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La relación entre el pecado original y el bautismo infantil

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Las doctrinas del pecado original y el bautismo infantil han estado relacionadas estrechamente desde el principio, y la razón es simple: si los infantes tienen pecado por propagación, y si el bautismo es para el perdón del pecado (Hch. 2:38), entonces el bautismo es conveniente y apropiado para los infantes. Este ha sido el razonamiento de la Iglesia desde el principio y es la razón principal de la práctica del bautismo infantil1Véase el artículo Las raíces agustinianas de la Reforma (5): la necesidad del bautismo infantil..

De forma interesante, Zacarías Ursino hace esta relación entre el pecado original y el bautismo infantil en el contexto de su explicación del pecado original2En su Corpus doctrinae Orthodoxae Sive Catecheticarum Explicationum.. Él básicamente dice que una de las razones por las que sabemos que existe el pecado original, es porque «los niños mueren y son bautizados. Por lo tanto, han pecado [en Adán]»3The Commentary of Dr. Zacharias Ursinus on the Heidelberg Catechism, trad. G. W. Williard (Synod of the Reformed Churches, 2004), p. 99. La traducción es mía.. Junto con la muerte, el bautismo de los infantes es una evidencia y recordatorio de que los infantes nacen con el pecado original, ya que precisamente se les bautiza por tener este pecado. Siendo esta relación así, no es sorpresa que los primeros en negar el bautismo infantil hayan negado también el pecado original, de lo cual da testimonio el mismo Ursino:

«En oposición a esta doctrina del pecado original, los pelagianos creyeron y enseñaron, como los anabautistas hoy, que no hay pecado original, que la posteridad no es culpable a causa de la caída de nuestros primeros padres, y que el pecado no se deriva de ellos por propagación, sino que cada quien peca y contrae la culpa solo imitando los malos ejemplos de otros. Agustín de Hipona refutó a estos pelagianos en muchos libros»4Ibid., p. 98. Énfasis mío..

La negación del pecado original por parte de los anabautistas era consistente con su negación del bautismo infantil, ya que, como se mostró antes, la relación entre estas doctrinas es estrecha. En esto al menos hay que darles el crédito de que fueron más consistentes que los pelagianos, los cuales mantuvieron la práctica del bautismo infantil a pesar de su inconsistencia con la negación del pecado original. Por supuesto, esta inconsistencia no la pasó por alto san Agustín, quien la llamó «la paradoja de la herejía pelagiana»5Agustín muestra la inconsistencia de la herejía pelagiana en su Réplica a Juliano III, 3. 8..

Ahora bien, ¿cuál es el punto de todo esto? Mi fin es únicamente brindar otra advertencia contra la negación del bautismo infantil6Véase el artículo Advertencias contra la negación del bautismo infantil. tomada de la experiencia histórica de la Iglesia. Dada la relación entre el pecado original y el bautismo infantil, históricamente negar una ha implicado negar la otra, y cuando este no ha sido el caso, ha sido solo por una inconsistencia propia de un sistema teológico (como en el caso de los pelagianos).

Sé que hoy muchos cristianos niegan el bautismo infantil sin negar el pecado original (afortunadamente), pero esto es así por una inconsistencia propia como la de los pelagianos (aunque en este caso es al revés), ya que de seguir todas las implicaciones de la negación del bautismo infantil serían consecuentemente llevados a negar el pecado original. Por supuesto, no es bueno que alguien haga esto. Ser completamente anabautista no es el camino. Tampoco ser inconsistente como los pelagianos. La solución es abrazar un sistema teológico diferente y consistente, del cual Ursino es un exponente; es decir, el sistema teológico de los reformadores, el cual mantiene las dos realidades y verdades bíblicas y agustinianas de que los infantes nacen con el pecado original y que, por lo tanto, son aptos para el bautismo que perdona dicho pecado.

Notas: 

  1. Véase el artículo Las raíces agustinianas de la Reforma (5): la necesidad del bautismo infantil.
  2. En su Corpus doctrinae Orthodoxae Sive Catecheticarum Explicationum.
  3. The Commentary of Dr. Zacharias Ursinus on the Heidelberg Catechism, trad. G. W. Williard (Synod of the Reformed Churches, 2004), p. 99. La traducción es mía.
  4. Ibid., p. 98. Énfasis mío. 
  5. Agustín muestra esta inconsistencia del pelagianismo en su Réplica a Juliano III, 3. 8.
  6. Véase el artículo Advertencias contra la negación del bautismo infantil.

Estudiante de teología (Lic., Universidad Católica de Oriente). Editor de Irenismo Reformado y Agustinismo Protestante. Miembro de la Iglesia Presbiteriana 'Gracia y Verdad' (Medellín, Col).

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2 Responses
  1. José Machado

    Partiendo de la base del artículo (Hch. 2:38), dicha aseveración indica primeramente un arrepentimiento el cual un infante debido al estado prematuro de su desarrollo son incapaces de manifestar, siendo de esta forma, ¿Por qué deberíamos inclinarnos hacía el bautismo de infantes? ¿No estaríamos de ese modo faltando a la escritura buscando un bautismo para el cuál aún no se ha cumplido el requerimiento indicado en dicho mandato?

  2. Romel Quintero

    Dado que el apóstol en el contexto está dirigiéndose a adultos, el arrepentimiento es mencionado junto con el bautismo, pero por obvias razones no sería mencionado si hablara de infantes. Entonces, si este verso no habla de bautismo infantil, ¿por qué referenciarlo aquí? Porque en el artículo no se menciona para probar el bautismo infantil, sino solo para mostrar que la naturaleza del bautismo (en general) es el perdón del pecado. Sería como mencionar que el bautismo es el lavamiento de la regeneración, la renovación del Espíritu o el lavamiento de los pecados. A partir del entendimiento de esa naturaleza del bautismo es que se pasa a hablar del pecado original en los niños y su idoneidad para el bautismo que perdona el pecado original (o el bautismo que significa y sella el perdón del pecado original).

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