Zuinglio sobre la virginidad perpetua de María

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El reformador suizo Ulrico Zuinglio (1484-1531) fue un firme creyente de la virginidad perpetua de María y se encuentra entre los teólogos reformados que afirmaron esta creencia. Su adhesión a ella la expresa en varios lugares y la menciona en el contexto de discusiones cristológicas. Por ejemplo, vincula la concepción humana de Cristo con la virginidad perpetua:

«Creo que esta humanidad fue concebida de la virgen, alumbrada por el Espíritu Santo, y fue realizada mediante la preservación de su virginidad perpetua»1A Short and Clear Exposition of the Christian Faith, II, V, vol. 2 en The Latin Works and Correspondence of Huldreich Zwingli (Heidelberg Press: Filadelfia, 1929), pp. 113-114. Ed. Samuel Macauley Jackson y Clarence Nevin Heller. La traducción es mía..

En otro lugar confiesa que el Hijo asumió la carne de la siempre virgen María:

«Creo y entiendo que el Hijo asumió la carne, la naturaleza humana, ciertamente el hombre entero, consistiendo de cuerpo y alma, y que verdaderamente asumió de la inmaculada2La mención de Zuinglio de la inmaculada concepción puede resultar sorprendente; en su tesis doctoral sobre la literatura alemana mariológica de los siglos XV y XVI (Marias Verschwinden. Metaphorische Umgestaltung Marias in der Literatur Nürnberger de 15. und 16. Jahrhunderts und bei Luther, Munich, 2017), Julia Schmeer especifica que el rechazo a la mediación mariana de la gracia de Dios es unánime entre los reformadores, y fundamenta su crítica al culto mariano; sin embargo, esto no impidió que Zuinglio creyera que María estaba totalmente preservada del pecado; no la consideraba «en absoluto como una cristiana ordinaria, sino como un testigo exaltado de la gracia que Dios envía», concluye Christoph Burger, «Spätmittelalterliche und reformatorische Marienpredigten”, en J. Haberer, B. Hamm (ed.), Medialität, Unmittelbarkeit, Präsenz. Die Nähe des Heils im Verständnis der Reformation, Tübingen 2012, p. 125. Gracias a Arthur Laisis de Par la Foi por compartir este importante dato. y virgen perpetua María»3An Account of the Faith. vol. 2 en The Latin Works and Correspondence of Huldreich Zwingli (Heidelberg Press: Filadelfia, 1929), pp. 113-114. Ed. Samuel Macauley Jackson y Clarence Nevin Heller. La traducción es mía.

En una obra más dogmática, Zuinglio explica su razonamiento detrás de la creencia. Él piensa que lo más sensato es creer que María fue siempre virgen, ya que así no quedaría ninguna duda de que Cristo fue puramente concebido por el Espíritu Santo sin intervención de varón:

«Porque si la virgen hubiese concebido de la simiente de un hombre, ¿no hubiese sido contaminado el nacimiento? Y si una mujer que antes hubiese conocido a un hombre, lo hubiese concebido [a Cristo], incluso del Espíritu Santo, ¿quién hubiese creído que el niño que nació era del Espíritu Santo? Porque la naturaleza no conoce nacimiento que no esté manchado. Como se dice: “Fui formado en iniquidad, y en pecado me concibió mi madre” (Sal. 51:5). Por lo tanto, tenía que ser virgen, y también siempre virgen, aquella que daría a luz a aquel en quien no puede haber la menor sospecha de mancha»4Commentary on True and False Religion, I, 6, vol. 3 en The Latin Works and Correspondence of Huldreich Zwingli (Heidelberg Press: Filadelfia, 1929), pp. 113-114. Ed. Samuel Macauley Jackson y Clarence Nevin Heller. La traducción es mía..

Más adelante explica el fundamento bíblico de su creencia:

«Isaías (7:14) dice que que una virgen concebirá y dará a luz. ¿Qué hay de maravilloso en que una virgen concibiera? ¿Alguna vez concibió una mujer que no haya sido antes virgen, además de nuestra virgen? Pero lo poco común es que aquella que concibe y da a luz permanezca virgen. Nuestra virgen, entonces, permanece virgen, y permaneciendo virgen, es siempre virgen; de otra manera no permanecería virgen. Y esto lo indica finamente Ezequiel, diciendo (44:2): “Esta puerta será cerrada; no será abierta ni hombre alguno entrará por ella; porque el Señor, el Dios de Israel, ha entrado por ella; por lo tanto, será cerrada para el príncipe”»5Comentario sobre la verdadera y falsa religión I, 6..

Johann Eck (1486-1543), un polemista romanista y contemporáneo suyo, le echó en cara a Zuinglio que tratara de fundamentar la virginidad perpetua en la Escritura, ya que, según Eck, que María fue siempre virgen lo sabemos solo por la tradición y no por la Escritura:

«Zuinglio tiene razón cuando admite que María es perpetuamente virgen, pero él conoce esto, en contra de su propio principio6Este principio sería la sola Scriptura., únicamente por la tradición de la Iglesia, como también Bucero de Estrasburgo admitió en Berna, y no servirá como prueba para Zuinglio que en alguna parte cite a Isaías (7:14): “He aquí que la virgen concebirá y dará a luz un hijo”; porque con estas palabras del Profeta se prueba el nacimiento virginal, lo que también creía el hereje Helvidio, pero que ella permaneció virgen después del nacimiento de su hijo lo aprendemos de la autoridad de la Iglesia»7Refutation of the Articles of Zwingli by John Eck, Article I. vol. 2 en The Latin Works and Correspondence of Huldreich Zwingli (Heidelberg Press: Filadelfia, 1929), pp. 113-114. Ed. Samuel Macauley Jackson y Clarence Nevin Heller. La traducción es mía..

Para Eck sería una contradicción de parte de Zuinglio creer en la virginidad perpetua, ya que, según el principio de sola Scriptura, dice Eck: «Nada debe ser aceptado en la fe que no esté afirmado en pasajes claros de la Escritura». Pero esto era una mala representación del principio de sola Scriptura, según el cual, ciertamente, debemos creer lo que está afirmado expresamente en la Escritura, pero también lo que se puede deducir de ella por consecuencia necesaria.

Zuinglio estaba consciente de la crítica de Eck, pero no dejó que ella cambiase su seguridad en la virginidad perpetua como una creencia bíblica. Él dice en referencia a Eck:

«Hay personas que, en defensa tenaz de los decretos del Romano Pontífice, dicen que no todos los hechos de nuestra creencia están establecidos en las Sagradas Escrituras (ya que la perpetua virginidad de la Madre de Dios y la tres veces bienaventurada Virgen María no puede ser establecida a partir de las Sagradas Escrituras), vale la pena oponerles el invencible escudo de la verdad, para que sus ojos sean cegados por su brillo de tal manera que aprendan a no blasfemar»8Commentary on True and False Religion, I, 6..

Dicho esto, Zuinglio entonces procede a probar su creencia desde Isaías 7:14 y Ezequiel 44:2 (el párrafo citado arriba). Su deseo era fundamentar su creencia en la Escritura y no permitir que la iglesia de Roma se estableciera como el juez final de ella:

«La falsa religión [el romanismo] se equivoca cuando dice que la virginidad perpetua no se sostiene a menos que sea confirmada por los decretos de los Papas»9Commentary on True and False Religion, I, 6.

La realidad es que Zuinglio no estaba haciendo algo nuevo al querer probar la virginidad perpetua por la Escritura. Ya otros teólogos antes de él intentaron hacerlo. Por ejemplo, Tomás de Aquino, en su Suma de Teología, cita Ezequiel 44:2 como prueba10IIIa, cuestión 28, artículo 3. Allí Aquino también cita un comentario de Agustín sobre este mismo pasaje, aunque este comentario es espurio., lo cual muestra que Ezequiel 44:2 era un pasaje comúnmente referenciado a favor de esta creencia. Por supuesto, la única manera de argumentar desde este texto de Ezequiel es alegóricamente, pero esto no es algo que Zuinglio rechace. De hecho, es precisamente lo que está haciendo.

Ciertamente, la argumentación bíblica de Zuinglio no es la más fuerte aquí (especialmente con Isaías 7:14), pero al menos hay que reconocer su intento de fundamentar esta creencia (y cualquier otra) en la Sagrada Escritura, en contra de la pretensión de la iglesia de Roma de querer fundamentarla en los decretos papales. Quién diría que una de las primeras controversias sobre la sola Scriptura estaría relacionada con la virginidad perpetua.

Notas

  1. A Short and Clear Exposition of the Christian Faith, II, V, vol. 2 en The Latin Works and Correspondence of Huldreich Zwingli (Heidelberg Press: Filadelfia, 1929), pp. 113-114. Ed. Samuel Macauley Jackson y Clarence Nevin Heller. La traducción es mía.
  2. La mención de Zuinglio de la inmaculada concepción puede resultar sorprendente; en su tesis doctoral sobre la literatura alemana mariológica de los siglos XV y XVI (Marias Verschwinden. Metaphorische Umgestaltung Marias in der Literatur Nürnberger de 15. und 16. Jahrhunderts und bei Luther, Munich, 2017), Julia Schmeer especifica que el rechazo a la mediación mariana de la gracia de Dios es unánime entre los reformadores, y fundamenta su crítica al culto mariano; sin embargo, esto no impidió que Zuinglio creyera que María estaba totalmente preservada del pecado; no la consideraba «en absoluto como una cristiana ordinaria, sino como un testigo exaltado de la gracia que Dios envía», concluye Christoph Burger, «Spätmittelalterliche und reformatorische Marienpredigten”, en J. Haberer, B. Hamm (ed.), Medialität, Unmittelbarkeit, Präsenz. Die Nähe des Heils im Verständnis der Reformation, Tübingen 2012, p. 125. Gracias a Arthur Laisis de Par la Foi por compartir este importante dato.
  3. An Account of the Faith. vol. 2 en The Latin Works and Correspondence of Huldreich Zwingli (Heidelberg Press: Filadelfia, 1929), pp. 113-114. Ed. Samuel Macauley Jackson y Clarence Nevin Heller. La traducción es mía.
  4. Commentary on True and False Religion, I, 6, vol. 3 en The Latin Works and Correspondence of Huldreich Zwingli (Heidelberg Press: Filadelfia, 1929), pp. 113-114. Ed. Samuel Macauley Jackson y Clarence Nevin Heller. La traducción es mía.
  5. Commentary on True and False Religion, I, 6.
  6. IIIa, cuestión 28, artículo 3. Allí Aquino también cita un comentario de Agustín sobre este mismo pasaje, aunque este comentario es espurio.

Estudiante de teología (Universidad Católica de Oriente). Editor de Irenismo Reformado y Agustinismo Protestante. Miembro de la Iglesia Presbiteriana 'Gracia y Verdad' (Medellín, Col).

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