El meme de Calvino como tirano

1

Para un hombre que ha estado muerto desde 1564 y para un movimiento que, considerado socialmente, es poco más que un bache demográfico (alrededor de 500.000 personas en América del Norte), Calvino y el calvinismo siguen recibiendo una notable atención en los medios de comunicación. Sin embargo, típicamente esta atención se centra en un «meme» familiar (una idea o concepto ampliamente difundido en una cultura) que tiene sus raíces en el crítico más temprano de Calvino, Jerome Bolsec (m. 1584), un monje carmelita que se opuso a la soteriología de Calvino (desde 1551).

El meme es que el Dios de Calvino era un tirano y el corolario de esa tiranía divina es la supuesta tiranía de Calvino sobre la vida civil en Ginebra. Recientemente, una versión de este tema aparece en un artículo de Salon.com de Chris Lehmann sobre Joel Osteen. Lehmann escribe:

«Las serenas descripciones de Osteen de los eternos designios de Dios para el destino de creyentes individuales son una especie de calvinismo invertido. Donde los antepasados puritanos de la escena protestante actual contemplaron a un terrible e impersonal Creador cuyo rígido sistema de recompensa y castigo eterno envió a muchos infantes y solemnes creyentes al pozo de la condenación…”.

Esta invocación de Calvino (ismo) también aparece en el ensayo de Molly Worthern del 2009 sobre Mark Discroll y Mars Hills. Para nuestros propósitos, lo que es más interesante es la manera en la que aparece Calvino y la función que juega esa historia en su narrativa acerca de la naturaleza del movimiento «joven, inquieto y reformado».

La resistencia de la Tradición Reformada al compromiso, y el énfasis en la pureza de la adoración comunitaria, siempre han contenido las semillas del autoritarismo: Juan Calvino hizo quemar herejes en la hoguera e hizo que un hombre, que casualmente lo criticó en una cena, marchara por las calles de Ginebra, arrodillándose en cada intersección para pedir perdón [Benedicto cita la Calvini Opera 21:21, 367, 370-77 y varios textos secundarios como evidencia de este episodio].

Este relato comprimido de la autoridad de Calvino en Ginebra refuerza los viejos y falsos estereotipos sobre Calvino, el calvinismo y las Iglesias Reformadas como inherentemente autoritarios y tiránicos. Eso alimenta lo que P. E. Hughes llamó «la fantasía popular» de Calvino como tirano de Ginebra. Pero Calvino era más un refugiado que un tirano. En cualquier caso, las
relaciones iglesia-estado en Ginebra eran fluidas y complejas.

El episodio de Servet
Por «herejes» Worthern presumiblemente se refiere a la pena capital de Miguel Servet (1509/11–53) por herejía en Ginebra. Tristemente, una cosa que toda persona educada cree saber sobre Calvino, citando a la novelista Anne Rice, es que «Calvino fue un “verdadero Cristiano” cuando quemó vivo a Miguel Servet en Ginebra». Incluso aquellos que deberían saberlo a veces posicionan a Miguel Servet como si estuviera lanzando un «desafío profético» al «dominio prepotente» de Calvino en Ginebra (Roger Olson, The Story of Christian Theology:Twenty Centuries of Tradition and Reform (Downers Grove: Intervarsity Press, 1999), 21).

Por supuesto, la historia real es mucho más complicada. Servet era un humanista español bien educado, y un físico y teólogo aficionado. Servet publicó un ataque a la doctrina de la Trinidad en 1530. Él y Calvino intercambiaron correspondencia y en 1546 Calvino le escribió a William Farel que, de Servet visitar Ginebra, haría todo lo posible para ver que el hereje no saliera con vida y le advirtió a Servet que, de venir a Ginebra, su vida correría peligro. Servet fue arrestado en Lyon en 1552 por haber publicado una herejía contra la fe católica. Fue juzgado y sentenciado a muerte pero escapó de la prisión y extrañamente llegó a Ginebra en Julio de 1552. Servet fue visto en la iglesia,  y fue arrestado y examinado dos veces en relación con sus enseñanzas sobre la Trinidad. Calvino sirvió como su fiscal teológico a favor del ayuntamiento. Servet fue condenado por voto unánime del ayuntamiento y con una mayoría del consejo de 200. Servet fue quemado en la hoguera en octubre de 1553.

Como cuestión histórica es incuestionable que Calvino desempeñó un papel central en el arresto y procesamiento de Servet, pero simplemente no es cierto que Calvino mató a Servet. El consejo de la ciudad es responsable de la muerte de Servet. De Calvino haber objetado la pena de muerte es poco probable que el ayuntamiento hubiera escuchado o pudiera haber escuchado. La Casa de Savoya estaba lista para invadir Ginebra sin mucha provocación. Servet era un hereje condenado. Si una ciudad protestante fallaba en matar a un notorio hereje eso habría confirmado la sospecha de los críticos romanistas de que los protestantes no eran nada más que cripto-fanáticos, escondiendo sus verdaderos colores bajo una falsa profesión de ortodoxia Trinitaria.

De hecho, la muerte de herejes en la hoguera no era algo poco común en el cristianismo. Roma dio muerte a una parte de protestantes (incluyendo no menos de 42.000 cristianos reformados en ese período) y tanto magistrados romanistas como protestantes mataron a unos 3.000 anabautistas (según Claus Peter Clausen).

Los ministros Reformados en Heidelberg insistieron en la pena capital de antitrinitarios en 1572, acerca de lo cual muy poco ha sido escrito en inglés. Podría decirse que ese acto fue tan atroz como la acción de las autoridades ginebrinas. ¿Por qué entonces la atención en la muerte de Servet? Este episodio se destaca porque es una manera conveniente de envilecer a Calvino y de reforzar el estereotipo de Calvino, el monstruo predestinacionista de Ginebra y, como ilustra el artículo de Worthern, la imagen de las represivas iglesias Reformadas.

El episodio de Ameaux
El episodio de Ameaux de 1546 al que Worthern se refiere es bastante oscuro. Christ’s Churches Purely Reformed de Philip Benedict (p. 103) dice que Pierre Ameaux, miembro del Petit Conseil, en una cena una noche, anticipando a la crítica moderna de Calvino, se quejó de que Calvino enseñaba falsa doctrina y ejercía demasiada influencia sobre el consejo.

Cuando las palabras de Ameaux llegaron a Calvino, él demandó acción del consejo. Se decidió que Ameaux se disculpara de rodillas ante Calvino frente a la asamblea de los Doscientos, pero esto no era una penitencia pública suficiente para el ministro. Se rehusó a presentarse en la ceremonia y no estuvo satisfecho hasta que el consejo condenara a Ameaux a hacer procesión en la ciudad, arrodillándose en cada esquina principal o intersección para proclamar su arrepentimiento por haber deshonrado la Palabra de Dios, los magistrados, y los ministros.

En la superficie esto parece ser otro ejemplo de la supuesta tiranía de Calvino, pero había más sucediendo bajo la superficie. Ciertamente, Ameaux fue humillado porque Calvino insistió, pero técnicamente fue el ayuntamiento quien efectuó la sentencia y, más importante aún, fue parte de una lucha política metafóricamente sangrienta, que data de mediados de los 40, acerca de la dirección de la ciudad y la iglesia. Esto era menos sobre la persona de Calvino de lo que era sobre la autoridad de la iglesia para hacer política eclesiástica. Los interesados en un relato equilibrado notarán que Ameaux fue obligado a disculparse por criticar a los pastores de la ciudad (un oficio), no por insultar a la persona de Calvino. T. H. L. Parker, John Calvin: A Biography, 99. dice que lo que estaba en juego era la autoridad de la Palabra.

Calvino había estado de regreso en Ginebra desde la Pascua de 1541 y Ameaux era miembro del poderoso partido libertino que disputaba la autoridad del Consistorio y especialmente la de Calvino. Además, este episodio siguió a un pleito legal y eclesiástico (Register of the Company of Pastors, 1. 309-10) en relación con la esposa de Ameaux, por lo que había algo de historia. Además, Ameaux no era un laico ordinario. Era un exitoso hombre de negocios que fabricaba naipes, y un miembro del Petit Conseil, y un miembro líder del partido «Libertino» que buscaba desacreditar a Calvino y la Reforma en Ginebra. Según Bernard Cottret, Calvino, 187, «fue condenado a hacer un circuito de la ciudad, con la cabeza descubierta, con una antorcha encendida en la mano». Esta es una traducción de CO 21. 377, Registres du Conseil 41, fol. 68.

Seguramente nos parece severo hoy en día —no fue por nada que Calvino era llamado «el caso acusativo» por sus compañeros estudiantes— pero recuerden los tiempos y el contexto. ¿Fue una confusión de las esferas civil y eclesiástica que Calvino exigiera penas civiles por identificarse con los sufrimientos de Cristo? Por supuesto. Desde la perspectiva de la distinción entre la esfera eclesiástica y la esfera común, Calvino podría haber tenido un caso ante el Consistorio pero no ante las autoridades civiles.

Sin embargo, la veradera moraleja de esta historia es acerca del peligro de la alianza constantina iglesia-estado donde las autoridades civiles tienen el poder de castigar la herejía. En ninguna parte del Nuevo Testamento o de la Ley Moral la herejía teológica es base para el castigo civil. La única esfera autorizada por Dios para corregir el error teológico es la iglesia visible (ver Mateo 18) y sus medios son puramente espirituales: Palabra, sacramento y disciplina (por ejemplo, reprimenda, censura, excomunión).

En cuanto al autoritarismo y el calvinismo en general, hay un argumento serio, que Bruce Gordon, yo y otros hemos hecho: que el calvinismo en el período era una religión de refugiados, no de tiranos (por ejemplo, véase R. Scott Clark, Caspar Olevian and the Substance of the Covenant, ch. 1; Bruce Gordon, Protestant History and Identity in Sixteenth-Century Europe). Después de todo, ningún otro grupo sufrió más martirios en ese período que los Reformados. Recuerden que Calvino solo vino a Ginebra como refugiado buscando protección, fue expulsado por el ayuntamiento en 1538, y solo volvió después de que rogaran a Estrasburgo que lo liberara en 1541. Se quedó a petición del consejo. Podrían haberlo expulsado a voluntad, pero no lo hicieron.

Calvino tenía mucha más influencia sobre la vida civil de lo que estamos acostumbrados a ver, pero no era un tirano en Ginebra. Ni siquiera fue un ciudadano hasta muy tarde en su vida. Era un hombre del siglo XVI y un constantiniano, pero también lo eran todos los demás en ese período. El verdadero argumento aquí no puede razonablemente ser sobre la influencia de Calvino en los asuntos civiles o de otra manera toda la Reforma magisterial debe ser condenada. ¿Dónde está la indignación moral contra Bucero, Melanchthon, Lutero, Zuinglio, Bullinger y otros? Por lo tanto, podemos preguntarnos si es algo más lo que está molestando a tantos modernos y modernos tardíos.

Publicado en Th Heidelblog. Trad. Fredy Hernández Sierra.

El Dr. Clark fue educado en University of Nebraska (BA), Westminster Seminary California (MDiv), y St Anne’s College,Oxford University (DPhil). Fue ministro en la Iglesia Reformada de los Estados Unidos (RCUS) (1988–1998) y ha sido ministro de las Iglesias Reformadas Unidas en América del Norte desde 1998 (URCNA). También ha sido profesor de historia de la iglesia y teología histórica desde 1995 en Wheaton College, Reformed Theological Seminary (Jackson), Concordia University (Irvine), y Westminster Seminary California.

Related Posts

Leave a Reply