Mi reino no es de este mundo (1)

1

Planeo hacer una serie breve acerca de las interpretaciones de Juan 18:36 («Mi reino no es de este mundo») en la historia de la exégesis, especialmente enfocándome en comentaristas protestantes, ya que (1) es muy importante para la teología política y (2), como todo, está abierto a ser malinterpretado. 

Para parafrasear a Aaratus, permítanme comenzar con Niels Hemmingsen (1513-1600), a quien nunca dejo sin hablar. 

El siguiente pasaje viene de su masivo comentario sobre el evangelio de Juan. 

El Señor, respondiendo la pregunta de Pilato, no dice inmediatamente que sea un rey, sino que primero distingue su reino y los reinos terrenales; porque estos son administrados de maneras diferentes (pero uno no es obstáculo al otro, ni uno en y de sí mismo se opone al otro), como si el Señor dijera: «Si yo fuese un rey terrenal, tendría un séquito armado que me defendería; pero dado que no tengo nada de esto ni deseo tenerlo, percibirás rápidamente que no busco un reino terrenal. Porque si hubiese querido un reino terrenal, no hubiese huido cuando las personas querían designarme como rey. Pero mis enemigos fabricaron este falso reporte a fin de que tú, como el gobernador romano, una vez que te encolerices, me quites de en medio de ellos». 

Debe observarse que Cristo no dice: «Mi reino no está en este mundo», sino: «Mi reino no es de este mundo»; y no dice: «Mi reino no está aquí», sino: «Mi reino no es de aquí». Porque el reino de Cristo es la compañía de aquellos que creen en Cristo aquí y en este mundo. Esta compañía no es de este mundo en tanto que cree, pero proviene de Dios, como dice Juan: «Dio el poder de convertirse en Hijos de Dios a todos los que creen en su nombre». 

Hemmingsen observa que Cristo hace una distinción entre las maneras divergentes en que son administrados el reino celestial y el reino terrenal. La evidencia es que Cristo no está rodeado de una guardia armada como lo estaría cualquier rey terrenal. Su reino no es «terrenal», por lo tanto, no usa medios terrenales para defender a su rey. Cristo gobierna Su pueblo y se conduce a sí mismo de una manera diferente. Por esta razón, no se oponen en y de sí mismos. Presumiblemente, esto es un calificador importante: no hay nada inherente en la dualidad del gobierno celestial y el gobierno terrenal que por necesidad los lleve a un conflicto entre sí. Esto es una diferencia importante con la concepción de las «dos ciudades» de Agustín, en donde la ciudad celestial y la ciudad terrenal (no «reinos») están en un conflicto irreconciliable hasta el fin de los tiempos.

En segundo lugar, Hemmingsen es consciente de la importancia del adverbio. «Mi reino no es de este mundo» no significa que no tenga algo que ver con este mundo (más sobre esto en publicaciones futuras); Jesús está hablando de su fuente. Hay una diferencia entre «aquí» y «de aquí», y esta última es la lectura correcta de las palabras de Jesús (como su propia repetición en el versículo lo deja claro).

En tercer lugar, el punto de Hemmingsen sobre la fuente del reino está relacionado con cómo él explica lo que es el reino celestial. No es, como lo expone aquí, la iglesia institucional o visible. No puede serlo porque debe identificarse solo con los verdaderos creyentes (coetus credentium in Christum) y, como tal, es constituido solo por acción divina (por lo que «no es de este mundo»). Solo Dios puede hacer a un hombre cristiano; es su prerrogativa dar vida a los muertos. Además, a todos los que hace cristianos los hace hijos del reino, porque este es el don gratuito de Dios para aquellos que creen. Sin embargo, estos «hijos de Dios» están en este mundo, y en este prestan su servicio a su redentor, y así confieren al reino cierto tipo de visibilidad hic et nunc («aquí y ahora»). Más sobre esto la próxima vez.

Este artículo fue publicado originalmente en The Calvinist International. Trad. Romel Q.

Profesor de clásicos en Hillsdale College.

Related Posts

1 Response

Leave a Reply