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Ursino: Los pecados no son iguales

En la discusión de los reformadores contra los teólogos romanistas de su tiempo en cuanto a la distinción de pecado mortal y venial, afirmaban que todo pecado en su naturaleza merece la pena eterna. Esta es una afirmación que veían necesaria hacer, ya que, según el entendimiento de sus oponentes, solo ciertos pecados en su naturaleza eran merecedores de la pena eterna, mientras que otros no. Pero al hacer esta afirmación los romanistas interpretaban que los reformadores estaban diciendo que todos los pecados son iguales, por lo que los reformadores en ese contexto polémico aclaraban que los pecados no son iguales. Esta aclaración era importante para ellos porque no querían ser confundidos con los antiguos estoicos, los cuales no diferenciaban los males. 

Ese fue el caso de Zacarías Ursino, que en su Cuerpo de doctrina ortodoxa afirma que «todo pecado en su propia naturaleza es mortal, esto es, merece la muerte eterna»1El contexto y tratamiento de esta frase puede verse en el artículo Ursino y la distinción de pecado mortal y venial.. Más adelante en esta misma obra repetirá que «todos los pecados, cualesquiera que sean, merecen, en su propia naturaleza, la muerte eterna»2The Commentary of Dr. Zacharias Ursinus on the Heidelberg Catechism, trad. G. W. Williard (Columbus: Scott & Bascom, 1852), p. 125. La traducción al español es mía., y cita varios textos de la Escritura como respaldo (Dt. 27:26; Sant. 2:10; Mt. 5:26), resaltando especialmente el de Santiago: «El que ofendiere en un punto, se hace reo de todos». Pero a diferencia de la primera vez que hace esta afirmación, aquí Ursino aclara que esto no significa que todos los pecados sean iguales. Él dice: 

«Sin embargo, los pecados no son iguales. Estos difieren según ciertos grados, incluso ante el juicio de Dios, como se dice: “De cierto les digo que todos los pecados serán remitidos a los hijos de los hombres; pero la blasfemia contra el Espíritu Santo no será jamás remitida”. “El que me ha entregado a ti, tiene un pecado más grave”» (Mc. 3:28, 29; Jn. 19:11)3Ibid., p. 125..

Los grados en los que difieren los pecados tienen que ver con la gravedad o levedad de los mismos. Esto es algo autoevidente. Es pecado blasfemar contra el Padre o el Hijo, pero es un pecado más grave (y en este caso también el más grave) blasfemar contra el Espíritu. Es pecado que una autoridad aprese, interrogue  y crucifique injustamente al Hijo de Dios, pero es un pecado más grave que un íntimo suyo lo entregue por dinero. 

Es consistente afirmar que todos los pecados merecen la pena eterna y al mismo tiempo aclarar que no son iguales. Ambas cosas son verdaderas en sentidos diferentes. Todos los pecados son iguales en el sentido de que son ofensas contra Dios y, por ende, merecen la pena eterna, pero son evidentemente desiguales en su nivel de malicia, modo de accionar y amplitud de consecuencia. Mantener ambos sentidos nos alejará, por un lado, del entendimiento erróneo de Roma de la distinción de pecado mortal y venial, y, por otro lado, del rigorismo fundamentalista y neoevangélico que iguala los pecados en cualquier sentido. A la vez también descubriremos que manteniendo ambos sentidos es posible retener la distinción de pecado mortal y venial (entendida correctamente), así como lo hizo Ursino. 

Notas:

  1. El contexto y tratamiento de esta frase puede verse en el artículo Ursino y la distinción de pecado mortal y venial.
  2. The Commentary of Dr. Zacharias Ursinus on the Heidelberg Catechism, trad. G. W. Williard (Columbus: Scott & Bascom, 1852), p. 125. La traducción al español es mía.
  3. Ibid., p. 125.

Estudiante de teología (Lic., Universidad Católica de Oriente). Traductor de literatura teológica y editor de Irenismo Reformado y Agustinismo Protestante.

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