Mi reino no es de este mundo (3)

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Nuestra siguiente selección viene de In Quatuor Evangelistas, Matthaeum, Marcum, Lucam et Iohannem, item in Acta Apostolorum Comentarij del teólogo, humanista y hebráista reformado suizo Konrad Pellikan (1478-1556).

Como en las publicaciones anteriores, el texto será acompañado de algunas explicaciones. 

Dado que Pilato estaba simplemente cuestionando [a Jesús] acerca de estas cosas a fin de liberar a un hombre inocente, Jesús se dignó a responderle a través de un misterio [per aenigma], enseñando que los profetas hablaron de otro tipo de reino, uno más noble que el reino terrenal (el cual dependía de las leyes y defensas humanas); ese reino era más bien celestial, y no aspiraba al reino terrenal, sino que más bien lo despreciaba. Él dice: «Mi reino no pertenece al tipo de reino al que pertenece César. Este es terrenal; el mío es celestial. Por lo tanto, no aspiro a nada que pudiera afectar la majestad del César. Si mi reino fuese de este mundo, el mundo no haría estas cosas contra mí con impunidad. Con seguridad tendría un séquito armado, escoltas, cortesanos y tropas. Estos pelearían por mí, a fin de que los judíos no pudieran hacer con impunidad lo que intentan contra mí. Pero solo tengo unos pocos discípulos, pacíficos e insignificantes. Yo mismo soy pacífico y estoy desarmado, claramente dependo de otras defensas, porque mi reino no es terrenal».  Los siervos de Cristo son los ángeles, el reino de Cristo es en el Espíritu, mientras durante esta vida gobierna en los corazones de los creyentes por Su Palabra. Y del tal manera Cristo ha actuado y continúa actuando como rey. Donde se conoce la verdad y esta encuentra un lugar entre los hombres mortales, el reino de Cristo es visto. Pero si Cristo hubiese querido venir como un emperador, los soldados angélicales del cielo hubiesen estado presentes, y con uno hubiese sido suficiente para derrotar a los judíos. El reino de Cristo no está situado en lugares externos ni en algún dominio o gobierno terrenal; asimismo tampoco está en la comida o bebida ni en ceremonias externas, sino en la verdad.

1. Como Musculus, Pellikan también contrasta los dos reinos: el «terrenal» y el «celestial». Nuevamente, la distinción principal entre ellos es que el reino de Cristo no tiene las formas militares de los reinos terrenales; no es defendido por fuerzas armadas. Si fuese así, Cristo hubiese estado rodeado y protegido por su propia guardia pretoriana. Pero Cristo no quiso «venir como un emperador». ¿Cuál hubiese sido el propósito de tal fuerza militar? Impedir que Cristo fuese arrestado y crucificado; prevenir que Cristo fuese tratado de forma injusta por las autoridades. 

2. Cristo, por otro lado, dependió de «otras defensas». Estas otras defensas son espirituales, porque su reino es espiritual. Por eso sus siervos (ministri) son los ángeles y el reino es «en el Espíritu». ¿Qué significa esto para el tiempo presente entre los dos advenimientos? Como hemos visto antes, significa que Cristo, y solo Cristo, ejerce gobierno y dominio en los corazones de Su pueblo. Es decir, el reino se identifica con la realidad interior del corazón regenerado, donde Cristo gobierna inmediatamente «por Su Palabra».

3. Lo anterior no hace que el reino sea invisible, sino que más bien nos dice cómo se hace manifiesto. Uno confía en Cristo y viene bajo su gobierno «en el Espíritu», y así viene a conocer la verdad. Donde esto ocurre «el reino de Cristo es visto». Para decirlo de otra forma, no se trata de que el reino es enteramente invisible, sino que la manera es distinta a la de cualquier reino terrenal. En lugar de una estructura institucional o una jerarquía oficial, en la que el rey en un sentido puede tipificar y manifestar el cuerpo político entero, en el reino de Cristo, solo Cristo puede hacer esto, y en el presente lo hace invisiblemente en los corazones de los fieles por Su Palabra. Pellikan no hace la distinción hinc/hic que previamente hemos observado, pero la esencia está allí en este pasaje. 

4. Para Pellikan, entonces, el reino no puede ser identificado con cosas externas de algún tipo. Lo externo, para él, está en esencia conectado con el «dominio o gobierno terrenal»; o, para decirlo de otra manera, con lo terrenal y las cosas que pertenecen a este mundo. De allí su uso de Romanos 14:17: «…porque el reino de Dios no es comida ni bebida, sino justicia, paz y gozo en el Espíritu Santo». Pellikan aplica el significado de este versículo a las «ceremonias externas», y contrasta tales cosas terrenales (comer, beber, ceremonias) con «la verdad», que gobierna al creyente en el foro interno del corazón o la consciencia.

Profesor de clásicos en Hillsdale College.

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