¿Qué es el catolicismo reformado?

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Siguiendo la publicación del pastor Wedgeworth sobre qué es «irenismo reformado», pensé que era importante explicar algunos puntos en lo que respecta a la relación de este término con la idea de «catolicismo reformado», como a menudo es llamada. Al final, distintas personas quieren decir cosas muy diferentes con esa etiqueta, aunque creo que (en términos generales) estas personas podrían encajar en dos grupos:

1. Aquellas que creen que el «catolicismo» complementa algo que no es innato en el adjetivo «reformado».

2. Aquellas que piensan que el «catolicismo» es innato en el adjetivo «reformado» cuando este último es vivido según su propio ethos histórico.

El primer grupo tiende a tener una especie de sentimiento abstracto hacia los Padres de la Iglesia y la tradición, los cuales supuestamente «necesitamos» para evitar el sectarismo (en el peor de los casos) o reinventar la rueda (en el mejor de los casos). A continuación se presentarán algunos argumentos a favor del segundo grupo.

En primer lugar, está claro que el respeto por los Padres de la Iglesia y la tradición no es ajeno a la tradición reformada. Sin embargo, tal respeto no se basa en alguna autoridad absoluta e innata de estos, sino que está enraizado en la simple sabiduría. La historia de la iglesia es la historia de la interpretación de las Escrituras y la historia de vivir las Escrituras. Intentar hacer cualquiera de estas cosas sin consultar a los antiguos es, en una palabra, estúpido. La misma lógica se aplica en muchos otros campos y áreas de la vida. Pero, como en esos campos, el pasado no tiene autoridad como tal. Es simple sabiduría escuchar a aquellos que nos precedieron, teniendo la revelación general y especial como la autoridad innata. En términos simples, no creemos en la sucesión de oficio, sino en la sucesión de la Palabra, la cual es recibida pero también juzga a sus oyentes anteriores.

Esta misma ambigüedad puede existir dentro del reciente énfasis en la iglesia como una «comunidad de intérpretes» (junto con su primo segundo, la «interpretación teológica de la Escritura»). Esto puede significar: «No sea estúpido. Lea la Biblia con otras personas piadosas que buscan la sabiduría». O tal vez la idea simple es que debemos estar conscientes de que nunca nos acercamos a las Escrituras «desde la nada», sino siempre desde muchas comunidades y contextos que tienden a influir en nuestra escucha de la Palabra de Dios. Pero este énfasis también a veces puede implicar erróneamente: «La comunidad tiene una interpretación autoritaria innata a la cual la tuya está sujeta» (con diferentes grados de autoridad dependiendo de quién esté argumentando).

En segundo lugar, es importante aclarar algo sobre la posición 2.  Cuando digo que la catolicidad (y una apertura implícita a los demás) está latente en nuestros principales principios, simplemente quiero decir que tomamos como un asunto de principio el ser finitos y poder crecer en el conocimiento de la Palabra de Dios y vivir esa Palabra en la práctica. Y así consultamos «al otro» precisamente porque nuestros propios principios exigen tal consulta como una cuestión de sentido común y madurez. No tenemos intención de alabarnos, pero esta es la razón por la que los dogmáticos reformados (incluso los malhumorados) leen a los romanistas y ortodoxos orientales mucho más que a nosotros.

Esto subraya el punto del pastor Wedgeworth sobre la madurez y responsabilidad. Al final del día, el catolicismo reformado (de este tipo) es a la vez un compromiso individual y comunitario de reconocer nuestra necesidad siempre presente de una mayor madurez. Pero también es un reconocimiento de que esta madurez se persigue de manera responsable. Esto implica la consulta de otros, pero también la evaluación de otros. La mediación entre nosotros y ellos no es su autoridad innata sobre nosotros, sino en palabras de Lutero: «La Escritura y la razón evidente». Este es un punto clave. Es comprensiblemente tentador para los evangélicos criados fuera de las comunidades que practican este tipo de sabiduría intercambiar principios protestantes (si no afiliaciones) por el alter ego de su propia experiencia intelectualmente estrecha. Pero el péndulo que se balancea desde la inmadurez tenderá a engendrar más inmadurez. Todos hemos conocido el confiado estudiante universitario que, recién separado de sus padres, piensa que capta toda la realidad. El antídoto para su uso inmaduro de la razón no es encontrar a otros que puedan razonar por él, sino más bien persuadirlo y ayudarlo a cultivarse en su comportamiento hacia la realidad; es decir, ayudarlo a crecer. Ciertamente, esto puede llevarlo a ver las limitaciones de su razonamiento personal o incluso de la razón en general. Pero nunca significa la abdicación de su razón o su delegación a sustitutos.

En resumen, el catolicismo reformado es solo protestantismo con otro nombre.

Autor: Joseph Minich. Es graduado del Reformed Theological Seminary (D.C. Campus) y está haciendo un Ph.D en historia intelectual en la Universidad de Texas (Dallas).

Este artículo fue publicado originalmente en The Calvinist International. Trad. Romel Q.

Ser irénico es ser completamente bíblico y evangélico en teología, rigurosamente perenne en filosofía, católico en alcance y pacífico en espíritu.

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