¿Descendió Cristo al infierno? (Vermigli)

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Si eres como yo y muchos otros cristianos a lo largo de la historia eclesiástica, sin duda has cuestionado el significado de la famosa (o infame) cláusula de descenso en el Credo de los Apóstoles: «Él [es decir, Jesucristo] descendió a los infiernos». No hace mucho tiempo, un conocido presbiteriano americano conservador admitió excluir la frase por completo cuando se recitaba en su congregación. Se han escrito muchos buenos ensayos y libros en defensa de la cláusula. En este post, quiero hacer un par de observaciones para apoyar su inclusión en el Credo.

La idea del Hades no es ajena al mundo greco-romano

En primer lugar, debe observarse que la idea de una morada de los muertos en la que habitan las almas de los justos y los injustos no es ajena al mundo grecorromano, el contexto del Nuevo Testamento. El libro 11 de la Odisea de Homero cuenta el famoso viaje de Odiseo al inframundo donde residen las sombras de los muertos. Además, el libro 6 de la Eneida de Virgilio describe con detalle el inframundo de los muertos. En la descripción de Virgilio, hay claramente un lugar de juicio, el Tártaro, donde los injustos son castigados, y un lugar de bendición, los Bosques Benditos, donde los justos viven en paz. Mi propósito al relatar estas escenas no es decir que son representaciones exactas de la realidad, sino simplemente señalar cómo esta idea fue imaginada en la conocida mitología griega y romana.

En su exposición del Credo de los Apóstoles, publicado en italiano porque estaba destinado al cristiano italiano promedio, Pedro Mártir Vermigli da una imagen muy similar del descenso de Cristo al infierno. Por supuesto, hay que señalar que el italiano (siguiendo el latín) utiliza la palabra «inferno», que probablemente se traduce mejor como «regiones inferiores». De todas formas, fíjese en cómo Vermigli describe esta cláusula del descenso. Después de la muerte de Cristo, aunque la carne de Cristo permaneció en la tumba:

Cuando el alma salió del cuerpo no se quedó ociosa sino que descendió a las regiones inferiores. Esto no significa otra cosa sino que experimentó la misma condición que las otras almas separadas de sus cuerpos: asociación con los santos, o con la compañía de los condenados. Ambos grupos fueron confrontados con la presencia del alma de Cristo.

Vermigli piensa que el Hades existe

Además, Vermigli apela a la propia discusión de Jesús sobre el rico y Lázaro que se encuentra en el Evangelio de Lucas como apoyo a su interpretación. Aparentemente, Vermigli piensa que este lugar existe realmente (aunque con una existencia no corpórea) y que Jesús realmente fue a este lugar:

Los creyentes, que (como Cristo dijo en el Evangelio de Lucas, al hablar del miserable rico y el bendito Lázaro) estaban en un lugar tranquilo llamado apropiadamente el seno de Abraham (…) Los espíritus condenados a la perdición eterna también se encontraron con el alma de Cristo, porque, como escribió Pedro: «Les predicó». Podemos interpretar esto en el sentido de que les reprendió por la obstinación e incredulidad que habían mostrado ante las palabras e indicaciones divinas que Dios les había dirigido.

Aunque este punto de vista de la cláusula ha sido a menudo llamado el punto de vista luterano, Vermigli está en la línea de otros teólogos reformados que han argumentado que el alma de Cristo en realidad fue a un lugar habitado con las almas de los muertos. De hecho, Cristo saluda a los fieles, dándoles el «mayor consuelo», mientras que las almas incrédulas de los muertos son reprendidas.

Conclusión

Personalmente, encuentro convincente la lectura de Vermigli del Credo. Hace que tenga sentido la historia del hombre rico y Lázaro. Además, encaja bien en el contexto del credo. Cualquier otra descripción de Jesús en la segunda sección del Credo se refiere a eventos históricos con localidades. Mientras que las Escrituras no son muy lúcidas en cuanto al estado intermedio de los separados de sus cuerpos, el alma de Cristo estaba seguramente en algún lugar (aunque no corporalmente). El Credo parece decirnos que mientras su cuerpo fue enterrado en la tumba, el alma de Cristo descendió a la morada de los muertos antes de unirse al cuerpo físico, resucitó de entre los muertos, ascendió y se sentó a la diestra del Padre. Finalmente, es oportuno que la confesión apostólica del descenso de Cristo a la morada de los muertos, ilustrada por la narrativa de Lázaro, es sorprendentemente similar a la concepción grecorromana.

Aunque la exposición de Vermigli sobre la cláusula del descenso no es la última palabra sobre el tema, su exposición es, al menos, digna de consideración.

Autor: Michael Lynch es candidato al doctorado en el Seminario Teológico Calvino y enseña latín y griego en Tall Oaks Classical School en Delaware.

Este artículo fue publicado originalmente en inglés en The Davenant Institute. Traducido por Romel Quintero.

Ser irénico es ser completamente bíblico y evangélico en teología, rigurosamente perenne en filosofía, católico en alcance y pacífico en espíritu.

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