La salvación de los infantes (1): Pedro Mártir Vermigli

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Pedro Mártir Vermigli (1499-1562) aborda el asunto de la salvación de los niños que mueren en la infancia en su obra Loci Communes1Sigo aquí el libro 2 de su obra y la traducción en inglés publicada por The Davenant Press: On Original Sin (Vermigli’s Common Places, vol. 1), capítulos 10, 11 y 13.. A continuación presentaré un resumen de su pensamiento en cuanto a este asunto.

La postura inicial de Vermigli es que los infantes no regenerados experimentarán el «fuego eterno» a causa del pecado original, la cual, él afirma, era también la postura de Agustín de Hipona. Esta postura, dice él, es favorecida por la Sagrada Escritura, ya que ella solo habla de dos lugares: el reino de los cielos y el infierno, y a este último lugar deben ir aquellos que no fueron regenerados por la gracia de Dios. Por lo tanto, «diremos con Agustín que aquellos [infantes] no regenerados deben ser castigados»2Sin embargo, Vermigli piensa que es creíble que los infantes no regenerados experimentarán castigos más leves que los adultos no regenerados, ya que los primeros no añadieron pecados actuales al pecado original que heredaron de Adán..

Vermigli dice que de entre estos infantes que mueren sin regeneración él exceptúa a «los hijos de los santos», ya que estos se cuentan entre los creyentes:

«Yo siempre exceptúo a los hijos de los santos, ya que no dudamos en contarlos entre los hijos de los creyentes, aunque en la realidad no creen debido a su edad».

Esta excepción de Vermigli parece ser una excepción general, ya que él no va tan lejos como para decir que cada hijo de cada creyente es regenerado, y en consecuencia, salvo. Aunque todos los hijos de los creyentes son parte de la promesa de salvación, él aclara que la promesa abrahamica del pacto (seré tu Dios y el de tu descendencia) «no es tan amplia como para incluir a todos, por lo que yo no sería tan audaz como para prometer la salvación segura de cada infante [hijo de creyentes] que muere». Para demostrarlo aduce los casos de Ismael y Esaú, los cuales, a pesar de ser hijos de santos, no fueron salvos.

Esta posibilidad de que un infante, hijo de creyentes, muera sin ser regenerado, es algo que podría escandalizar a algunos. ¿No deja esto a los padres cristianos en un estado de desesperanza?

Para abordar estas inquietudes, en primer lugar hay que aclarar que, como ya se mencionó, Vermigli reconoce la promesa de Dios a los padres cristianos. Esta promesa es la misma que Dios hizo a Abraham:

«Dios promete a Abraham que él quiere ser, no solo su Dios, sino también el Dios de su descendencia (Gn. 17:7; 2 Co. 6:18). Por lo tanto, en los profetas Dios llama suyos a los hijos de los judíos y se queja de que sacrifiquen sus hijos e hijas a Moloc».

En segundo lugar, Vermigli afirma sobre el bautismo infantil:

«Nosotros, descansando en esta esperanza de la promesa, ofrecemos a nuestros hijos para ser bautizados en la iglesia, ya que ellos pertenecen a Dios y Cristo, de modo que la promesa, que acabamos de mencionar, sea confirmada por una señal externa».

Es decir, tanto la promesa como su señal (el bautismo), son razones por las que los padres cristianos pueden guardar esperanza frente a la muerte de un hijo. Por la promesa creemos que Dios inclina su favor hacia los hijos de los santos, y por el bautismo esta promesa es confirmada. Así que, «aunque esta promesa es indefinida, y muchos son excluidos de ella, no obstante, esta permanece inamovible». Así como tenemos los ejemplos negativos de Ismael y Esaú, también tenemos los ejemplos positivos de Isaac y Jacob, en quienes esta promesa fue plenamente cumplida.

Así que Vermigli no quiere simplemente dejar sin esperanza a los padres cristianos, sino que, por el contrario, los quiere animar con una esperanza fundada en la promesa y la señal del pacto divino. Además, lo que Vermigli quiere es alejarse de la audacia de algunos que aseguran la salvación de todos los infantes (hijos de creyentes) cuando realmente no pueden saberlo, ya que la salvación, en última instancia, descansa en la predestinación de Dios, la cual está oculta para nosotros.

Ahora, ¿qué hay de los hijos de los creyentes que mueren sin la señal de la promesa (el bautismo)? Esta pregunta Vermigli la responde directamente:

«Si alguien pregunta acerca de los niños pequeños de los cristianos que mueren si este sacramento [el bautismo], yo respondería que debemos guardar esperanza por ellos. Esta esperanza confía en la Palabra de Dios; a saber, en el pacto hecho con Abraham, por el que Dios promete que no solo será su Dios, sino también el de su descendencia».

Esto lo confirma de nuevo:

«Los hijos de los creyentes que han muerto sin ser bautizados, a causa del pacto que Dios hizo con los padres, pueden ser salvados, si es que son predestinados».

Como se ve, para Vermigli la promesa prima sobre la señal de la misma, así que, por la sola promesa, los padres de los infantes que mueren sin bautismo también pueden guardar esperanza por su salvación, aunque esta finalmente descansa en la predestinación.

Por supuesto, no puede guardarse esta esperanza por los hijos de los infieles que mueren, ya que estos no tienen la promesa ni su señal. Por eso, dice Vermigli, «no contamos a los hijos de los infieles entre los creyentes». No obstante, en cuanto a estos, Vermigli parece dar cierta luz de esperanza, al decir que, además de los hijos de los santos, él exceptúa «a otros que sean predestinados por el consejo secreto de Dios».

En conclusión, para Vermigli la salvación de los niños que mueren en la infancia descansa en última instancia en la predestinación divina, ya sean hijos de fieles o infieles. En el caso de los primeros, la esperanza de salvación es mayor a causa de la promesa del pacto hecho con sus padres, que, por lo general, es confirmada por el bautismo. En el caso de lo segundos, la esperanza es mucho menor, por no decir casi nula, ya que estos no tienen la promesa ni su señal, pero para no pecar de excesiva seguridad podríamos conceder la posibilidad de que Dios haya predestinado a algunos de ellos.

Estudiante de teología (Universidad Católica de Oriente). Editor de Irenismo Reformado y Agustinismo Protestante. Miembro de la Iglesia Presbiteriana 'Gracia y Verdad' (Medellín, Col).

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1 Response
  1. […] Pero volviendo al tema principal, el punto es que Vermigli, así como Agustín, sostenía que los infantes tienen pecado (original), y, por lo tanto, que necesitan el bautismo para su remisión. Esto último Vermigli lo dice expresamente: «Los infantes necesitan el sacramento [bautismo] que lleva a la regeneración y al nuevo nacimiento» 5. […]

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