Consejos de un estudiante de teología a otro

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En esta publicación brindo algunos consejos para el típico y nuevo estudiante de teología. Estas son cosas que he aprendido de mi experiencia, de mis conversaciones con otras personas y de mis lecturas. Como bien señala el título, estos son consejos de un estudiante a otro. No escribo aquí como un teólogo ‘hecho y derecho’, sino como un estudiante de teología que ha cometido todos los errores descritos aquí y que aún lucha por no cometerlos. Tampoco presento estos consejos como definitivos. Sé que algunos podrían ampliarse y otros nuevos podrían agregarse. Aquí simplemente presento consejos variados y prácticos que para mí son pertinentes en nuestro contexto. En fin, oro y deseo que estos consejos sean de edificación para quien los lea. 

  • Ora. La oración es importante en el estudio teológico para la contemplación y comprensión intelectual y espiritual de las verdades teológicas estudiadas. Como dice Agustín a los estudiosos de las Escrituras: «Oren para que entiendan» (La doctrina cristiana III, XXXVII, 55).
  • Lee diligentemente las Sagradas Escrituras. Esto es bastante obvio, ya que, como dice Tomás de Aquino, la revelación divina es el fundamento de la doctrina sagrada (Summa, Ia, c. 1, art. 2). No se puede estudiar teología sin leer las Escrituras. Un verdadero estudiante de teología será «el que las hubiere leído íntegramente y las tenga presentes, si no en la memoria, a lo menos con la constante lectura» (Agustín, La doctrina cristiana II, VIII, 12). Tolle lege, tolle lege, tolle lege.
  • Estudia las Escrituras con los Padres. Cuando se estudia la Biblia junto con los comentarios de los Padres se capta mejor el espíritu con el que escribieron los profetas y apóstoles, ya que ellos supieron interpretarlo y transmitirlo mejor que nadie. Por esto no importa cuántos comentarios nuevos aparezcan, los comentarios patrísticos son irreemplazables. No por nada Tomás de Aquino recopiló comentarios patrísticos a los evangelios en su Catena Aurea; y por algo Juan Calvino en su exposición de la Escritura se apoya más en los comentarios de los Padres que en los comentaristas de la Edad Media y la misma Reforma.
  • Estudia a los Padres, en especial a Agustín. Lee los tratados teológicos de los Padres. De ellos aprenderás la doctrina ortodoxa de Dios, la Trinidad, la persona de Cristo, la Iglesia, los sacramentos, etc., así como cosas muy útiles para tu vida (del matrimonio, la castidad, las virtudes, las buenas obras, los ejercicios espirituales, etc.) y para la iglesia (de la predicación, la disciplina, la liturgia, consejería, etc.). Agustín, por supuesto, es el Padre que más se destacó por su producción y aporte teológico, así que es necesario para un estudiante de teología adentrarse en la teología agustiniana, o al menos familiarizarse con ella (lo cual va a requerir más que una mera lectura de las Confesiones). Después de la patrística prácticamente todos los teólogos en occidente bebieron de Agustín, ya sea porque fueron entrenados en una escuela agustiniana específica, o porque lo leyeron directamente, o porque lo recibieron por otro autor. Un estudiante de teología que no beba directa o indirectamente de Agustín será un teólogo con carencias. 
  • Empieza por los tópicos fundamentales. Un error común es iniciarse en el estudio de la teología por el final y no precisamente por el comienzo. No puedes ser un ‘experto’ en premilenealismo, amilenialismo y posmilenialismo pero no dominar un tópico primario como la doctrina de Dios. Hay una razón por la que el tópico de escatología se encuentra en la parte final de la mayoría de las dogmáticas, y no es solo porque trate sobre las ‘ultimas cosas’, sino porque para su correcta comprensión es necesario comprender primero los tópicos fundamentales de la ciencia teológica (Dios, la revelación, Cristo, el hombre, la creación, el pecado, la providencia, la salvación, los pactos, la iglesia, etc.). Estudiar eso va a tomar mucho tiempo, por lo que, mientras tanto, cuando te pregunten cosas rebuscadas de escatología tendrás que aprender a decir ‘no sé’. Otro error aquí es empezar a estudiar teología inmiscuyéndose en temas complejos y avanzados con respecto a la predestinación y otros misterios, o adentrándose en temas muy específicos como la historia de Israel, las costumbres judías, los géneros literarios, las tipologías, las profecías, etc. Empieza por lo básico y general, pero que a la vez es sumamente profundo: ¿Qué es Dios? Dice un biógrafo que esta era la pregunta que más hacía el niño Tomás de Aquino a su maestro (Quid est Deus?).
  • Busca un patrón teológico. Con esto me refiero a que busques un teólogo ortodoxo de tu preferencia que sea para ti un maestro y guía en el estudio de la teología. Estudia a profundidad su pensamiento y sigue todos los buenos consejos que te brinde para progresar en el estudio teológico. Esto no significa que no puedas leer a otros teólogos; solo significa que concentrarás la mayor parte de tu atención en un teólogo particular. En mi caso Agustín ha sido mi patrón teológico. Esto me ha llevado a conocerlo de forma más íntima a través de sus escritos, leyendo sus cartas, sermones, tratados, biografía, autobiografía y sus textos de metodología teológica. 
  • Aprende idiomas teológicos. En español se pueden encontrar muchos escritos de los Padres, y algunos de los escolásticos medievales, pero para leer a los reformadores y escolásticos reformados en ediciones modernas es necesario dominar otros idiomas como el inglés, francés, alemán y holandés. De estos la apuesta más fácil es el inglés, ya que en tu localidad con seguridad hay alguna academia. Si no la hay, o es muy costoso, esfuérzate en aprender este idioma por ti mismo. Aunque aún hay muchos recursos por traducir al inglés, sin duda quien domine este idioma tendrá un acceso mayor a obras teológicas importantes. Como ‘bonus’ esto también te evitará tener que leer obras traducidas del inglés de traducción cuestionable y dudosa. Además de los idiomas mencionados, obviamente sería grandioso aprender lenguas como el hebreo, griego y latín, o al menos dominar lo básico de ellas, de modo que no te asustes cuando te topes con algún término. Ahora, quiero aclarar que al recomendar estos idiomas y lenguas  no quiero decir que debas aprenderlos al mismo tiempo, o que debas aprenderlos todos a fin de ser algún día un ‘teólogo de verdad’. Ve a tu ritmo, según los recursos y las oportunidades que Dios te provea por su providencia. Si solo puedes aprender un idioma (digamos que inglés), no hay razón para desanimarse. Más bien asegúrate de dominarlo muy bien. Es más respetable alguien que se dedica al estudio de un idioma y lo llega a dominar ampliamente, que alguien que siempre está ‘aprendiendo’ varias lenguas e idiomas y finalmente nunca las aprende. 
  • No te dejes guiar por la curiosidad. La curiosidad es el peor guía para el estudio teológico, ya que al final no te lleva a ningún lado. En el estudio teológico la curiosidad luce así: un día consultas lo que dice Calvino sobre la frecuencia de la Cena, otro día escuchas algo sobre apologética, luego miras un debate sobre el bautismo de infantes y más tarde lees un artículo donde explican cierta interpretación del Apocalipsis. El curioso, en un tiempo muy corto, salta de tema en tema sin ninguna profundización. Lo mismo ocurre con la lectura de libros. La curiosidad te lleva a leer X libro, pero ya cuando vas por el segundo capítulo lo dejas por uno nuevo que te llama más la atención. El remedio para la curiosidad es la estudiosidad. La curiosidad es aprender por el mero hecho de saber cosas, mientras que la estudiosidad es aprender para adquirir sabiduría. La estudiosidad es disciplinada y enfocada. Esta se centra, por el tiempo necesario y con la reflexión necesaria, en un autor o tema en particular hasta dominarlo.
  • Lee y relee. La relectura es fundamental en la lectura; de hecho, podría decirse que si no relees no has leído. En lugar de pasar rápidamente por un párrafo y saltar al siguiente, es mejor que te detengas, lo leas nuevamente y reflexiones sobre lo leído. Ciertamente, hacer esto te costará más tiempo, ¿pero de qué sirve leer apurado y no aprender nada? En última instancia es la lectura rápida lo que te hace perder el tiempo, ¡ya que en primera instancia no aprendiste nada!
  • Lee literatura teológica a tu nivel. No leas teólogos y obras que en este momento no puedes digerir. No aprenderás mucho y terminarás frustrado y desanimado. Todos sabemos en qué nivel estamos, es solo cuestión de reconocerlo. Una vez que lo reconozcas, busca teólogos y obras que estén a tu nivel teológico pero que al mismo tiempo te hagan progresar. En lugar de leer la Ciudad de Dios de Agustín, lee sus Confesiones, sermones, enarraciones sobre los salmos y tratados teológicos y morales. En lugar de leer a Owen, Witsius, Voetius, à Brakel, Heidegger y Turretini, lee a Lutero, Zuinglio, Bullinger, Calvino, Melanchthon, Vermigli, Ursino y Perkins. Lee las confesiones, los credos y los catecismos. Lee comentarios a estos documentos y comentarios de los libros canónicos, el decálogo y el Padrenuestro. Lee introducciones sistemáticas a la teología. Lee investigadores actuales que te puedan guiar a todos estos teólogos y documentos. 
  • No asumas nada de un personaje teológico. Al estudiar un teólogo no asumas cosas sobre ese teólogo. O más bien asume que no sabes nada acerca de él, e incluso cuestiona aquellas cosas que con seguridad ya crees saber de él. ¡Cuestiona todo! Ábrete completamente a ese teólogo y convéncete de cualquier cosa por lo que él mismo te diga. Especialmente haz esto con aquellas cosas que crees saber y que te alarman de cierto teólogo. Por ejemplo, vas a investigar el bautismo en Agustín y ya sabes que él enseña la ‘regeneración bautismal’ (sea lo que sea eso). Aquí cuestiónate si Agustín creía esto y procede a demostrarte lo que él creía mediante el estudio objetivo y honesto del mismo Agustín. En este caso descubrirás que no creía tal cosa.
  • Ve a las fuentes. Cuando leas sobre cualquier teólogo o tema consulta siempre las fuentes. Nunca des nada por sentado. Nunca creas algo solo porque cierto investigador o teólogo famoso y respetado lo dijo. Ni siquiera confíes en los grandes teólogos del pasado. Ellos de vez en cuando referenciaban mal un pasaje de la Escritura o una frase de un Padre. ¡A veces incluso citaban frases espurias! O peor aun, ¡a veces podían interpretar mal a otro autor! Aquí puede ser muy útil leer ediciones críticas hechas por investigadores modernos (evita leer ediciones cuestionables en la web). Ad fontes, ad fontes, ad fontes.
  • Sé humilde. Aprende a decir ‘no sé’. Esta es una de las cosas más difíciles, ya que cuando alguien te hace una pregunta quieres dar una respuesta para no quedar como un ignorante frente a esa persona o un grupo de hermanos o amigos. Al menos sé que yo lo he hecho. La realidad es que no lo sabes todo y no tienes una respuesta para todo. 
  • No debatas en las redes. Por experiencia todos sabemos que los debates virtuales y públicos suelen ser inútiles. Y no solo eso, también generan muchas enemistades por la típica hostilidad que se expresa. Mejor busca hermanos y amigos cercanos con los que puedas compartir y discutir de teología de forma presencial o virtual. Crea espacios para ello. Ya sea en un café, una casa, una iglesia, un grupo de WhatsApp o una videollamada.
  • No compartas compulsivamente tu investigación teológica en las redes. Hay una actitud infantil que se suele ver y es la del típico estudiante de teología que comparte y comenta todo lo que está estudiando y descubriendo. Digo infantil porque es similar a la actitud del niño que quiere mostrarle a sus amigos su nuevo juguete. Aun si tu intención no es alardear de lo que sabes, es probable que esto sea una señal de que seas teológicamente inmaduro, ya que detrás de la compulsividad siempre hay poca reflexión y profundidad. Creo que esto lo hemos hecho todos los que estudiamos teología y usamos redes sociales. Generalmente, lo que ocurre es que leemos algo que nos parece asombroso y corremos a compartirlo con el mundo entero (¡todo el mundo debe saberlo!). En lugar de esto, detente a reflexionar en lo leído, digiérelo con cuidado (esto a veces puede tomar días o semanas) y entonces compártelo. Aun así te sugiero que pienses bien en qué lugar de las redes lo vas a compartir. Quizás la ‘historia’ de WhatsApp no es el mejor lugar, ya que no creo que tu tía sepa quién es Johannes Cocceius y qué es la alta ortodoxia. Probablemente tampoco sea tu muro de Facebook, ya que a tu amigo del colegio no le interesa saber qué es lo que dice Aquino sobre si Cristo tiene una voluntad sensible además de la racional. No estoy en contra de compartir cierto material teológico en estos lugares, solo trato de decir que debemos ser sabios y discernir si es adecuado para nuestra audiencia lo que compartiremos. Compartir material teológico en lugares donde sabemos que no será aprovechado podría ser un indicador de que estamos ensimismados en nosotros mismos. Es decir, nuestras redes se convierten en nuestro escenario, en el que ofrecemos un monólogo donde estamos contando a otros lo que sabemos con el solo propósito de expresarnos, o peor aún, en el que solo estamos hablando con nosotros mismos. En fin, al investigar, luego de la debida reflexión, comparte tus hallazgos en un lugar donde sabes que otros serán realmente beneficiados así como tú, y donde hayan personas que estén a tu mismo nivel teológico. 
  • No compres libros compulsivamente. La compra compulsiva de obras teológicas es tan común que se ha vuelto aceptada, y hay quienes incluso la enarbolan con orgullo como una muestra de su ‘amor por los libros y la teología’. Pero un libro no se ama cuando se compra, sino cuando se lee y disfruta, y la teología se ama cuando se asienta en la mente y el corazón, no cuando se pone en una biblioteca. Por lo general esta compra compulsiva de libros está ligada a la curiosidad ya mencionada, lo cual explica por qué finalmente no lees todos esos libros que compras. Mi recomendación es que compres un libro, lo leas y entonces compres otro que vayas a leer inmediatamente. Esta práctica estricta te ayudará a mantenerte alejado de la compra compulsiva, la cual turba el espíritu y el bolsillo. Entiendo que hay casos en que compres un libro porque está a punto de agotarse o está en descuento, pero estos deberían ser casos excepcionales. No busques locamente descuentos de libros que hoy no necesitas y que sabes que probablemente nunca leerás. También entiendo que adquieras un libro para consulta, pero asegúrate de que realmente sea para consulta. Muy seguido nos engañamos con estas excusas para seguir alimentando nuestro deseo avaricioso de comprar más y más libros por el solo placer de poseerlos.

Estudiante de teología (Universidad Católica de Oriente). Editor de Irenismo Reformado y Agustinismo Protestante. Miembro de la Iglesia Presbiteriana 'Gracia y Verdad' (Medellín, Col).

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3 Responses
  1. Alvaro Davalos

    Muchas gracias por estos consejos. No hay duda que he caído en estos errores. Por otro lado, yo recién estoy entrando a considerar la teología. ¿Habrá algún material que me recomiendes para iniciar?

    Muchas gracias nuevamente, espero su respuesta.

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