La ley moral es la ley natural (Turretini)

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Comenté anteriormente que Ireneo considera que el contenido de la ley natural y el Decálogo son idénticos.

Esto es algo bastante general y es la posición estándar de la tradición reformada. Por ejemplo, Francisco Turretini lo enseña en su Institutio Theologiae Elencticae.

En primer lugar, Turretini describe la ley moral como «el patrón de la imagen de Dios en el hombre», y como una «copia o sombra» de la ley arquetípica (original) de Dios. Por lo tanto, tiene el carácter de inmutabilidad: nada puede cambiar su aplicabilidad a la regulación de la vida humana.

La ley moral (que es el patrón de la imagen de Dios en el hombre) debe corresponder con la ley eterna y arquetípica de Dios, ya que es su copia y sombra (aposkimation), en la que ha manifestado Su justicia y santidad. Por lo tanto, no podemos conformarnos a la imagen de Dios (a cuya imitación las Escrituras nos exhorta tan a menudo), sino regulando nuestras vidas de acuerdo con los preceptos de esta ley. Así, cuando su observación es ordenada, se oyen con frecuencia estas palabras: «Sed santos, porque yo soy santo». Ahora, esta ley es inmutable y perpetua. Por lo tanto, la ley moral (su ectipo [copia]) debe ser necesariamente inmutable (11.2.16).

Luego equipara esta ley moral, fundamentada en la ley eterna de Dios, con la ley «natural». Todos sus preceptos, dice, son «enseñados por la sana razón». Dado que se basa en la naturaleza racional del hombre, es universalmente vinculante para todas las personas y naciones. Además, mientras la naturaleza humana siga siendo la misma (y «siempre es la misma y como sí misma»), es perpetuamente vinculante. Visto de esta manera, la sustancia del Decálogo, que también funcionó en la administración mosaica, no se limita a esa administración. Por diseño sigue vigente regulando las vidas de todos, creyentes e incrédulos por igual.

La ley moral es lo mismo en sustancia que la ley natural, la cual es inmutable y se base en la naturaleza racional; porque la suma de la ley (amar a Dios y al prójimo) está impresa en el hombre por naturaleza, y porque todos sus preceptos se derivan de la luz de la naturaleza y no se encuentra nada en ellos que no sea enseñado por la sana razón; nada que no pertenezca a todas las naciones en todas las épocas; nada que no sea necesario que la naturaleza humana siga para alcanzar su fin. Por lo tanto, debe ser de derecho perpetuo, ya que la naturaleza racional es siempre la misma y como sí misma. De ahí que lo que se basa en ella también debe ser tal. Si por el pecado del hombre la naturaleza racional fue cambiada en lo concreto y subjetivo, la ley no fue inmediatamente alterada en lo abstracto y objetivo (11.2.17).

Para conocer más sobre la ley natural, véase el trabajo de David Haines y Andrew Fulford, La ley natural: una introducción breve y una defensa bíblica.

Este artículo fue publicado originalmente en The Calvinist International. Trad. Romel Q.

Profesor de clásicos en Hillsdale College.

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