No ofrendar a la Iglesia es desagradable a Dios

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En este breve artículo me gustaría ilustrar de forma concisa un principio que de forma implícita se encuentra en la tradición reformada1La postura de la ortodoxia reformada puede verificarse en la compilación de Travis Fentiman y R. Andrew Myers en Tithes and Offerings. en el tópico de diezmos y ofrendas. Esto lo hago con el fin de ofrecer un aporte para la reflexión de un gran numero de cristianos desorientados en cuanto la practica de ofrendar a la Iglesia.

Los reformadores y la mayoría de teólogos del periodo de la ortodoxia reformada entendieron dos cosas:

  1. La instituciones religiosas de los diezmos no continúan en la Iglesia.
  2. Estamos obligados moralmente a ofrendar de forma sistemática para el mantenimiento de la Iglesia y sus servidores.

Dentro de los argumentos que ellos presentan para el segundo punto, quiero resaltar un principio que se encuentra implícito en sus escritos. Este es un principio que, por ejemplo, podemos ver en el reformador Pedro Mártir Vermigli al abordar la cuestión del diezmo y las ofrendas. El dice:

«Primero debemos entender que los diezmos en la antigüedad pertenecían a las ceremonias, y ello tanto en Melquisedec como en los levitas; porque en cualquiera de los sacerdocios se referían a Cristo, y cualquiera de los sacerdocios era en realidad una figura de Cristo (…) ¿Pero qué significaban los diezmos en cualquiera de los sacerdocios? Verdaderamente no significaban otra cosa que el hecho de que a los antiguos patriarcas les correspondía reconocer que todo lo que tenían venía de Cristo. Por esa ceremonia, el pueblo adoraba a Cristo mismo»2Vermigli, Peter Martyr – Part 4, ch. 1, section 18 ff. in Common Places, pp. 235-45 ToC 1583..

Esas breves palabras del Reformador, aplicadas a la institución religiosa de los diezmos, nos recuerdan el principio por el cual hoy estamos moralmente obligados a ofrendar sistemáticamente a la Iglesia. ¿Obligados a ofrendar sistemáticamente? Sí, pero como dice Vermigli: «No por la ley ceremonial, sino por la ley moral». Ofrendar sistemáticamente es ofrendar conforme a una modalidad de pago ya sea semanal, quincenal o mensual. 

El principio implícito es: «…a los antiguos patriarcas les correspondía reconocer que todo lo que tenían venía de Cristo»; es decir, que nuestras ofrendas a la Iglesia son parte de nuestra relación con Dios providente. Como cristianos reconocemos que somos sus discípulos (Hechos 11:26), adquiridos por su sangre (Hechos 20:28), y por ser propiedad suya, le debemos adoración, o sacrificios espirituales de gratitud, por la inmensidad de las cosas que nos ha provisto.

Si tenemos talentos y habilidades para ciertas labores es porque Él nos las ha otorgado y ejercemos esos talentos y habilidades en trabajos remunerados para su gloria, sosteniendo la Iglesia y dando a los más necesitados, porque esto es agradable a nuestro Señor Cristo (cf. Hechos 20:35). Por esto debemos forjar consciente y constantemente la costumbre de usar nuestros ingresos para glorificarlo. ¿O el fin principal del hombre no aplica al dinero? Dios, por medio de la Iglesia, nos amamanta, educa, disciplina y recibe cuando nos extraviamos, así que el dar sistemáticamente es agradecimiento, lealtad y devoción para con Dios. Es un reconocimiento de que le debemos el mantenimiento de su adoración publica y el sostenimiento de sus ministros (1 Corintios 9:9; 13-14).

Por estas razones, no ofrendar es creer que los frutos de nuestros trabajos son el resultado de nuestros méritos y no de la gracia divina que concede esos méritos. No ofrendar a la Iglesia es glorificarnos a nosotros mismos; por lo tanto, es desagradable a Dios.

Estudiante de teología y fundador/administrador de Agustinismo Protestante. Lcdo. en Gerencia de Recursos Humanos, profesión que aún desempeña. Ministro de la comunidad católica reformada ICCRV (Maracaibo, Venezuela).

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