Por qué creer en la virginidad perpetua de María

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La creencia en la virginidad perpetua de María es algo difícil de aceptar para algunos cristianos hoy, ya que esta tradición, según estas mismas personas, no puede probarse por la Biblia. «Si la Biblia no lo dice, no lo creo», es algo que se afirma con frecuencia. Sin embargo, en este artículo quiero mostrar que hay algunas tradiciones eclesiásticas que pueden ser creídas a pesar de que no se encuentran claramente en las Sagradas Escrituras. La virginidad perpetua es solo un ejemplo de este tipo de tradiciones. En Irenismo Reformado no tenemos un afán por convencer a las personas de esta tradición, ya que, como se explicará, creemos que es algo indiferente. Si se ha publicado sobre ello, y si aún se publica, es porque de forma extraña esta creencia ha estado relacionada en la historia con temas importantes como la Sola Scriptura y la tradición1Véase el artículo Zuinglio sobre la virginidad perpetua de María.. En el caso de este artículo la relacionaremos con la tradición eclesiástica, de tal modo que finalmente será un artículo más sobre la tradición que sobre la virginidad perpetua.

El teólogo reformado William Perkins2A Reformed Catholic VIII en The Works of William Perkins, vol. 7 (RHB, 2019). dice algo interesante, y quizás sorprendente para algunos, acerca de la tradición eclesiástica. Según él, en la tradición eclesiástica podemos hallar «muchas cosas buenas y verdaderas que no fueron escritas en las Escrituras». Estas son tradiciones que «llegaron a nosotros, o a nuestros ancestros, solo por la tradición». Él ofrece ejemplos de tradiciones judías que fueron creídas por los autores canónicos, como cuando «en la epístola de Judas se menciona que el diablo luchó con el arcángel Miguel por el cuerpo de Moisés, lo cual, considerando que no se encuentra en las Sagradas Escrituras, parece que el apóstol lo recibió por tradición de los judíos». Ciertamente, los autores bíblicos fueron inspirados y el Espíritu se aseguró de que conocieran y registraran como verdades estas tradiciones extrabíblicas. No obstante, Perkins también cree que en los autores eclesiásticos (principalmente los Padres de la Iglesia), «se registran muchos dichos dignos de los Apóstoles y otros hombres santos, y son recibidos por nosotros como verdad, los cuales, sin embargo, no se encuentran en los libros del Antiguo o Nuevo Testamento».

De estas tradiciones extrabíblicas en la Iglesia, Perkins menciona únicamente como ejemplo la tradición de que «la Virgen María vivió y murió siendo virgen». Como se sabe, esta tradición y creencia fue sostenida y defendida por Padres como Jerónimo3Jerónimo, uno de los cuatro grandes Padres latinos, la defendió en su De perpetua virginitate beatae Mariae (La perpetua virginidad de la bienaventurada María). y Agustín4Véase el artículo Agustín y la virginidad perpetua., los cuales estaban del lado de la tradición histórica y católica en cuanto a este asunto y en contra de la posición minoritaria de Elvidio5Elvidio (s. IV) fue un laico o seglar arriano que sostuvo que María tuvo unión sexual con José después del nacimiento de Jesús y, en consecuencia, que tuvo otros hijos. y los elvidianos. Ahora bien, que los Padres ortodoxos hayan sostenido y defendido esta tradición es suficiente para creerla. Ellos la recibieron como apostólica de las iglesias más antiguas y nos la transmitieron como tal. Esto es algo que algunos teólogos reformados afirmaron. Por ejemplo, Antonius Walaeus (1573-1639)6Walaeus fue teólogo y presidente del Sínodo de Dort.:

«La verdad de que María ha permanecido virgen, incluso después del parto, lo admitimos libremente, porque todas las iglesias antiguas lo testifican»7En su Enchiridion Religionis Reformatae, ad I..

También Francisco Turretini:

«Esto [la virginidad perpetua] no es expresamente declarado en la Escritura, pero aún así se cree piadosamente, con fe humana, por el consenso de la iglesia antigua»8Francis Turretin, Institutes of Elenctic Theology, vol. 2 (P&R Publishing, 1992–1997), p. 345..

En este sentido, el hecho de que la virginidad perpetua no pueda probarse por la Escritura, o al menos no claramente, no es un impedimento para aceptarla, ya que podemos abrazarla como una tradición común e histórica de la Iglesia antigua que fue heredada de los apóstoles. Por supuesto, esta tradición no es un artículo fundamental de la fe ni su negación ataca la ortodoxia. Por esto Perkins aclara que este tipo de tradiciones extrabíblicas no son necesarias para la salvación. De hecho, esta es nuestra diferencia con Roma en cuanto a las tradiciones extrabíblicas. Mientras que Roma hace de este tipo de creencias algo necesario para la fe y la ortodoxia, los teólogos reformados las ponían dentro de la categoría de cosas indiferentes; es decir, cosas que, ya sea que se afirmen o nieguen, no afectan la fe y ortodoxia de un individuo. Cuando se habla de las cosas necesarias para la salvación, se habla de las creencias fundamentales que solo se encuentran en las Escrituras. Como dice Perkins:

«Sostenemos que las Escrituras son perfectísimas, conteniendo en ellas todas las doctrinas necesarias para la salvación, ya se refieran a la fe o a las costumbres; y, por lo tanto, no reconocemos las tradiciones fuera de la palabra escrita que sean necesarias para la salvación, de modo que quien no las crea, no pueda salvarse».

A pesar de lo explicado, puede que alguien aún sea escéptico en cuanto a abrazar una tradición extrabíblica. ¿Significa esto que debemos abrazar sin discernimiento cualquier tradición extrabíblica solo porque la tradición histórica y católica la ha sostenido? ¿Qué pasa si la tradición se equivoca y sostiene algo antibíblico? Perkins nos brinda un principio que será útil y clave a la hora de abrazar las tradiciones extrabíblicas:

«Sostenemos muchas cosas no escritas en la palabra, si es que no están en contra de la palabra».

Es decir, podemos abrazar creencias halladas en la tradición si estas no se oponen a doctrinas de la Escritura. Y si se oponen, obviamente debemos rechazarlas. En última instancia todas las tradiciones extrabíblicas deben pasar por el examen de la palabra de Dios. En el caso de la virginidad perpetua, creo que una evaluación de esta tradición por las Escrituras mostrará que están en consonancia, ya que algunos hechos de los evangelios (como el que Jesús fuese hijo único) solo tienen sentido si María fue siempre virgen. 

Estudiante de teología (Universidad Católica de Oriente). Editor de Irenismo Reformado y Agustinismo Protestante. Miembro de la Iglesia Presbiteriana 'Gracia y Verdad' (Medellín, Col).

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