¿Es una herejía negar el bautismo infantil?

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Los reformadores magisteriales y los escolásticos reformados del siglo XVI no fueron tolerantes con la negación del bautismo infantil que en su tiempo hacían los anabautistas, los cuales eran parte de lo que ha sido llamado la reforma radical. Un ejemplo de esto lo podemos ver en la famosa Institución de Juan Calvino (1509-1564), donde este condena la negación del bautismo infantil como una obra del diablo:

«Lo que hemos dicho creo que bastará para demostrar cuán sin causa y sin razón alguna turba esta gente la Iglesia del Señor al promover disputas y cuestiones sobre el bautismo de los niños. Por eso estará bien considerar qué es lo que satanás pretende con esta astucia»1Institución de la Religión Cristiana IV, XVI, 32 (editorial Felir).

Este fuerte tono fue común entre los reformados, y subió hasta el punto de condenar la negación del bautismo infantil como una herejía. Por ejemplo, el teólogo reformado Zacarías Ursino (1534-1583) dijo que «la negación del bautismo de infantes no es un error trivial, sino una grave herejía». Asimismo, Girolamo Zanchi (1516-1590), contemporáneo y colega de Ursino, hablando en nombre de la tradición reformada, dice: «Condenamos tanto las herejías antiguas como las nuevas, que en diversas épocas han sido esparcidas contra la sana doctrina del bautismo»2Confesión de la Religión Cristiana, XV, IX. «Confession of Christian Religion» (2 Vols.): v. 1&2 (Brill Academic Pub, 2007).. Entre estas herejías menciona a los «donatistas» y «anabautistas», los cuales «rebautizan a los que van a ellos» y «niegan que los infantes deban ser bautizados».

Ciertamente, detrás de la condenación de la negación del bautismo infantil como una herejía habían diversas razones teológicas. Ursino dice que la negación del bautismo infantil está «en oposición directa a la Palabra de Dios». No obstante, esta condenación de herejía estaba también asociada con el desagrado que los teólogos reformados sentían por los maestros anabautistas, los cuales eran vistos por ellos como tercos, divisores y perturbadores de la fe. Hablando de ellos Ursino dice:

«Los anabautistas, al negar el bautismo a los niños de la iglesia, no solo los privan de sus derechos, sino que también previenen la gracia de Dios de ser vista en su plenitud, ya que Dios desea que la descendencia de los fieles sea incluida entre los miembros de la iglesia, incluso desde el vientre; aún más, ellos manifiestamente desprecian la gracia del Nuevo Pacto, y reducen la del Antiguo, en el sentido de que rehúsan extender el bautismo a los infantes, a quienes se extendió antiguamente la circuncisión; ellos debilitan el consuelo de la iglesia, y de los padres fieles; ellos ponen a un lado la obligación solemne por la que Dios establece que la descendencia de su pueblo sea consagrada a él desde su infancia, y distinguida y separada del mundo; ellos debilitan en los padres e hijos el sentido de gratitud, y el deseo que deberían tener de cumplir sus obligaciones con Dios; ellos contradicen audazmente a los apóstoles, que declaran que el agua no debe prohibirse a aquellos que es dado el Espíritu Santo; ellos alejan impíamente de Cristo a los infantes que él ha ordenado que acerquen a Él, y, finalmente, ellos restringen el mandato universal de Cristo que requiere que todos sean bautizados»3Comentario al Catecismo de Heidelberg, pregunta 47. The Commentary of Dr. Zacharaias Ursinus on the Heidelberg Catechism. Translated from the original latin by Rev. G. W. Williard, A. M. La traducción al español es mía..

Aquí es donde Ursino dice que «de todas estas cosas es claro que la negación del bautismo de infantes no es un error trivial, sino una grave herejía, en oposición directa a la Palabra de Dios y el consuelo de la iglesia». Así, la gravedad de la negación del bautismo infantil no está solo en un aspecto teológico (oposición a la Palabra de Dios), sino también en un aspecto eclesiológico (oposición al consuelo de la iglesia). Es decir, para los teólogos reformados la negación del bautismo infantil tiene consecuencias prácticas muy graves para la iglesia, como las ya mencionadas por Ursino. Fue a causa de estas consecuencias prácticas que Calvino llamó a la negación del bautismo infantil una obra del diablo. A través de ella, según Calvino, satanás pretende que los cristianos olviden la promesa de Dios a los niños y que sean negligentes en su instrucción:

«He aquí por qué satanás se esfuerza tanto en privar a nuestras criaturas del beneficio del bautismo; su finalidad es que al ser borrada de nuestra consideración la testificación que el Señor ha ordenado para confirmamos las gracias que quiere concedemos, poco a poco nos vayamos olvidando de la promesa que nos hizo respecto a ellos. De donde no solo nacería una impía ingratitud para con la misericordia de Dios, sino también la negligencia en instruir a nuestros hijos en el temor de Dios, en la disciplina de la ley y en el conocimiento del evangelio»4Institución IV, XVI, 32..

Por supuesto, esta condenación de herejía de los teólogos reformados estaba respaldada por la Sagrada Escritura, pero el tratamiento de ello sobrepasaría los límites de este artículo. Mi propósito  principal aquí es simplemente mostrar que los teólogos reformados del periodo de ortodoxia condenaron la negación del bautismo infantil como una herejía, y que para ello tuvieron razones teológicas y eclesiológicas que iban más allá de cualquier otra razón histórica, cultural, religiosa o política que tuvieran. Y una intención secundaria es que por la autoridad de estos teólogos algunos hermanos puedan alertarse a sí mismos del error en el que están.

Por cierto, la caricatura que presenta a los teólogos reformados del siglo XVI como acusadores beligerantes de herejía es inexacta. Hablamos de hombres sabios y civilizados. De hecho, Ursino parece ser muy cuidadoso con el uso de la palabra herejía, ya que, en una obra que fácilmente sobrepasa las mil páginas5Su comentario al Catecismo de Heidelberg., solo cuatro veces menciona la palabra herejía en relación con algunas enseñanzas erróneas. La palabra ‘hereje’ la repite con más frecuencia, pero casi siempre en referencia a maestros que enseñaban errores trinitarios y cristológicos.

En lo personal pienso que esta condenación de herejía estaba justificada en el caso de los anabautistas. Sin embargo, no creo que hoy, y de modo general, esta condenación sea aplicable, con la excepción de algunos casos raros. Lo que quiero decir es que no creo que siempre la negación del bautismo infantil deba ser condenada como herejía, ni que todo el que niegue el bautismo de infantes es un hereje. Para que una doctrina sea considerada una herejía esta debe ser más que una enseñanza errónea, y para que una persona sea considerada un hereje esta debe ser más que un simple creyente de un error. Los herejes son tercos, divisores y perturbadores de la fe de otros, y estas características claramente no están en la mayoría de los hermanos cristianos que hoy niegan el bautismo infantil. Para entender mejor mi punto, recomiendo la lectura de los siguientes artículos: ¿Qués una herejía?; y: ¿Qué es un hereje?

Estudiante de teología (Universidad Católica de Oriente). Editor de Irenismo Reformado y Agustinismo Protestante. Miembro de la Iglesia Presbiteriana 'Gracia y Verdad' (Medellín, Col).

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