El lenguaje causal y la autoría de las Escrituras

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El lenguaje causal en tiempos de la escolástica protestante llegó a ser un recurso importante y esclarecedor en los debates sobre la Sagrada Escritura. Con las distinciones provistas por este lenguaje causal, temas como los atributos, la autoría y la inspiración de las Escrituras recibieron un nuevo aire. Ahora los posreformadores podían hablar en términos mucho más precisos y claros para refutar los argumentos de la contrarreforma sin salirse de la línea que ya habían trazado los reformadores. 

Definido de manera sencilla, el lenguaje causal utiliza las categorías aristotélicas de causas (eficiente, material, formal y final) para explicar la existencia de algo en sí mismo o de un aspecto específico de su existencia. Es en este sentido que, cuando hablamos de la causa formal y eficiente de un objeto, nos referimos a cosas diferentes. Con la formal nos referimos a aquello que un objeto es (su naturaleza o forma); pero ‘forma’ aquí no debe entenderse como el aspecto exterior del objeto, sino como su naturaleza. Por ejemplo, si habláramos de una estatua de Juan Calvino, su causa formal sería ser Calvino. Con la eficiente nos referimos a quien creó o produjo la estatua. Al traerla al debate de las Escrituras, entonces, la causa eficiente responde quién produjo las Escrituras. En este artículo trataremos específicamente sobre la causa eficiente de las Escrituras tal como la define Franciscus Gomarus (1563-1641), o Francisco Gomar, en su Disputationes1Franciscus Gomarus, Disputationes II, xii-xiv..

Según el Dr. Richard Muller, para Gomar «la causa eficiente de la Escritura es doble: su autor [Dios] y sus ministros o asistentes [los escritores inspirados]»2«The efficient cause of Scripture is twofold: its author and his ministers or assistants (auctor, & ministri illius)» Richard Muller, Post-Reformation Reformed Dogmatics, vol. 2, 4.1, A.2 (Baker Academic, 2003).. Dios y los escritores inspirados, entonces, son los autores de la Escritura. Luego de identificar a los autores de la Escritura, Gomar señala que, aunque ambos tienen relación y comparten la autoría de los libros sagrados, no son autores en el mismo sentido. Para Gomar, y para toda la tradición cristiana, Dios es autor en un sentido primario y los escritores inspirados en uno secundario. Esta diferencia corresponde a la distinción escolástica medieval de auctor primarius Scripturae sacrae (autor primario de la Sagrada Escritura)3Tomás de Aquino, Summa Theologiae I, Q. 1, A. 10. Aquino también menciona esta distinción en Quodlibet VII, Q. 6, A. 3., cuyo uso también puede encontrarse en la tradición reformada. Este término, según Muller, «reconoce que los escritores humanos de la Escritura son autores solo en un sentido secundario, ya que el mandatum scribendi [mandato o impulso a escribir] viene de Dios»4«…the term recognizes that the human writers of Scripture are authors only in a secondary sense, insofar as the mandatum scribendi comes from God» Richar Muller, Dictionary of Latin and Greek Theological Terms (Baker Academic, 1995)..

De acuerdo con Muller, Gomar identifica la autoría de las Escrituras de la siguiente manera:

«El autor es Dios Padre (Hebreos 1:1; Lucas 1:70); el Hijo (1 Pedro 1:11), y el Espíritu Santo (2 Pedro 1:21) (…) Los asistentes (ministri) son, sin duda, hombres santos, movidos por Dios, llamados inmediatamente por él y por el Espíritu Santo, instruidos en teología, y con ese fin, enseñados y dirigidos a ponerla en palabras y a enseñarla para el bien general de la iglesia (He. 1:1; 2 P. 1:21; 3:2; 2 Ti. 3:16; Jn. 14:16; 16:13)»5«The author is God the Father (Heb. 1:1; Lk. 1:70); the Son (1 Pet. 1:11); and Holy spirit (2 Pet. 1:21) (…) The assistants (ministri) are, to be sure, holy men, moved by God, called immediately by him and by the Holy Spirit, instructed in theology, and to that end, taught and directed to put it into words and teach it for the general good of the church (Heb. 1:1; 2 Pet 1:21; 3:2; 2 Tim 3:16; Jn. 14:16; 16:13)» Richard Muller, Post-Reformation Reformed Dogmatics, vol. 2, 4.1, A. 2; y Disputationes II, xii-xiv..

Aquí la diferencia se hace más evidente. El Dios Trino es el autor primario, quien mueve, llama, instruye y dirige a los escritores inspirados. Los ministros son los autores secundarios y, en un sentido, instrumentales, los cuales son movidos, llamados, instruidos y dirigidos a poner las palabras de Dios por escrito. Gomar hace uso de este lenguaje causal y de la distinción escolástica mencionada para señalar que la autoridad y divinidad de la Escritura corresponden a su autoría primaria. Es decir, dado que su autor primario es Dios, la Escritura tiene como atributos su autoridad y divinidad y, por consiguiente, es considerada un escrito divino; o, para decirlo de otra manera, es la Palabra de Dios. 

Aunque a algunos oídos el lenguaje causal sea algo que suene más a filosofía que a teología, este no era una novedad para la escolástica protestante. Según nos cuenta Muller, los escolásticos protestantes fueron a «la tradición escolástica medieval y a las obras de los Reformadores» para tomar la noción de causalidad y las distinciones que de ella provienen. Así que realmente no hacían nada nuevo. Muller escribe que ellos recibieron de los maestros medievales «la definición de Dios como el auctor principalis sive primarius Scripturae y de los seres humanos (los profetas y los apóstoles) como autores o instrumentos secundarios. De los Reformadores no recibieron ningún lenguaje nuevo, pero sí encontraron confirmación del punto en la repetida identificación de la Escritura como la Palabra de Dios, como dada por Dios y, como Calvino podría decir, producida por el Espíritu mediante el ‘dictado’6Para el lector moderno esto último puede sonar a inspiración mecánica, pero al hablar de Dios como autor primario, y de sus ministros como asistentes, lo que se pone de relieve es el carácter dinámico y dual de la revelación divina. La inspiración entendida por los reformadores y escolásticos protestantes dista mucho de una inspiración mecánica, pero también de una simple inspiración orgánica. Para ellos la inspiración divina es mucho más que una simple generalización técnica como ‘mecánica’ u ‘orgánica’. En ocasiones Dios dicta directamente sus palabras al escritor; mientras que en otras ocasiones el autor bíblico escribe como por cuenta propia, siendo movido secretamente por Dios, así como la causa primaria mueve a una secundaria. a los ‘amanuenses’ humanos»7«In describing this causality, the Protestant scholastics looked both to the medieval scholastic tradition and to the works of the Reformers. From the medieval teachers they received the definition of God as the auctor principalis sive primarius Scripturae and of human beings, the prophets and the apostles, as secondary authors or instruments. From the Reformers they received no new language, but they did find confirmation of the point in the repeated identification of Scripture as God’s Word, as given by God and, as Calvin could say, produced by the Spirit “dictating” to human “amanuenses”» Richard Muller, Post-Reformation Reformed Dogmatics, vol. 2, 4.1, A.1.

El lenguaje causal, junto con la distinción escolástica presentada, alivia la tensión entre la autoría divina y humana mostrando cómo la causa eficiente primaria del texto sagrado es Dios mismo como el primer motor. Esto es un ejemplo de cómo los teólogos protestantes no tenían miedo de usar categorías filosóficas para explicar diferentes cuestiones teológicas y con el fin de evitar las tensiones que se generan cuando se usa un lenguaje simple. 

Notas

  1. Franciscus Gomarus, Disputationes II, xii-xiv.
  2. «The efficient cause of Scripture is twofold: its author and his ministers or assistants (auctor, & ministri illius)» Richard Muller, Post-Reformation Reformed Dogmatics, vol. 2, 4.1, A.2 (Baker Academic, 2003).
  3. Tomás de Aquino, Suma de Teología I, c. 1, art. 10.
  4. «…the term recognizes that the human writers of Scripture are authors only in a secondary sense, insofar as the mandatum scribendi comes from God» Richar Muller, Dictionary of Latin and Greek Theological Terms (Baker Academic, 1995).
  5. «The author is God the Father (Heb. 1:1; Lk. 1:70); the Son (1 Pet. 1:11); and Holy spirit (2 Pet. 1:21) (…) The assistants (ministri) are, to be sure, holy men, moved by God, called immediately by him and by the Holy Spirit, instructed in theology, and to that end, taught and directed to put it into words and teach it for the general good of the church (Heb. 1:1; 2 Pet 1:21; 3:2; 2 Tim 3:16; Jn. 14:16; 16:13)» Richard Muller, Post-Reformation Reformed Dogmatics, vol. 2, 4.1, A.2; y Disputationes II, xii-xiv.
  6. Para el lector moderno esto último puede sonar a inspiración mecánica, pero al hablar de Dios como autor primario, y de sus ministros como asistentes, lo que se pone de relieve es el carácter dinámico y dual de la revelación divina. La inspiración entendida por los reformadores y escolásticos protestantes dista mucho de una inspiración mecánica, pero también de una simple inspiración orgánica. Para ellos la inspiración divina es mucho más que una simple generalización técnica como ‘mecánica’ u ‘orgánica’. En ocasiones Dios dicta directamente sus palabras al escritor; mientras que en otras ocasiones el autor bíblico escribe como por cuenta propia, siendo movido secretamente por Dios, así como la causa primaria mueve a una secundaria.
  7. «In describing this causality, the Protestant scholastics looked both to the medieval scholastic tradition and to the works of the Reformers. From the medieval teachers they received the definition of God as the auctor principalis sive primarius Scripturae and of human beings, the prophets and the apostles, as secondary authors or instruments. From the Reformers they received no new language, but they did find confirmation of the point in the repeated identification of Scripture as God’s Word, as given by God and, as Calvin could say, produced by the Spirit “dictating” to human “amanuenses”» Richard Muller, Post-Reformation Reformed Dogmatics, vol. 2, 4.1, A.1.

Profesor de la Escuela Bíblica Nueva Providencia. Miembro de la Iglesia Presbiteriana Reformada 'Gracia y Verdad' (Medellín, Col).

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