El extraño lenguaje del teísmo clásico

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Suponga que me pide que le hable de mi esposa y le digo: «Ella es un ser finito, corpóreo, mutable, compuesto y contingente; un homínido bípedo compuesto principalmente de oxígeno, carbono, hidrógeno y nitrógeno».

¿Qué pensaría usted?

Pensaría que es increíble que una mujer haya aceptado casarse conmigo.

¿Por qué? Porque, aunque todo lo mencionado anteriormente sobre mi esposa es cierto, no es así como un ser humano normal habla de alguien a quien ama. Ciertamente no es el tipo de cosas que se escriben dentro de una tarjeta de San Valentín. En una conversación normal, si me preguntara por mi esposa, le contaría sobre su amabilidad y su personalidad cariñosa, su manera de tratar a los niños, y muchas otras cosas así. Hablar de ella como en el ejemplo anterior, le parecería a la mayoría de la gente como algo profundamente extraño en el mejor de los casos.

Esto es cierto porque, en la tierra, los únicos que tendrían esta conversación son los seres humanos, y todos compartimos esas características que usé para describir a mi esposa. Simplemente no es necesario decir esas cosas sobre ella a menos que haya alguna sospecha de que mi esposa es otro tipo de ser. En resumen, este tipo de respuesta a la pregunta sobre mi esposa solo sería relevante si se preguntara en algún lugar como la Cantina Mos Eisley de Star Wars, un lugar donde se reúnen varios tipos de criaturas de toda la galaxia. Si alguien allí le preguntara a Han Solo sobre su primera pareja, sería relevante mencionar qué clase de ser Chewbacca es.

¿Qué tiene que ver todo esto con el teísmo clásico?

Cuando los teístas cristianos clásicos hablan de Dios, lo hacen en términos de cosas como ser necesario, autoexistencia (aseidad), simplicidad, infinitud, incorporeidad e inmutabilidad. Muchos cristianos instintivamente retroceden ante esto. ¿Pero por qué? En parte, porque encuentran extraño hablar de nuestro amado Padre en el cielo en un lenguaje tan aparentemente impersonal. Las Escrituras hablan de Dios como Uno que interactúa con su pueblo, que lo ama y hace pactos con él, que lo disciplina y lo redime. No es una especie de fuerza impersonal o abstracción metafísica.

Los teístas cristianos clásicos reconocen la forma en que las Escrituras hablan de Dios, e insisten en que es verdad. ¿Por qué, entonces, insisten en que también necesitamos hablar de Dios en términos de aseidad, actualidad pura, simplicidad, etc.? Porque esta es la naturaleza del Ser del Dios que se revela en la Escritura. Es una consecuencia buena y necesaria del significado de Génesis 1:1.

Esta terminología es necesaria porque los seres humanos son propensos a crear a Dios a su propia imagen. Los cristianos a menudo leen el lenguaje bíblico sobre Dios y lo conciben como un gran anciano en el cielo. En otras palabras, los cristianos a menudo empiezan a pensar en Dios de la misma manera que los griegos y romanos pensaban en sus dioses. Olvidan la distinción entre Creador y criatura, que es una parte fundamental de la enseñanza bíblica.

La terminología utilizada en el teísmo clásico es necesaria porque hay que recordar que Dios no es simplemente una versión más poderosa de los seres humanos. Su Ser y el nuestro son completamente diferentes. Su Ser es autoexistente. El nuestro es creado y depende continuamente de él para permanecer en la existencia. Su Ser es necesario. El nuestro es contingente. Su Ser es infinito. El nuestro es finito. Su Ser es simple. El nuestro es compuesto. Su ser es inmutable. El nuestro es mutable. El Dios que nos ama y hace pactos con nosotros, y que nos redime y se preocupa por nosotros, es este tipo de Ser (Creador), no ese tipo de ser (criatura).

El teísmo cristiano clásico está siendo atacado hoy en día como lo ha sido durante generaciones. La diferencia hoy en día es que el ataque viene no solo desde fuera de la iglesia sino también desde dentro, por aquellos que profesan suscribir las confesiones de fe que enseñan el teísmo clásico. Al rechazar y atacar el teísmo cristiano clásico, están eliminando la distinción entre el Creador y la criatura, una distinción que se enseña explícitamente en las Escrituras desde Génesis 1 en adelante.

La doctrina bíblica de Dios está relacionada con todas las demás doctrinas bíblicas. Si nos equivocamos en la doctrina de Dios, todo lo demás se distorsionará. Como creyentes debemos permanecer fieles y firmes a la verdad de las Escrituras. No podemos dejar que la doctrina bíblica de Dios se vea comprometida por versiones diluidas de la «teología del proceso».

La terminología utilizada por los teístas cristianos clásicos puede sonar inicialmente extraña o desagradable, y puede serlo si se abstrae de la forma en que los escritores bíblicos hablan de Dios. Pero si recordamos que lo que esta enseña se deduce de la Escritura por buena y necesaria consecuencia, y si recordamos la razón de su necesidad, esta nos llevará a arrodillarnos ante la impresionante gloria y majestad del Creador del cielo y de la tierra.

Publicado originalmente en Light in Dark Places. Traducido con permiso por Romel Quintero.

 

Profesor de teología sistemática en Reformation Bible College (Sanford, Fla). Es el autor de muchos libros, incluyendo The Lord’s Supper: Answers to Common Questions.

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