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Ursino: La ley judicial fue abolida

El título del artículo ‘spoilea’ la conclusión de Zacarías Ursino con respecto al estatus de la ley judicial después de Cristo y en nuestros días, pero aun así vale la pena ver cómo él llega hasta esa conclusión. Así que comencemos con una definición algo amplia que él brinda de la ley judicial:

«Las leyes judiciales eran las que tenían que ver con el orden civil o el gobierno, y el mantenimiento de la disciplina externa entre el pueblo judío de acuerdo con las dos tablas del Decálogo; o puede decirse que tenían que ver con el orden y los deberes de los magistrados, los tribunales de justicia, los contratos, los castigos, la fijación de los límites de los reinos, etc. Estas leyes las dictó Dios por medio de Moisés para el establecimiento y la preservación de la mancomunidad judía, sujetando a toda la posteridad de Abraham, y distinguiéndola del resto de la humanidad hasta la venida del Mesías; y para que también sirvieran como vínculo para la polis mosaica, hasta la manifestación del Hijo de Dios en la carne, a fin de que fueran ciertas marcas por las cuales la nación que estaba ligada a ellas pudiera distinguirse de todas las demás naciones, y que al mismo tiempo fuesen medios para preservar la disciplina y el orden, para que así fueran tipos del orden que se establecería en el reino de Cristo»1The Commentary of Dr. Zacharias Ursinus on the Heidelberg Catechism, trad. G. W. Williard (Columbus: Scott & Bascom, 1852), p. 872. La traducción al español es mía..

Nótese los dos «hasta que» que se encuentran en esta definición: «Hasta la venida del Mesías», y: «Hasta la manifestación del Hijo de Dios en la carne». Ambos implican que la ley judicial dada por Moisés era hasta el tiempo de Cristo, y que a partir de este tiempo estaría abolida. De hecho, para Ursino es Cristo mismo quien abole la ley judicial en su venida:

«Cristo purgó la ley moral de las corrupciones, cumplió la ley ceremonial y la derogó junto con la ley judicial»2Ibid., p. 208..

Entonces, Moisés, el mediador de la Antigua Alianza, es quien promulga la ley judicial, pero Cristo, el mediador de la Nueva Alianza, es quien la abole. Este contraste entre Moisés y Cristo, o entre la Antigua y Nueva Alianzas, en relación con la ley judicial, no es casual. Ursino comenta que una de las diferencias entre estas dos Alianzas es la obligación para con la ley judicial: 

«La Antigua Alianza obligaba al pueblo a toda la ley: la moral, ceremonial y judicial; la Nueva Alianza nos obliga solo a la moral, y al uso de los sacramentos de Cristo»3Ibid., p. 202..

Por supuesto, la falta de obligación para con la ley judicial en la Nueva Alianza se debe a su abolición en la misma. La única ley vigente en este nuevo pacto es la ley moral, cuya vigencia se debe a que ésta es la misma ley natural que fue dada universal y perpetuamente por Dios a los hombres desde el principio de la creación. Pero aún más interesante es que Ursino dice que junto con la ley moral estamos sujetos a los sacramentos de Cristo, o de la Nueva Alianza. Lo interesante de esto es que él en otro lugar conecta los sacramentos de la Antigua y Nueva Alianzas con la obligación para con la ley judicial. Él dice:

«La circuncisión obligaba a los que la observaban a cumplir toda la ley ceremonial, judicial y moral; el bautismo solo nos obliga a cumplir la ley moral»4Ibid., p. 673..

La razón de esta conexión es que tanto la circuncisión como el bautismo son respectivamente los sacramentos de confirmación de la Antigua y Nueva Alianzas. Quien recibía la circuncisión se comprometía a cumplir toda la ley establecida en la Antigua Alianza (moral, judicial y ceremonial), y quien recibe el bautismo se compromete a cumplir toda la ley reestablecida en la Nueva Alianza (la moral). De esto se puede ver que la vía por la que Ursino llega a la conclusión de que la ley judicial ha sido abolida es lo que se suele llamar la ‘teología del pacto’. Según lo visto en Ursino, podríamos decir (con términos algo ajenos a Ursino) que la ley judicial pertenecía a la antigua administración del pacto de gracia, mientras que ahora no es parte de la nueva administración de dicho pacto. En última instancia, entonces, su abolición se debe a un cambio de administración pactual.  

Ahora bien, ¿significa esto que la ley judicial no tiene ningún uso en la Nueva Alianza? En lo absoluto. Al menos en su Cuerpo de doctrina ortodoxa, Ursino no dice nada al respecto, pero se puede suponer que su posición era probablemente similar a la de otros teólogos reformados de su tiempo; a saber, que la ley judicial aún tiene un uso en cuanto a su equidad general o sus principios generales de justicia, siempre y cuando estos acuerden con la ley moral o natural, tengan razones asociadas a ellos y sean adecuados para las circunstancias de cierta nación.

No obstante esto último, Ursino fue bastante claro y firme en cuanto a que la ley judicial ya no tiene una fuerza de obligación sobre los creyentes en la Nueva Alianza. Él sin dudar afirma que esta ley «ha sido abolida en cuanto a su obediencia», por lo que «ya no sujeta a nadie a su obediencia»5Ibid., p. 874.. Las razones escriturísticas que aduce para esto son las siguientes: 1. Que los profetas predijeron esta abolición. 2. Que Cristo y los apóstoles afirmaron esta abolición. 3. Que la causa de la ley judicial era organizar la polis civil en la que nacería Cristo, por lo que una vez que Cristo vino y esta polis fue derrocada por los romanos, dicha ley no tenían razón de ser6Ibid., pp. 874-75.. En fin, para que no queden dudas con respecto a la postura de Ursino, terminemos con un resumen que él hace de su propia postura:

«La suma de lo que hemos dicho hasta ahora sobre la abolición de la ley es ésta: que las leyes ceremoniales y judiciales instituidas por Moisés han sido enteramente abolidas por la venida de Cristo, en lo que se refiere a la obligación y obediencia de nuestra parte»7Ibid., p. 882..

Estudiante de teología (Lic., Universidad Católica de Oriente). Traductor de literatura teológica y editor de Irenismo Reformado y Agustinismo Protestante.

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