Una reflexión reformada sobre la doctrina luterana de ley y evangelio

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Se supone que un buen libro es como un buen compañero de conversación. Cuando lo abres, entras en un diálogo y te vas iluminado. Sin embargo, como todos sabemos, algunas veces un compañero de conversación puede dejarte extremadamente decepcionado. El libro del Dr. David P. Scaer, Law and Gospel and the Means of Grace, es uno de esos libros decepcionantes1David P. Scaer, Law and Gospel and the Means of Grace, Confessional Lutheran Dogmatics VIII (St. Louis: The Luther Academy, 2008). Esta revisión apareció por primera vez en Mid-America Journal of Theology 20 (2009): 235-237.. Law and Gospel es el octavo volumen de una serie de trece volúmenes a través de los loci teológicos estandarizados usando el libro luterano de la Concordia como la guía y sustancia de la explicación. Ofrezco aquí algunos pensamientos reformados sobre la teoría luterana de ley y evangelio.

Obviamente, esta serie está dirigida al ministerium luterano confesional. Los teólogos y pastores de los distintos sínodos luteranos «entenderán» este volumen. Este tiene como su objeto los loci de la ley y el evangelio y los medios de gracia. Centraré la mayor parte de mi espacio en la primera mitad del libro que trata de la ley y el evangelio. No hace falta decir que estos dos loci están en el corazón de la teología, liturgia y piedad luterana confesional. Incluso los laicos con la comprensión más básica de la fe de su vecino luterano los conocen.

Ley y Evangelio

En esta sección, Scaer es tanto iluminador como decepcionante. Unos pocos ejemplos representativos ilustrarán la perspectiva de este lector reformado sobre la doctrina luterana de la ley y el evangelio.

Iluminador

En primer lugar, el Dr. Scaer abre con un párrafo maravilloso. En él muestra los diferentes usos de las palabras «ley» y «evangelio» a través de las Sagradas Escrituras. ¡El lector reformado que solo lee tweets o, en el mejor de los casos, blogs, necesita esta sección! Luego pasa a mostrar cómo estos términos se utilizan teológicamente en la dogmática luterana. Se centra particularmente en cómo se han confundido a lo largo de la historia de la Iglesia Cristiana.

Decepcionante

Sin embargo, después de varias páginas esclarecedoras, Scaer dice: «Los católicos romanos y los teólogos reformados no hacen estas distinciones y pretenden encontrar el evangelio y la ley en cada uno». Por el contrario, los teólogos reformados del siglo XVI distinguieron la ley del evangelio. Por ejemplo, el comentario de Zacarías Ursino sobre el Catecismo de Heidelberg y La fe cristiana de Teodoro de Beza. De hecho, hicieron de esta distinción un principio fundamental de la verdadera teología cristiana. Uno se pregunta si Scaer ha leído lo mejor de nuestra tradición. Aún más decepcionante que la afirmación de Scaer, no obstante, fue su falta de pruebas. Ni en el cuerpo ni en las notas al pie de página del libro se evidencia esta afirmación. Este no fue solo un punto débil en esta área del libro, sino en docenas de otras secciones. Constantemente reproduce lo que entiende del punto de vista reformado sobre cualquier tema sin siquiera una cita. El lector concienzudo se queda pensando que incluso lo mejor de la erudición luterana sigue atribuyendo a las posiciones reformadas lo que los reformados no confiesan. Parece que nada ha cambiado desde los días de la polémica y la diatriba calvinista/luterana del siglo XVI.

Iluminador

Una segunda área iluminadora sobre la ley y el evangelio es su trato con varias declaraciones de la ley y el evangelio en la Biblia. Al tratar el tema del modo gramatical, él hace un punto extremadamente útil de que el modo imperativo de la Escritura no hace automáticamente que un mandato sea «ley». ¡Escuchen bien, reformados paraeclesiásticos!

Decepcionante

Sin embargo, una vez más, hay decepción. Scaer continúa diciendo que el creyente reformado, junto con el creyente wesleyano, «tienen problemas con la opinión de Lutero de que incluso después de la conversión el cristiano sigue siendo un pecador». Pero esta no es la posición que las iglesias reformadas declaran en sus confesiones. Por ejemplo, al tratar la doctrina de la justificación, el Catecismo de Heidelberg habla como un cristiano en primera persona que dice: «Aunque mi conciencia me acuse de haber pecado gravemente contra todos los mandamientos de Dios, nunca he guardado ninguno de ellos y sigo siendo siempre propenso a todo mal» (P&R 60). A diferencia de mi crítica anterior, para apoyar su afirmación Scaer esta vez sí da una nota al pie de página. Una vez más, el lector queda frustrado, ya que el teólogo «reformado» representativo de Scaer es Donald Bloesch. El lector confesionalmente Reformado sabe que el Dr. Bloesch es un ministro y profesor de la Iglesia Unida de Cristo. De hecho, lo que es tan frustrante es que Scaer regresa una y otra vez a Bloesch en sus notas a pie de página como un interlocutor representativo de la tradición reformada. Se siente como que tomarse el tiempo de ofrecer una reflexión reformada sobre la doctrina luterana de ley y evangelio no valiera la pena.

Medios de gracia

Iluminador

En la segunda mitad del libro, Scaer trata sobre los medios de gracia. Abre las Escrituras de manera esclarecedora. Explica cómo había sacramentos en el Antiguo Testamento (como el árbol de la vida). El creyente reformado abrirá su sistemática de Francisco Turretini y encontrará esto mismo. También habla de una manera en la que el creyente reformado puede estar de acuerdo. En una maravillosa sección, Scaer dice: «Palabra y Sacramento» no es simplemente un cliché conveniente y sinónimo de los medios de gracia, sino que es descriptivo de lo que constituye la iglesia» (135). En otras palabras, no basta con repetir como un loro un cliché, ¡todo se trata de la Palabra y el Sacramento!

Decepcionante

Como en la primera mitad del libro, Scaer una vez más saca todas las tácticas de miedo. Uno se pregunta si él solo quiere degradar las posiciones de las iglesias reformadas. Una y otra vez, explica lo que para él es la posición reformada sobre los medios de gracia sin referencias. Desafortunadamente, nunca hace referencia a sus catecismos y confesiones oficiales. Como en la primera mitad del libro, la decepción se profundiza. Cuando Scaer finalmente da una nota a pie de página, a menudo solo hace referencia, entre otros, a Karl Barth, G. R. Beasley-Murray, Stanley Grenz, Wayne Grudem, y Jan Rohls como sus interlocutores. ¡Pero ellos no son la corriente principal del pensamiento confesional reformado ni en este siglo ni en ninguno!

Conclusión

A estas alturas ya puedes deducir que Law and Gospel de Scaer son una mezcla de iluminación y decepción. Permítanme ofrecerle un pensamiento final y reformado sobre la doctrina luterana de ley y evangelio. Los Cristianos Reformados que quieran aprender más sobre este tema deben recurrir a obras probadas por el tiempo. En lugar de ir al libro de Scaer. Para aprender la distinción entre ley y evangelio, Scaer no está a la altura del clásico de C.F.W. Walther, The Proper Distinction Between the Law and the Gospel. Para aprender de la doctrina de los medios de gracia, especialmente la Cena del Señor, Scaer no puede igualar al «segundo Martín», Martin Chemnitz, y su obra The Lord’s Supper.

Traducido con permiso por Fredy Hernandez. Editado por Romel Quintero.

El Rev. Daniel R. Hyde es el ministro principal de Oceanside Reformed Church en Oceanside, California. Es el autor de 'Una iglesia bien ordenada' y 'De la pluma del pastor Pablo'.

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