluirían al pecador del grado de favor divino que se disfrutaba anteriormente, aunque solo en términos de la ejecución de ese favor en el don de la gracia, no en términos de la intención salvadora de Dios para el pecador»10The Oxford Handbook of Early Modern Theology, 1600-1800, ed. Ulrich L. Lehner, Richard Muller y A. G. Roeber. (Oxford University Press, 2016), p. 234.. Por ultimo, el amor paternal de Dios amenaza al cristiano pecador mortal dentro del pacto de gracia para llevarlo al arrepentimiento, descanso y santidad. 

En cuanto a los pecados veniales, Turretini dice:

«…otros pueden ser llamados veniales, los cuales son más leves y de comisión diaria, y que no obstaculizan la regla y operación de la gracia, ni eliminan el sentido del favor de Dios o la confianza del perdón del pecado (como las mociones rebeldes de concupiscencia, de las cuales Pablo se queja en Romanos 7, que son defectos y manchas que se adhieren incluso a las mejores obras del renovado)»11Turretin, Institutes, p. 597..

Podemos hablar de pecados veniales despojándonos de la noción medieval de algo ya perdonado por derecho intrínseco y de su tendencia a la laxitud en cuanto a su evaluación de la materia, puesto que los reformados con claridad sostenemos el reato de todo los pecados, por lo que no pueden ser llamados veniales en ese sentido, y en ese mismo sentido hablaríamos de veniales solo por accidente. Por esto en esta versión hablamos propiamente de veniales en cuanto su materia menor: el efecto en el pecador y su comisión cotidiana. Estos pecados de comisión diaria existen a causa de nuestra debilidad en el estado de gracia. Pero somos llamados por nuestro Padre a progresar cada día para su gloria y honra.

Para finalizar, Turretini expresa: «Hay algunos de nuestro partido que piensan que la distinción de pecado mortal y venial puede retenerse en este sentido (…) aunque no parece suficientemente apropiado a causa de nuestros oponentes, por lo que la distinción de pecados graves y leves es mejor»12Ibid.. Esto ultimo que expresa Turretín es relevante, pues parece ser que implícitamente algunas normas doctrinales reformadas sostienen alguna versión de la distinción clásica, como el caso del sínodo de Dordrecht en su doctrina sobre la perseverancia de los santos, que nos ofrece no solo un acento agustiniano en su explicación, sino también la doctrina agustiniana particular de la distinción de pecados mortíferos y cotidianos. Y aunque la presenta con desemejanza de términos, sin embargo, la distinción agustiniana se preserva. Por lo tanto, con Turretini podemos confesar que hay sentidos en que la distinción clásica es aceptable y tolerable, y que la narrativa de fuentes secundarias en cuanto al rechazo de la distinción requiere matizaciones.

Notas:

  1. Francis Turretin, Institutes of Elenctic Theology (P&R Publishing, 1997), p. 597.
  2. Véase Henry R. McAdoo, The structure of Caroline moral theology, Chapter IV: Mortal and venial sin (Longmans, Green, 1949), p. 98.
  3. Véase mi serie de artículos Distinción agustiniana de pecados mortíferos y cotidianos.
  4. Turretin, Institutes, p. 597.
  5. «El desarrollo posterior a la Reforma se puede dividir, por razones de conveniencia, en tres períodos: ortodoxia temprana, alta y tardía» Richard A. Muller, Post­ Reformation Reformed Dogmatics, vol. I, p. 30.
  6. Heinrich Heppe, Reformed Dogmatics (Wipf and Stock, 2008).
  7. Herman Bavinck, Reformed Dogmatics, vol. 3 (Baker Academic, 2008), p. 153.
  8. Turretin, Institutes, p. 597.
  9. The Oxford Handbook of Early Modern Theology, 1600-1800, ed. Ulrich L. Lehner, Richard Muller y A. G. Roeber. (Oxford University Press, 2016), p. 234.
  10. Turretin, Institutes, p. 597.
  11. Ibid.

Estudiante de teología y fundador/administrador de Agustinismo Protestante. Lcdo. en Gerencia de Recursos Humanos, profesión que aún desempeña. Ministro de la comunidad católica reformada ICCRV (Maracaibo, Venezuela).

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