Las raíces patrísticas de la teología reformada (2): la Cena es un sacrificio

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Típicamente el estudiante o lector protestante de patrística al principio se sorprende con el lenguaje sacrificial de los Padres en relación con la Cena, el cual pareciera sugerir que ellos creyeron que la Cena es un sacrificio. Y efectivamente ellos lo creyeron, solo que no en el sentido que el típico estudiante o lector protestante de patrística asume.

Los Padres no creyeron en un sacrificio real y corporal de Cristo ofrecido por el ministro a Dios en la Cena, sino en un sacrificio espiritual y sacramental de la congregación, liderada por el ministro, que en la Cena conmemora y da gracias por el único sacrificio de Cristo en la cruz, lo cual fue también creído y sostenido por teólogos reformados como William Perkins1A Reformed Catholic XII en The Works of William Perkins, vol. 7 (Grand Rapids: Reformation Heritage Books, 2019).:

«La Cena del Señor es un sacrificio, y puede ser llamada así como lo ha sido en épocas anteriores». 

De hecho, Perkins va más allá y reconoce, con tono de aprobación, todo el lenguaje sacrificial usado por los Padres en relación con la Cena, como el llamar ‘sacerdotes’ a los ministros o a la mesa un ‘altar’:

«Los antiguos Padres han llamado al sacramento un sacrificio incruento; y a la mesa, un altar; a los ministros, sacerdotes; y a toda la acción una oblación no a Dios sino a la congregación, y no solo por el sacerdote sino por todo el pueblo. Un canon de cierto Concilio dice: Decretamos que en cada día del Señor se ofrezca la oblación del altar de cada hombre y mujer, tanto por el pan como por el vino. Y Agustín dice que las mujeres ofrecen un sacrificio en el altar del Señor, a fin de que sea ofrecido por el sacerdote a Dios (Epist. 122). Y usualmente en los antiguos escritores la comunión de todo el cuerpo de la congregación es llamada el sacrificio u oblación».

Pero Perkins no aprueba este lenguaje sacrificial de los Padres sin razón. Él explica que la Cena fue llamada ‘sacrificio’ por ellos por las siguientes tres razones:

I. Porque es un memorial del verdadero sacrificio de Cristo en la cruz, y contiene además una acción de gracias a Dios por el mismo, cuya acción de gracias es el sacrificio y fruto de nuestros labios (Hebreos 13. 15).

II. Porque cada comulgante se presenta allí en cuerpo y alma como un sacrificio vivo, santo y agradable a Dios. Porque así como en este sacramento Dios nos da a Cristo, con sus beneficios, así nosotros nos entregamos a Dios como siervos para caminar en la práctica de toda obediencia debida.

III. Se llama sacrificio en relación con lo que se unía al sacramento, esto es, las limosnas dadas a los pobres como testimonio de nuestra gratitud a Dios.

Por estas razones, entonces, la Cena era llamada un sacrificio por los Padres, y por las mismas razones puede ser llamada así por nosotros. Como protestantes, y especialmente como reformados, podemos heredar y usar legítimamente este lenguaje sacrificial de los Padres sin escandalizarnos. Por supuesto, siempre y cuando lo usemos en el sentido correcto y con las razones de Perkins en mente. 

Estudiante de teología (Universidad Católica de Oriente). Editor de Irenismo Reformado y Agustinismo Protestante. Miembro de la Iglesia Presbiteriana 'Gracia y Verdad' (Medellín, Col).

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