No olvidemos el Jus Gentium

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El reciente debate sobre la ley natural ha sido divertido y muy refrescante. Hay mucho que ganar de la recuperación de la ley natural, pero necesitamos señalar otro concepto muy importante: el ius gentium. Este concepto, quizás mejor conocido como la “ley común de las naciones”, fue importante tanto para Aquino (ST I–II, q.95, a.2, 4) como para Hooker (Laws 1.10.13). Y fue fundacional para el pensamiento legal de Juan Calvino (Inst. 4.20.13-16) que R. J. Rushdoony, el innovador teonomista, tuvo que desechar como “una herejía sin sentido” (Institutes of Biblical Law, 9). Afortunadamente, la tradición mayoritaria ha pensado diferente. 

De forma breve, el ius gentium es la expresión positiva de la ley natural entre culturas y pueblos específicos. Donde la ley natural es, en palabras de nuestro Peter Escalante, un proprioceptive conatus, el ius gentium es evidencia de que diversos pueblos expresan ese esfuerzo de maneras consistentes con respecto a los corolarios y aplicaciones más básicas de la ley natural. No se pretende que las leyes de las naciones sean absolutamente idénticas y consistentes, pero la uniformidad es sorprendente. 

De hecho, C.S. Lewis hace referencia a esto en The Abolition of Man. La ley natural es lo que él llama “el Tao”: “La doctrina del valor objetivo, la creencia de que ciertas actitudes son verdaderas y otras falsas para el tipo de cosa que este universo es y para el tipo de cosas que somos” (HarperCollins, 2009, p. 18). Por otro lado, el ius gentium, es el apéndice, las “ilustraciones del Tao”.

La mayoría de los cristianos modernos intentan responder a la pregunta “¿cómo deberíamos vivir entonces?” usualmente ignorando el ius commune Europaeum y el amplio ius gentium, dependiendo solo de argumentos de ley natural. Pero la ley natural no es ley positiva, y aunque fundamentalmente la ley natural guía a la prudencia, la prudencia y el arte de gobernar son informados a través de la ley positiva y la costumbre. Sin un verdadero ius, no puede haber jurisprudencia cristiana; y sin jurisprudencia, no hay política.

Para conocer más sobre la doctrina de la ley natural, véase el trabajo de David Haines y Andrew Fulford: La ley natural: una introducción breve y una defensa bíblica.

 Este artículo fue publicado originalmente en The Calvinist International. Trad. Romel Q.

Es el pastor asociado de Faith Presbyterian Church en Vancouver, British Columbia. Escribe sobre teología, historia y teoría política, y ha enseñado en Jr. High y High School. Es el fundador y editor general de The Calvinist International, una revista en línea de humanismo cristiano y teología política, y es uno de los directores del Davenant Institute.

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