¿Por qué cantar los salmos?

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«Los 150 salmos tendrán el lugar principal en el canto de las iglesias». Así es como la Orden Eclesiástica de la federación a la que pertenece mi congregación empieza su artículo sobre lo que debe ser cantado en sus iglesias (art. 39). Aunque no somos cantantes exclusivos de salmos, estamos comprometidos con el principio inclusivo de que somos un pueblo que canta salmos. ¿Por qué? Especialmente en la cultura eclesiástica actual, con el predominio de la música cristiana contemporánea, el canto de los salmos (también conocido como el Salterio) es una práctica extraña. ¿Por qué cantar salmos? Permíteme explicarte1Este trabajo fue entregado por primera vez en julio de 2015 en el Simpósio Reformado Os Puritanos en Maragogi, Brasil..

Cantamos los salmos porque son las canciones del pueblo de Dios

El gran principio es que la iglesia católica cristiana siempre ha sido un pueblo que canta salmos. Por lo tanto, la Iglesia Católica Reformada siempre ha sido un pueblo que canta salmos. ¿Por qué?

Los cánticos de Israel

Cantamos los Salmos porque el pueblo de Dios lo ha hecho en el culto público desde tan temprano como Moisés (Salmo 90). Esto es especialmente cierto desde los días de David. Entonces el Salterio se convirtió en el «himnario» de Israel. El Salmo 92 tiene la inscripción: «Un salmo o cántico para el día de reposo». Y comienza así: «Bueno es alabarte, oh Jehová, y cantar salmos a tu nombre, oh Altísimo» (v. 1 [RVR1960]). Cuando los cantamos, nos identificamos con nuestros antepasados más antiguos y ofrecemos una alabanza trascendente y aplicable en todos los tiempos y lugares.

Los cánticos de Jesús

Cantamos los Salmos porque Jesús los cantó. Como judío, Jesús nació bajo la ley (Gál. 4:4). Esto significa que se le exigió vivir de acuerdo con todos los mandamientos de Dios. Uno de estos mandamientos era el requisito de que todo israelita varón se reuniera tres veces al año en el santuario sagrado para el culto público (Lev. 23; Núm. 28-29; Dt. 16, 1-17). En el templo, Jesús tuvo que escuchar el canto de los Salmos (por ejemplo, 1 Crón. 16).

Jesús también tuvo que aprender a cantar salmos en los servicios semanales de la sinagoga, a los que aún asistía de adulto (Lucas 4:16-21). Además, en la Última Cena, Jesús y sus discípulos cantaron un «himno» (Mateo 26:30; Marcos 14:26). Esta reunión era para la observancia de la Pascua (Éx. 12:1-28, 43-51; 13:3-16). Aunque no está ordenado en las Escrituras, la tradición judía usaba una sección del salterio conocida como los salmos «Hallel» («alabanza») durante esa fiesta: Salmos 113-118. Es probable que estos sean los «himnos» que Jesús y sus discípulos cantaron.

Los cánticos de los Apóstoles

Cantamos los salmos porque los apóstoles los cantaron. Aunque pasado por alto por la iglesia moderna, es un hecho del Nuevo Testamento y de la historia de la iglesia que el Salterio continuó sirviendo como el «himnario» de la iglesia cristiana. Después de su ascensión, la iglesia de Jesús continuó la práctica de utilizar los Salmos en sus oraciones y alabanzas a Dios. Cuando la iglesia primitiva y perseguida alzó su voz a Dios en oración, Lucas los registra recitando el Salmo 146:6 y el Salmo 2:1-2 (Hechos 4:24-26). Pablo recomendó el canto de «salmos, himnos y cánticos espirituales» como medio de alabanza a Dios y de edificación mutua como hermanos y hermanas en Cristo (Ef. 5:19; Col. 3:16). Santiago ordena a los que están abatidos en el alma que oren y a los que están alegres que «canten alabanzas/salmos» (psalletō; Stg. 5:13).

Los cánticos de la Iglesia Católica histórica

Cantamos los Salmos porque la Iglesia Católica histórica los ha cantado siempre. En palabras del antiguo historiador, Eusebio (263-339):

El mandato de cantar salmos en el nombre del Señor fue obedecido por todos en todos los lugares, porque el mandato de cantar está vigente en todas las iglesias que existen entre las naciones, no solo entre los griegos sino también en todo el mundo, y en las ciudades, pueblos y campos.

Una de las cosas creativas y significativas que los primeros cristianos hicieron para significar que los cantos del Israel del Antiguo Testamento eran los cantos de la iglesia del Nuevo Pacto fue cantar el Gloria Patri después de cada Salmo: «Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo. Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén». Esta es una declaración de que el Dios del Salterio es el Dios Trino.

Aunque la iglesia antigua tenía una rica herencia en el canto de salmos, este se convirtió en la práctica exclusiva de los monasterios a lo largo del tiempo hasta la época de la Reforma Protestante. Lo que fue revolucionario de la Reforma fue la restauración del canto de salmos al culto público de Dios. Esto fue tan vital que Louis Benson, un experto en la historia del canto cristiano, dijo: «El canto de los salmos se convirtió en el cultus [culto] reformado, la nota característica que distingue su culto del de la Iglesia Romana», y: «La familia en el hogar, y los hombres y mujeres en sus tareas diarias, fueron reconocidos como hugonotes [los cristianos reformados en Francia] porque se les escuchaba cantar salmos». Para mostrar que estaban reviviendo esta antigua práctica, los reformadores ingleses incluyeron el Gloria Patri al final de cada salmo leído y cantado en sus servicios de la oración matutina y vespertina en el Libro de Oración Común.

Cantamos los salmos por sus bendiciones

Un amor por la Palabra de Dios

En primer lugar, cantamos los Salmos porque amamos la Palabra de Dios. Creemos que Dios nos ordena cantar los Salmos y los ejemplos de su pueblo haciéndolo se encuentran a lo largo de su Palabra. Así que nos ha dado esta colección de meditaciones, oraciones y cánticos para usarla en nuestra alabanza a él. Como dijo Jesús: «Si me amáis, guardad mis mandamientos» (Juan 14:15).

Este es un punto importante, ya que si nosotros como cristianos realmente afirmamos creer que la Biblia es la Palabra de Dios (su discurso para nosotros, 2 Ti. 3:16), entonces tenemos que poner ese principio en práctica. Como congregación y como creyentes buscamos implementar nuestra doctrina de la Escritura de manera práctica. En el culto público la lectura y la predicación de la Palabra es central. En las devociones personales y familiares leemos, meditamos y memorizamos las Escrituras. Y juntos, lo hacemos en los cánticos que cantamos en público y en privado.

Una santificación llena del Espíritu

Otra razón para cantar los Salmos es porque es un medio que el Espíritu Santo utiliza para santificarnos, es decir, para hacernos cada vez más parecidos a Jesús (Ro. 8:29). Aprendemos en la Escritura que hay una íntima conexión entre el Espíritu Santo y la Palabra, y los Salmos en particular. En Hebreos 3:7 el autor apostólico cita el Salmo 95, diciendo: «Como dice el Espíritu Santo». Y Pablo nos exhorta a vivir una vida sabia en medio de los días malos (Ef. 5:15-16), advirtiéndonos: «No os embriaguéis con vino (…) antes bien sed llenos del Espíritu» (Ef. 5:18). ¿Cómo es estar lleno del Espíritu en contraste con el espíritu del mundo? Pablo continúa diciendo: «Hablando entre vosotros con salmos, con himnos y cánticos espirituales, cantando y alabando al Señor en vuestros corazones» (Ef. 5:19).

Juan Calvino citó a Agustín con aprobación cuando dijo: «Cuando los cantamos, estamos seguros de que Dios pone sus palabras en nuestras bocas, como si Él mismo cantara en nosotros exaltando su gloria»2Citado en Ross J. Miller, “Calvin’s Understanding of Psalm-Singing as a Means of Grace,” en Calvin Studies VI, ed. John H. Leith (Davidson, N.C.: Davidson College, 1992), 38..

Lo que esto significa es que la obra santificadora del Espíritu en nuestros corazones está ligada al canto de salmos con nuestros corazones. En el pasaje paralelo de Colosenses, Pablo enseña que cantar tales cánticos es el medio por el cual la palabra de Cristo abundará ricamente en nosotros (Col. 3:16). Cuando cantamos los Salmos, entonces, estamos acercándonos al Espíritu Santo y a la Palabra, que es como Jesús dijo que somos santificados (Juan 17:17). Esta vida llena del Espíritu y la Palabra fue expresada por Juan Crisóstomo (347-407), conocido como el gran predicador de la iglesia antigua, con estas palabras:

¿Deseas ser feliz? ¿Quieres saber cómo pasar el día verdaderamente bendecido? Te ofrezco una bebida que es espiritual. No es una bebida para la embriaguez que impediría incluso el habla con sentido. Esta no nos hace balbucear. No perturba nuestra visión. Aquí la tienes: ¡Aprende a cantar salmos! Entonces experimentarás el placer de verdad. Aquellos que han aprendido a cantar con los salmos son fácilmente llenados con el Espíritu Santo.

Una humanidad holística
Una tercera razón por la que cantamos los Salmos es que al hacerlo ejercitamos todos nuestros afectos, emociones y pasiones en nuestra relación con Dios a través del canto. Los Salmos son una guía completa para la vida espiritual. Y ya que en Cristo estamos siendo renovados en la imagen original de Dios en la que fuimos hechos (Ef. 4:24; Col. 3:10), los Salmos nos ayudan a encontrar y expresar una humanidad holística.

Atanasio
Una vez más, esto es muy importante en nuestros días cuando gran parte del cristianismo moderno se centra solo en un aspecto de nuestra humanidad: la felicidad. Pero en el fondo deberíamos saberlo: nuestra humanidad es más holística. En el Salterio Dios nos enseña cómo expresar toda la gama de nuestras emociones y experiencias. Como dijo el antiguo teólogo Atanasio (296-373):

En otras partes de la Biblia solo lees que la Ley ordena que se haga esto o aquello, escuchas a los Profetas para aprender sobre la venida del Salvador, o recurres a los libros históricos para aprender los hechos de los reyes y los hombres santos; pero en el Salterio, además de todas estas cosas, aprendes sobre ti mismo. En él están representados todos los movimientos de tu alma, todos sus cambios, sus altibajos, sus fracasos y recuperaciones. Además, cualquiera que sea tu necesidad o problema particular, de este mismo libro puedes seleccionar una forma de palabras que se ajusten a él, de modo que no te limites a escuchar y luego a transmitir, sino que aprendas el modo de remediar tu enfermedad.

Los Salmos presentan la humanidad auténtica, e incluso cruda, tal como está ante el rostro de Dios Todopoderoso. Expresan la exuberancia de la alabanza: «Bendice, alma mía, a Jehová, y bendiga todo mi ser su santo nombre» (Salmo 103:1). Expresan el dolor de la persecución: «Aun el hombre de mi paz, en quien yo confiaba, el que de mi pan comía, alzó contra mí el calcañar» (Sal. 41:9). Expresan la esperanza del cielo: «En cuanto a mí, veré tu rostro en justicia; estaré satisfecho cuando despierte a tu semejanza» (Sal. 17:15). Expresan la súplica de justicia: «Defended al débil y al huérfano; haced justicia al afligido y al menesteroso» (Sal. 82:2-3). Una última y hermosa cita resume esto. Juan Calvino (1509-1564) escribió:

He estado acostumbrado a llamar a este libro, creo que no de forma inapropiada, «una anatomía de todas las partes del alma», porque no hay una emoción de la que nadie pueda ser consciente que no esté aquí representada como en un espejo. O más bien, el Espíritu Santo ha dado aquí vida todas las penas, los dolores, los miedos, las dudas, las esperanzas, las preocupaciones, las perplejidades, en fin, todas las emociones molestas con las que las mentes de los hombres suelen ser agitadas. Las otras partes de la Escritura contienen los mandamientos que Dios ordenó a sus siervos que nos anunciaran. Pero aquí los mismos profetas, al ser exhibidos a nosotros como hablando con Dios, y al abrir todos sus pensamientos y afectos más íntimos, nos llaman, o más bien nos inducen, al examen de nosotros mismos en particular para que ninguna de las muchas debilidades a las que estamos sujetos, y de los muchos vicios en los que abundamos, permanezcan ocultos.

¿Cómo podemos cantar los salmos?
Ya que los Salmos fueron escritos antes de la venida de Jesucristo, ¿cómo podemos, como cristianos, cantarlos? La respuesta se encuentra en las propias palabras de Jesús, cuando dijo a los fariseos: «Escudriñad las Escrituras; porque a vosotros os parece que en ellas tenéis la vida eterna; y ellas son las que dan testimonio de mí» (Juan 5:39). Las Escrituras del Antiguo Testamento son un testimonio de la venida de Jesucristo, el Mesías de Israel y «la esperanza de todos los términos de la tierra» (Salmo 65:5). Como registra Lucas, después de su resurrección, Jesús enseñó a dos de sus discípulos en un camino, diciendo: «Y comenzando desde Moisés, y siguiendo por todos los profetas, les declaraba en todas las Escrituras lo que de él decían» (Lucas 24:27; véase también el v. 44). Cuando cantamos los Salmos, entonces, estamos cantando sobre Jesucristo, que está en el centro del Salterio. Cantamos de su:

  1. eterna divinidad (Sal. 45, 6-7)
  2. obra de la creación (Salmo 33:6; 102:25-27)
  3. nacimiento (Salmo 40:6)
  4. vida de obediencia a la ley de Dios (Sal. 40:7; 45:7)
  5. enfrentamiento a la oposición del mundo (Sal. 2:1-3)
  6. entrada en Jerusalén (Sal 118, 19-26)
  7. crucifixión (Sal 22:1-21; 118:27)
  8. entierro (Salmo 16:10)
  9. resurrección (Sal 2:7; 16:10; 22:21-31)
  10. ascensión (Salmo 24:7-10; 47:5-7; 68:18)
  11. presente reinado desde el cielo (Salmo 47:8; 110:1)
  12. adoración de todas las naciones (Sal 22:27-31; 47:1; 66:1; 67; 72:5-11)
  13. segunda venida a juzgar (Sal. 96:13; 98:9).

Cuando cantamos los Salmos estamos cantando también las mismas palabras de Cristo en su agonía (Sal. 22, 1-21; 69:1-29; 88) y en su éxtasis (Sal. 16, 11; 17, 15; 22, 21-31). Poner sus palabras en nuestros labios significa que nos unimos a él por la fe y nos identificamos con sus sufrimientos y glorias. Comentando el Salmo 139, Agustín (354-430) dijo: «Nuestro Señor Jesucristo habla en los Profetas, a veces en su propio nombre, a veces en el nuestro, porque se hace uno con nosotros».

Mientras cantamos las palabras de Cristo en la fe, los Salmos son los cantos de la iglesia militante. Casi todos los salmos hablan de la guerra espiritual entre la iglesia y el mundo, los justos y los injustos, y de todos los sufrimientos por los que pasa la iglesia en esta vida.

Mientras cantamos las palabras de Cristo con fe, los salmos son los cantos de la iglesia triunfante. A través del «valle de lágrimas» (Catecismo de Heidelberg, P&R 27) de esta vida presente los rayos de luz de la eternidad nos inspiran a creer en el triunfo final de la causa de Dios.

¿Incluso los salmos duros?
En este punto déjame decir cómo podemos cantar incluso los salmos duros. Los llamamos «Salmos imprecatorios». Dos puritanos ingleses son útiles aquí: William Ames y William Gurnall3Ames, Conscience with the Power and Cases Thereof, 4.19.8–10; Gurnall, William Gurnall, The Christian in Complete Armour (1864; repr., Edinburgh: The Banner of Truth, 2002), 2:444–448.:

  1. Cuando cantamos las imprecaciones, debemos meditar con temor y temblor sobre los terribles juicios de Dios contra los pecados de los impenitentes.
  2. Al cantar estas imprecaciones, debemos aprender a tener paciencia contra las tentaciones que habitualmente surgen de la prosperidad de los malvados y la aflicción de los piadosos.
  3. Cuando cantamos las imprecaciones, debemos orar para que Dios sea glorificado y su iglesia sea reivindicada en sus juicios contra los enemigos de su iglesia: el mundo, la carne y satanás. Pero no debemos hacer esto contra nuestros enemigos privados. No se nos permite pedir que descienda fuego sobre sus cabezas.
  4. Cuando cantamos las imprecaciones contra los enemigos de Dios y su iglesia, oramos para que el reino de Dios conquiste y frustre sus maquinaciones contra su Palabra. No estamos orando contra personas, sino contra maquinaciones. Como dijo Pablo, nuestra guerra es derribando argumentos (2 Co. 10:5).

Una nota pastoral
Permíteme reconocer qué puedes estar pensando: «Esto suena genial, pero cantar salmos es mucho más difícil que la música del grupo de alabanza que estoy acostumbrado a escuchar y cantar». Quiero recordarte que así como el crecimiento y la madurez en la fe y la piedad no se producen de la noche a la mañana, así tampoco sucede con el aprender a adorar de una manera consistente con la práctica histórica. La recompensa para una fe perseverante es la madurez en la fe.

Conclusión
En conclusión, el canto de los Salmos del Antiguo Testamento se basa en la enseñanza de la Palabra de Dios y la práctica de su pueblo a lo largo de milenios. En un breve prefacio de uno de los primeros himnarios de la Reforma, Juan Calvino lo resumió así:

…no encontraremos mejores y más apropiados cánticos para este propósito que los Salmos de David, los cuales el Espíritu Santo habló e hizo a través de él (…) cuando los cantamos, estamos seguros de que Dios pone sus palabras en nuestras bocas, como si Él mismo cantara en nosotros exaltando su gloria.

Traducido con permiso por Romel Quintero.

El Rev. Daniel R. Hyde es el ministro principal de Oceanside Reformed Church en Oceanside, California. Es el autor de 'Una iglesia bien ordenada' y 'De la pluma del pastor Pablo'.

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