La Sola Scriptura y la autoridad de la tradición de la Iglesia (Zanchi)

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Richard Hooker sostuvo tres autoridades para los cristianos: las Escrituras, la razón y la tradición de la iglesia. Las dos primeras trabajan juntas para defender el principio de sola Scriptura. La última (la tradición de la iglesia) a menudo se deja fuera de la discusión, fortaleciendo así la caricatura de la teología reformada como individualista. No es sol-o Scriptura sino sol-a Scriptura, como muchos correctamente han señalado. Esta aclaración aplica también a la tradición de la iglesia. Las Escrituras dan fe de su propia divinidad de una manera que es conmensurable con la razón. Sin embargo, esto no significa que no dependamos de la iglesia o que no nos sometamos a su autoridad con respecto a la naturaleza de las Escrituras. Como antes he señalado, reformadores como Martín Bucero reconocieron que la iglesia se estableció antes del cierre del canon y que la Iglesia, por esta razón, era responsable de reconocer, recibir e interpretar los textos del canon. Así, para los protestantes, la Iglesia mantiene una autoridad con respecto a las Escrituras, pero una autoridad de protección en lugar de creación.

El triple acorde de las Escrituras, la razón y la tradición no solo otorga autoridad a nuestro reconocimiento del canon, sino que también otorga autoridad a nuestra interpretación de las Escrituras. Nuestra teología, en otras palabras, nos es transmitida a través de la Iglesia. ¿A dónde se vuelve un protestante para interpretar un pasaje de las Escrituras que no es claro? ¿A dónde vamos cuando nuestra interpretación de las Escrituras es razonable, pero debido a la falta de claridad en el texto, no nos proporciona una certeza absoluta? Según los principales teólogos reformados del pasado, como Hooker y Girolamo Zanchi, vamos a la tradición transmitida por los Padres de la Iglesia. Por supuesto, siempre debemos hacerlo en sumisión a la revelación de Dios de Su voluntad en las Escrituras (recibida racionalmente). Esto es lo que dice Zanchi sobre la tradición en su Confesión de Fe:

Mientras escribía esta Confesión de Fe, escribía todo con una buena conciencia, y, como creía, así hablaba con libertad, como las Sagradas Escrituras enseñan que debemos hacer. Mi fe se basa simple y principalmente en la Palabra de Dios y, en segundo lugar, un tanto [nonnihil] en el consenso común de toda la iglesia católica antigua, en tanto no contradiga las Sagradas Escrituras. Creo que las cosas que fueron decretadas y recibidas de los Padres, por el consenso común de todos ellos reunidos en el nombre del Señor y sin contradicción de las Sagradas Escrituras, que también ellas (aunque no tienen la misma autoridad de las Escrituras) provienen del Espíritu Santo. Por lo tanto, las cosas que son de este tipo, no podré ni me atreveré a desmentirlas con una buena conciencia (…) ¿Quién soy yo para contrariar lo que toda la Iglesia ha aprobado?1Zanchi, De religione christiana fides, Obs. In caput XXV, Aph. X, et XI., as printed in Luca Baschera and Christian Moser, eds., Girolamo Zanchi, De Religione Christiana Fides — Confession of Christian Religion, 2 Vols., (Leiden: Brill, 2007), 607.

Entonces, como protestantes, nos ponemos en las manos de Dios. Miramos a las Sagradas Escrituras, y al recibirlas en fe y probarlas en nuestros propios espíritus mediante el uso de la razón, confiamos en el Espíritu de Dios en ellas, en nosotros y en el consenso común de la única Iglesia que es santa, católica y apostólica. No soy solo yo y mi Biblia. Soy yo, Gregorio de Nisa y mi Biblia. Soy yo, los santos concilios ecuménicos y mi Biblia. Soy yo, el cuerpo místico de Cristo (corpus mysticum) y mi Biblia. Soy yo, la santa compañía de los mártires y mi Biblia. Somos nosotros y nuestras Biblias.

Este artículo fue publicado originalmente en The Calvinist International. Trad. Romel Q.

Eric Parker (PhD McGill University) es el editor de Library of Early English Protestantism (LEEP) en Davenant Institute.

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