¿La Iglesia perdona el pecado? (Ursino)

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En su comentario al Catecismo de Heidelberg, pregunta 461«¿Qué crees con respecto al ‘perdón de los pecados’?»., Zacarías Ursino responde a la objeción de que no es verdad que solo Dios puede perdonar el pecado, ya que Cristo dijo a los apóstoles:

A quienes remitiereis los pecados, les son remitidos; y a quienes se los retuviereis, les son retenidos (Juan 20:23, RVR1960).

Por sí sola esta declaración de Cristo parece ser concluyente: Cristo concede a los apóstoles, hombres mortales, la misma autoridad que él, siendo Dios, tenía de perdonar el pecado (Lucas 5:20-24). De hecho, esta es la interpretación del Catecismo de la Iglesia Católica:

Porque Jesús es el Hijo de Dios, dice de sí mismo: «El Hijo del hombre tiene poder de perdonar los pecados en la tierra» (Mc. 2,10) y ejerce ese poder divino (…) Más aún, en virtud de su autoridad divina, Jesús confiere este poder a los hombres (cf Jn 20,21-23) para que lo ejerzan en su nombre (…) [él hizo] partícipes a los Apóstoles de su propio poder de perdonar los pecados

Por supuesto, esta no es la interpretación de Ursino, ya que él, en primer lugar, cree que solo Dios tiene el poder o la autoridad de perdonar el pecado, en el sentido de que solo él puede remitir su culpa:

Solo Dios nos libera de la culpa del pecado por su propia autoridad2The Commentary of Dr. Zacharaias Ursinus on the Heidelberg Catechism. Translated from the original latin by Rev. G. W. Williard, A. M..

Ursino afirma que esto lo sabemos por la Escritura, en la que Dios frecuentemente se presenta como el que perdona la culpa del pecado: «Yo soy el que borro tus rebeliones» (Is. 43:25). Además, Ursino aduce una razón evidente para probar esto: solo quien es ofendido puede perdonar la culpa del ofensor. Esto incluso lo sabemos por la experiencia común. Cuando se comete una ofensa, solo la persona ofendida puede perdonar al ofensor. Nadie más puede perdonar al ofensor en lugar de ella. Así sucede con Dios. Los hombres hemos ofendido a Dios y es solo él quien tiene la potestad de perdonar nuestra culpa. Ningún hombre puede perdonarnos en lugar de Dios. «Él es quien perdona todas tus iniquidades» (Sal. 103:3).

En segundo lugar, Ursino no cree que Cristo esté concediendo a los apóstoles su autoridad exclusiva de perdonar el pecado, en el sentido de remitir su culpa, sino que más bien les está concediendo la autoridad de anunciar el perdón del pecado en la evangelización. Sin embargo, para Ursino esto era una forma en que los apóstoles perdonaban el pecado: 

Los apóstoles perdonaban el pecado en la medida en que anunciaban el perdón de Dios.

Además, Ursino cree que esta forma de perdonar el pecado también se ha extendido a la Iglesia en su disciplina3Desde luego, también se ha extendido a la Iglesia en su evangelización.:

La Iglesia perdona el pecado, cuando ella, de acuerdo con el mandato de Dios, pronuncia perdón al penitente.

Aunque a simple vista pueda sonar impropio decir que la iglesia perdona el pecado, se vuelve algo apropiado al considerar el lenguaje de Juan 20:23, donde claramente Cristo está concediendo algún tipo de autoridad a los apóstoles en relación con la remisión o el perdón del pecado. Como ya se dijo, Cristo no concedió a los apóstoles la autoridad de remitir la culpa del pecado, ya que esta solo pertenece a Dios, pero sí les concedió la autoridad de anunciar y pronunciar la remisión o el perdón; una autoridad que, por supuesto, se extiende a la Iglesia en las figuras de los ministros, los cuales son los sucesores (en su oficio) de los apóstoles.

Por supuesto, esta autoridad de anunciar o pronunciar el perdón del pecado es menor a la autoridad de Dios de remitir la culpa del pecado, pero aun así es una autoridad concedida por Cristo mismo que juega un papel importante en la gran obra del perdón de Dios (2 Co. 5:20). Por esto creo que es apropiado decir junto con Ursino que la «Iglesia perdona el pecado» (entendiéndolo correctamente).

Estudiante de teología (Universidad Católica de Oriente). Editor de Irenismo Reformado y Agustinismo Protestante. Miembro de la Iglesia Presbiteriana 'Gracia y Verdad' (Medellín, Col).

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