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El católico reformado

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Hubo un tiempo en que los reformados no tenían miedo de llamarse a sí mismos ‘católicos’, sino que más bien usaban este término con orgullo. De hecho, su celo por el término era tanto que no lo concedían a sus oponentes romanistas. Un ejemplo de esto lo podemos ver en el teólogo reformado William Perkins (1558–1602), quien tituló uno de sus escritos El católico reformado. Allí Perkins define lo que es un católico reformado de la siguiente manera: 

«Por ‘católico reformado’ entiendo a cualquiera que sostiene los mismos artículos necesarios de la religión [cristiana] junto con la Iglesia de Roma; sin embargo, que a la vez desecha y rechaza todos los errores doctrinales por los cuales dicha religión [cristiana] es corrompida»1William Perkins, A reformed Catholike en Early English Books online..

Un católico reformado, entonces, es quien a la vez abraza las verdades y rechaza los errores que se encuentran en la Iglesia de Roma. Pero ¿por qué la definición de católico reformado es hecha en relación con la Iglesia de Roma? ¿No es esta una falsa Iglesia y, por lo tanto, no católica? Me parece que la realidad, nos guste o no, es que la Iglesia de Roma2Por ‘Iglesia de Roma’ quiero decir la sede episcopal de Roma y las iglesias particulares alrededor del mundo asociadas y sujetas a ella. fue en algún momento la Iglesia Católica (en un sentido visible e institucional), y aunque en la actualidad ya no lo es a causa de sus errores y corrupciones, en ella han permanecido y quedado varios tesoros y legados de la antigua Iglesia Católica de los cristianos primitivos, medievales y modernos tempranos. Estos tesoros y legados son los artículos fundamentales de la fe cristiana, tales como la doctrina de Dios, la Trinidad, Cristo, la creación, la providencia, el hombre, el pecado, la gracia, la Iglesia, los sacramentos, las últimas cosas, etc. Así que el católico reformado es uno que hereda y afirma estos mismos artículos, tal como se exponen generalmente en los antiguos credos y como los desarrollaron y explicaron los Padres y doctores medievales. Por esto el católico reformado no tiene miedo de estudiar a Agustín de Hipona o Tomás de Aquino, ni de profesar y recitar el Credo Apostólico (incluyendo la parte «creo (…) la santa Iglesia Católica»). Sostener, entonces, los artículos fundamentales legados por Roma, tal como los sostuvo la Iglesia Católica antigua, es lo que hace católico al reformado. 

Ahora bien, los errores y las corrupciones que Perkins tiene en mente son las que surgieron entre la misma Iglesia Católica antigua, especialmente en el final del periodo patrístico (600–800) y a lo largo del periodo medieval (800-1300), tales como una exacerbada veneración mariana, la misa (e. g., comunión bajo una especie, adoración de la hostia, etc.), la iconodulia (i.e., veneración a imágenes), el semipelagianismo, el purgatorio, la teoría de los méritos, las indulgencias, etc. El católico es reformado precisamente porque rechaza los diversos errores y corrupciones que se introdujeron en la Iglesia Católica antigua y que luego serían afirmados formalmente en el Concilio de Trento del siglo XVI, el cual también formalmente dio nacimiento a la Iglesia de Roma o el romanismo como una nueva corriente eclesiástica en oposición y distinta a la Iglesia Católica antigua y la Iglesia Católica moderna reedificada por los Reformadores. 

En conclusión, el católico reformado es alguien que preserva y restaura las muchas verdades de la Iglesia Católica antigua, sostenidas y legadas por la Iglesia de Roma, pero que a la vez rechaza los errores surgidos dentro de la Iglesia Católica antigua que luego fueron afirmados oficialmente por el incipiente romanismo. O de forma más directa: es quien se queda con la parte buena y grande de la Iglesia Católica, mientras que desecha la parte mala y pequeña. Por supuesto, esto último no es algo arbitrario. Debe haber tanto una interacción honesta y caritativa con la Iglesia Católica antigua, como un examen riguroso de la palabra de Dios, para determinar qué es lo bueno y qué es lo malo; o que se preserva y qué se desecha. Esto es precisamente de lo que se trató la Reforma, y hoy tenemos como legado de los reformadores la pura y sana doctrina católica. El católico reformado sabe que la iglesia o religión romanista actual ya no es formal y estrictamente la Iglesia Católica antigua, ya que, como dice Perkins, ella por sus errores y corrupciones, establecidos ahora como norma de fe, «está en contra de los principios católicos», por lo que más bien el católico reformado se aparta de ella. No obstante, el católico reformado reconoce y abraza a la Iglesia Católica antigua, y se une a ella, a través del tiempo y más allá de lo institucional, por medio de las verdades fundamentales de la fe cristiana.  

 

Estudiante de teología (Universidad Católica de Oriente). Editor de Irenismo Reformado y Agustinismo Protestante. Miembro de la Iglesia Presbiteriana 'Gracia y Verdad' (Medellín, Col).

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