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La distinción de pecado mortal y venial – Zacarías Ursino

Zacarías Ursino fue uno de los teólogos reformados que de cierta forma sostuvo la distinción tradicional de pecado mortal y pecado venial, como se comentó en un artículo anterior. Allí se decía que «en la ortodoxia reformada, Zacarías Ursino sostuvo que hay una forma correcta de mantener la distinción». En este artículo quiero ampliar esa forma en que Ursino la sostuvo.

La distinción entre pecado mortal y venial es abordada directamente por Ursino en su Corpus doctrinae Orthodoxae1Mejor conocido como su comentario o exposición al Catecismo de Heidelberg. bajo el loci o tópico «Del pecado actual y las distinciones restantes del pecado junto con sus causas y efectos». En este lugar ofrece 5 distinciones del pecado, siendo la segunda el pecado reinante y el pecado no reinante. Esta distinción es la que nos interesa aquí.

Ursino define brevemente el pecado reinante como «aquella forma de pecado que el pecador no resiste mediante la gracia del Espíritu Santo, por lo que está expuesto a la muerte eterna, a menos que haga penitencia y obtenga el perdón por medio de Cristo»2The Commentary of Dr. Zacharias Ursinus on the Heidelberg Catechism, trad. G. W. Williard (Synod of the Reformed Churches, 2004), pp. 106-107. La traducción es mía.. Por otro lado, define el pecado no reinante como «aquel que el pecador resiste por la gracia del Espíritu Santo, por lo que no lo expone a la muerte eterna, ya que ha hecho penitencia y ha hallado el perdón por medio de Cristo»3Ibid. . Como prueba escriturística de esta distinción Ursino apela a Romanos 6:12: «No reine el pecado en sus cuerpos mortales», al Padrenuestro («perdónanos nuestras deudas») y a otros pasajes (1 Jn. 3:6; 1 Jn. 1:8; Ro. 7:17; 8: 1; Sal. 19:12).

Ahora bien, esta distinción nos interesa porque Ursino la identifica con la conocida distinción de pecado mortal y venial. Así el pecado reinante lo identifica con el mortal y el no reinante con el venial:

«Aunque todo pecado en su propia naturaleza es mortal, esto es, merece la muerte eterna, sin embargo, el pecado reinante puede llamarse propiamente pecado mortal, en el sentido de que quien persevere en éste finalmente perecerá. Pero se convierte en pecado venial, esto es, no invita o convoca a la muerte eterna, cuando no reina en el regenerado que lo resiste por la gracia de Cristo; y esto ocurre, no porque merezca el perdón en sí mismo, ni porque no merezca pena, sino porque se le condona o perdona por gracia a los que creen a causa de la satisfacción de Cristo, y no se les imputa para condenación»4Ibid., p. 107..

Aún más interesante, Ursino dice que la distinción tradicional de mortal y venial puede ser conservada por los reformados cuando se entiende correctamente: «Cuando se entiende así, la distinción de pecado mortal y venial puede ser retenida»5Ibid., p. 108.. Pero ¿qué hay de Roma? ¿No tienen ellos un entendimiento diferente y erróneo? Sí, y esto es reconocido por Ursino. Él dice que la distinción no puede ser retenida «cuando se entiende en el sentido en que los pontífices romanistas la usurpan». No obstante esto, Ursino no cree que la terminología tradicional de mortal y venial debe ser simplemente rechazada, aunque sí piensa que debe ser preferida la terminología de reinante y no reinante «debido a los pontífices romanistas» y su mal uso de la terminología tradicional.

Esta relación ambigua de Ursino con la terminología tradicional se debe a que él está considerando el recorrido y la aceptación que históricamente tuvieron los términos tanto en la patrística como en la Edad Media, pero a la vez la connotación negativa y errónea que ya estaba establecida en su tiempo. De hecho, esta relación ambigua con algunos elementos tradicionales se ve de vez en cuando en los Reformadores. No obstante, a diferencia de muchos protestantes hoy, ellos no rechazaban estos elementos tradicionales, como esta terminología de mortal y venial, de forma simple. En lo personal prefiero conservar la terminología tradicional, ya que creo que mantener dicha terminología nos une con otros cristianos del pasado al hablar como ellos, aunque el entendimiento de la misma pueda variar ligera o drásticamente según el desarrollo teológico a lo largo de las épocas6Véase, por ejemplo, la serie Distinción agustiniana de pecados mortíferos y cotidianos (1), donde se trata de una distinción agustiniana que en ciertos aspectos se puede entender como una distinción de pecado mortal y venial..

Independientemente de lo anterior, pienso que hay varias cosas que hoy podemos aprender de Ursino y su tratamiento de la distinción de pecado mortal y venial: 1. Que la terminología puede ser retenida legítimamente, siempre y cuando su entendimiento sea conforme a la Escritura. Y si alguien prefiere usar otra terminología no acuse ni condene de poca ortodoxia, o de no ser suficientemente reformado o protestante, al que la retenga. 2. Que la terminología fue usurpada por los romanistas; es decir, que se apropiaron ilegítima y erróneamente de ella, cuando esta pertenece a todos los cristianos que se encuentran dentro de la amplia tradición cristiana. Queda de nuestra parte cederla o reclamarla. 3. Más importante que la terminología es el entendimiento que tengamos de la distinción, y, como se ve en el caso de Ursino, la terminología no afecta necesariamente el entendimiento correcto de la misma. 4. Debemos distinguir los pecados. «No todos los pecados son iguales» (palabras textuales de Ursino). Él mismo, como se mencionó antes, hizo diferentes distinciones solo en cuanto al pecado. La distinctio, o la practica de hacer distinciones, era común entre los ortodoxos reformados y la heredaron de los escolásticos medievales. Lo que con esto querían evitar era el error de la generalización simple de una cuestión, ya que creían que algo podía ser verdadero en un sentido y falso en otro dentro de una misma cuestión. Ursino habla de este error cuando refuta cierta objeción: «Hay aquí un error al entender que se habla en general, lo que es cierto solo en cierto sentido». Esto, por cierto, lo debemos tomar en cuenta para todas nuestras discusiones, exposiciones o reflexiones teológicas. Como dice la sentencia dominica: «Nunca afirmar, nunca negar, siempre distinguir».

Estudiante de teología (Lic., Universidad Católica de Oriente). Traductor de literatura teológica y editor de Irenismo Reformado y Agustinismo Protestante.

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