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¿Negó Tertuliano el bautismo infantil?

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Tertuliano, cuando probablemente era presbítero de la iglesia de Cartago, escribió una obrita llamada De Baptismo (c. 200), la cual estaba dirigida a los catecúmenos y bautizados, y la cual fue el primer escrito en tratar de forma particular la doctrina del bautismo. No obstante, en algunos círculos credobautistas hoy, esta obrita es especialmente conocida por contener lo que parecería ser la primera negación del bautismo infantil en la Iglesia antigua. Dicha afirmación suele basarse en el siguiente pasaje:

«Por consiguiente, según la condición y disposición de cada persona, es más conveniente retrasar la edad del bautismo, sobretodo si se ha de tratar de niños pequeños. Pues, ¿qué necesidad hay, salvo alguna absoluta urgencia, de que los “garantes”, por tener que morir, deshagan sus promesas o bien de que la nueva estirpe salga torcida? Pues dice el Señor: “Dejad que los niños vengan a mí y no se lo impidáis” (Mt 19, 14). Que vengan, pues, mientras se desarrollan, que vengan mientras aprenden y sean instruidos cuando vienen. ¡Que se hagan cristianos cuando están en condiciones de conocer a Cristo! Pues, ¿qué prisas tiene la edad inocente en la remisión de los pecados? Se actúa con mayor cautela en los asuntos del mundo. Y a quien no se le confían las cosas terrenas, ¿se le van a confiar las cosas divinas? Que sean ellos capaces de pedir la salvación y así parecerá que das algo al que pide»1Tertuliano, Sobre el bautismo, XVIII, 4-5 en Bautismo y catecumenado en la tradición patrística y litúrgica (una selección de textos), ed. Carlos Elorriaga (GRAFITE Ediciones, 1998), pp. 513-14..

Ahora bien, que en el citado pasaje Tertuliano no está negando el bautismo infantil, es evidente por varias razones:

  1. Aunque Tertuliano claramente prefiere el bautismo de adultos sobre el de los niños, sin embargo, él no condena este último. Su tono y lenguaje es de preferencia, como se puede interpretar de su expresión inicial de que «es más conveniente». Para Tertuliano, entonces, no se trata de bueno o malo, ni de correcto o incorrecto, ni de lícito o ilícito, sino de mejor o peor. Para él es mejor que un individuo sea bautizado de adulto que de niño. Además, es importante notar que esto es una preferencia personal de Tertuliano, la cual estaba contraponiendo a la costumbre común de la Iglesia de bautizar a los niños.
  2. Tertuliano no está condenando el bautismo infantil en sí mismo, sino que está alegando a favor de retrasar dicho bautismo, como es claro cuando dice que «es más conveniente retrasar la edad del bautismo»2En última instancia, para Tertuliano, el bautismo de adultos e infantes es el mismo bautismo cristiano, solo que celebrado en edades y tiempos diferentes, y, por consiguiente, uno más conveniente que el otro.. Hay una diferencia entre condenar el bautismo a los infantes y aconsejar su retraso. Esta costumbre de retrasar el bautismo de los niños luego se volvió común en el África romana (de donde era Tertuliano), y ello incluso hasta bien entrado el siglo IV. El mismísimo san Agustín relata que su madre Mónica retrasó su bautismo en la niñez por las siguientes razones: «Se difirió, en vista de ello, mi purificación [bautismo], juzgando que sería imposible que, si vivía, no me volviese a manchar y que el reato de los delitos cometidos después del bautismo es mucho mayor y más peligroso»3San Agustín, Confesiones I, 11, 17 en Obras completas de san Agustín, vol. II (BAC, 2013), pp. 24-25.. Sin embargo, no por esto el bautismo infantil fue condenado ni desapareció del África. El retraso del bautismo era un asunto de preferencia dejado a la libertad de los padres cristianos. Esto cambió cuando Agustín, como obispo, se opuso a esta costumbre de dilación y exhortó al pronto bautismo de los infantes4De baptismo parvulorum, III, 13, 22-23..
  3. El motivo de Tertuliano para retrasar el bautismo a los niños es su temor de que estos se tuerzan; es decir, que posteriormente, siendo jóvenes o adultos, se apartasen de la fe cristiana. Esto traería sobre ellos mayor condenación. Asimismo, su temor también es que los ‘garantes’ falten a sus ‘promesas’. Los garantes (sponsores) eran los padrinos de los niños, que hacían la profesión de fe por ellos en el bautismo. Si un niño luego se apartaba de la fe cristiana, esto podría traer peligros para los padrinos (¿un juicio divino quizá?). Mejor que se bauticen cuando «ellos sean capaces de recibir la salvación y así parecerá que das algo al que pide».
  4. De las palabras de Tertuliano se puede inferir que él creía que el bautismo de los niños era válido y eficaz; de hecho, precisamente por ello aconseja retrasarlo. El bautismo de los niños era igual o significaba el perdón de los pecados («¿Qué prisas tiene la edad inocente en la remisión de los pecados?»). Que un individuo se apartase de la fe luego de haber recibido esta remisión en la niñez, incrementaría su culpa y traería el juicio divino sobre él.
  5. Más que retrasar el bautismo, Tertuliano está aconsejando retrasar la conversión («¡Que se hagan cristianos cuando están en condiciones de conocer a Cristo!»). Para los cristianos antiguos como Tertuliano, el bautismo y la conversión estaban estrechamente ligados. Así que no es tanto el acto externo del bautismo lo que Tertuliano tiene en mente, sino principalmente la realidad espiritual ligada a este. Podríamos leer a Tertuliano así: «Es más conveniente retrasar la edad de la conversión».
  6. Finalmente, lo que preocupa a Tertuliano no es el bautismo infantil per se, sino la ligereza a la hora de bautizar. Esto es evidente del contexto del pasaje aquí tratado. En la sección anterior, dice que «quienes tienen el ministerio del bautismo no deben conferirlo demasiado a la ligera», basándose en una lectura de Lucas 6:30, Mateo 7:6 y, especialmente, 1 Timoteo 5:22: «No impongas a nadie las manos a la ligera y no te hagas partícipe de los pecados ajenos»5Sobre el bautismo, XVIII, 1.. Por esto luego dice: «Por consiguiente, según la condición y disposición de cada persona, es más conveniente retrasar la edad del bautismo, sobre todo si se ha de tratar de niños pequeños». Esto último sugiere que Tertuliano no solo tenía en mente el retraso del bautismo a los niños, lo cual él mismo confirma cuando más adelante añade: «Con mayor motivo debe decirse lo mismo de los no casados [que se retrase su bautismo], pues en ellos la tentación siempre está dispuesta. Pero también en lo que respecta a las vírgenes, que esperan la madurez, y en lo que se refiere a las viudas, que tienden a ir de un lado a otro (cf. 1 Tim 5, 13). Todos mientras se casan o fortalecen su continencia. Pues si comprenden la importancia del bautismo, tendrán más miedo de llegar a él que de su dilación. ¡Solo una fe íntegra consigue con seguridad la salvación!»6Sobre el bautismo, XVIII, 6.. ¡Sorpresa! Tertuliano no solo aconsejó retrasar el bautismo a los niños, sino también a los solteros y viudas. De esto se desprenden dos cosas: 1) Tertuliano no estaba ensañado con el bautismo infantil, ya que aplica el mismo retraso al bautismo de solteros y viudas. 2) Tertuliano aconsejaba el retraso del bautismo «según la condición y disposición de cada persona». Para él era un asunto circunstancial. Y, siguiendo este rigor circunstancial, identifica a los niños, los solteros y las viudas como los grupos más vulnerables para recibir el bautismo en su condición y disposición actuales. Este rigor circunstancial, por supuesto, siempre está abierto a excepciones, y no podemos negar absolutamente que el mismo Tertuliano las haya hecho. Pero volviendo al punto inicial, su preocupación no es el bautismo de los niños, solteros o viudas en sí mismo, sino la ligereza al bautizar. Él cree que bautizar a estos grupos es pecar de imprudencia, ya que en su condición y disposición no están listos para recibir el sagrado bautismo.

De las razones presentadas es evidente que Tertuliano no negó el bautismo a  los niños, sino que simplemente aconsejó su retraso, basado en lo que personalmente consideraba más conveniente. No obstante, el testimonio de Tertuliano sigue siendo importante para la historia del bautismo infantil. El suyo es el testimonio expreso más antiguo de la existencia de esta práctica bautismal en la Iglesia antigua del siglo II. Si unimos este testimonio al de otros cercanos como Ireneo, Orígenes y Cipriano, la universalidad e historicidad de la práctica se hace más que evidente. De hecho, que Tertuliano la aborde tan enérgicamente como algo que debería ser desusado, sugiere que esta era común al menos en el África y la iglesia de Cartago. 

Notas:

  1. Tertuliano, Sobre el bautismo, XVIII, 1 en Bautismo y catecumenado en la tradición patrística y litúrgica (una selección de textos), ed. Carlos Elorriaga (GRAFITE Ediciones, 1998), pp. 513-14.
  2. En última instancia, para Tertuliano el bautismo de adultos y el de infantes es el mismo bautismo cristiano, solo que celebrado en edades y tiempos diferentes, y, por consiguiente, uno más conveniente que el otro.
  3. San Agustín, Confesiones I, 11, 17 en Obras completas de san Agustín, vol. II (BAC, 2013), pp. 24-25.
  4. De baptismo parvulorum, III, 13, 22-23.
  5. Sobre el bautismo, XVIII, 1.
  6. Sobre el bautismo, XVIII, 6.

Estudiante de teología (Universidad Católica de Oriente). Editor de Irenismo Reformado y Agustinismo Protestante. Miembro de la Iglesia Presbiteriana 'Gracia y Verdad' (Medellín, Col).

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