Dios ayuda a quienes se ayudan a sí mismos

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En los círculos reformados amplios hay muchos eslóganes teológicos que son objeto de burla y ridiculización por ser teológicamente perversos. Pero en una reflexión más cercana, las frases tienen un pedigrí reformado bastante sólido y es solo el reciente debilitamiento de la teología reformada lo que ha causado que rechacemos totalmente afirmaciones que son capaces de ser entendidas de una manera ortodoxa. Considere la siguiente declaración bien conocida que aún está muy viva, que es a la vez amada y odiada, en los círculos cristianos evangélicos:

«Dios ayuda a quienes se ayudan a sí mismos»1O: «Ayúdate que yo te ayudaré»..

Esta declaración se ha atribuido a Benjamin Franklin, pero esto es solo porque él popularizó la declaración, no porque la haya inventado. Esta se remonta a las fábulas de Esopo (una fuente pagana), lo que no es necesariamente un problema para un teólogo reformado.

Si entendemos esta declaración como «Dios ayuda a los no cristianos que, por su propia fuerza, se ayudan a sí mismos», entonces la declaración es obviamente falsa. Porque, aparte del poder de Dios y Cristo, la gente no puede hacer nada, ni siquiera ayudarse a sí misma.

Pero esta declaración puede ser entendida de manera ortodoxa y en realidad viene de la pluma del famoso comentarista bíblico, Matthew Henry. Henry escribe:

«Dios ayudará a quienes se ayuden a sí mismos. Vigilantibus non dormientibus succurrit lex. La ley socorre a los que vigilan, no a los que duermen» (Comentario sobre Josué 5:13-15).

En otro lugar, Henry escribe: «Él da fuerza y poder a su pueblo, y los ayuda capacitándolos para ayudarse a sí mismos (…) Ayudará a los dispuestos; ayudará a aquellos que, en una humilde dependencia de él, se ayuden a sí mismos, y hará bien a aquellos que hagan lo que puedan» (Comentario sobre Isaías 40:27-31).

Este motivo «facientibus quod in se est, Deus dat gratiam» (Si el hombre hace lo que puede, Dios le concederá la gracia) no siempre es erróneo, siempre y cuando se utilice en el contexto de la vida cristiana, pero no como un medio para ser justificado ante Dios. La frase, en sí misma, no compromete a una soteriología teológica específica.

Así, incluso Martín Lutero argumentó: «En tanto mantengas tu compromiso con Dios, él a su vez te da su gracia» (LW 35:34). Esto es, en esencia, decir: «Dios ayuda a quienes se ayudan a sí mismos». Más tarde, el brillante obispo John Davenant afirmó: «Admitimos plenamente que Dios preserva y aumenta los dones de gracia en aquellos que se aplican a las buenas obras…».

Este axioma teológico se puede probar fácilmente con un poco de reflexión y sentido común.

Dios ayuda a quienes se ayudan a sí mismos =

Dios ayuda a quienes [van a adorar con el pueblo de Dios en el día del Señor y escuchan y comen y beben (el pan y el vino) para la gloria de Dios].

Dios ayuda a quienes [guardan sus mandamientos] amándolos y manifestándose a ellos (Juan 14:21, 23).

Dios ayuda a quienes [dicen: ‘danos hoy nuestro pan de cada día’] dándoles porque piden.

Dios [da gracia] a [los humildes].

Hay promesas tanto incondicionales como condicionales que se nos ofrecen en las Escrituras. Las promesas incondicionales se cumplen necesariamente siempre porque no dependen de la acción humana, aunque pueden involucrar acción humana. Las promesas condicionales, sin embargo, dependen de la acción humana, lo que significa que a veces no se cumplen. Incluso dentro de la vida cristiana hay ciertas promesas condicionales que se nos hacen y que permanecen sin cumplirse porque no nos ayudamos a nosotros mismos (es decir, no pedimos).

A veces no tenemos porque no pedimos (Santiago 4:2-3). Por ejemplo: «Si alguno de vosotros tiene falta de sabiduría, pídala a Dios, el cual da a todos abundantemente y sin reproche, y le será dada» (Stg. 1:5, RVR1960). En otras palabras, Dios ayudará (es decir, dará sabiduría) a quienes se ayuden a sí mismos (es decir, a quienes pidan sabiduría). Si no pides sabiduría, cuando la necesites, ¿esperarás que Dios te dé lo que te ordena que pidas? ¡Pídela, y te será dada!

En el Catecismo Menor de Westminster (Q. 91) los divinos preguntan: «¿Cómo se convierten los sacramentos en medios eficaces de salvación?». La respuesta implica una respuesta humana: por la bendición de Cristo y el poder del Espíritu, aquellos que por fe reciban la Cena del Señor serán ayudados por Dios. Dios no come y bebe por nosotros; debemos aplicarnos los sacramentos y recibir de Dios todo lo que legítimamente podemos recibir.

El punto importante en todo esto es entender que la vida santificada implica nuestra respuesta diaria y viva a Dios. Si deseamos ser bendecidos y ayudados por Dios, debemos aplicarnos a Dios y a todos sus medios de gracia.

Negar el valor del concepto de que Dios ayuda a los cristianos que se ayudan a sí mismos es en realidad caer en un tipo de «hipercalvinismo» en el que se echa por la borda la responsabilidad humana por un tipo de fatalismo islámico. Como con la mayoría de los eslóganes teológicos, el problema no está en el eslogan en sí, sino en cómo entendemos el eslogan.

Así que, junto con Matthew Henry, John Davenant y Joel Osteen, creo que es sano y ortodoxo decir: «Dios ayuda a quienes se ayudan a sí mismos».

Aún así, también debemos afirmar que muy a menudo Dios ayuda a quienes no pueden ayudarse a sí mismos. Lo hace al llevar a una persona a Cristo, pero también los cristianos están frecuentemente bajo la misericordia diaria de Dios y reciben de él bendiciones que nunca pidieron. Dios ayuda a quienes se ayudan a sí mismos y Dios también ayuda a quienes no pueden y no se ayudan a sí mismos. Él es el Dios de gracia.

Publicado en The Calvinist International. Traducido con permiso por Romel Quintero.

El pastor y Dr. Mark Jones (PhD, Leiden Universiteit) ha sido el ministro en Faith Vancouver desde 2007. Es también investigador asociado en la facultad de teología en University of the Free State, Bloemfontein, Sudáfrica. El Dr. Jones es el autor de varios libros, incluyendo su libro más reciente, Knowing Christ.

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