Juan Calvino: un irénico reformado

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Mark Jones escribió una publicación sobre tener (a falta de una mejor frase) una disposición irénica, lo cual no significa unirse a la Iglesia Episcopal o convertirse en un unitario universalista, sino más bien significa buscar la verdad en caridad y unidad en el vínculo de la paz. También significa no buscar oportunidades de discordia y comportarse piadosamente cuando tales ocasiones surjan (que inevitablemente surgirán).

Calvino explica algo similar cuando comenta el salmo 133:1 («¡Mirad cuán bueno y cuán delicioso es habitar los hermanos juntos en armonía!»). Para Calvino, la unidad debe estar determinada por la verdad en sumisión al Señor; sumisión que se manifiesta a sí misma principalmente en la propia disposición. La disposición de someterse a Dios como Señor necesita como corolario un comportamiento humilde hacia otros y, ciertamente, hacia todos los que se someten a la verdad. La nota que Calvino toca aquí no es tanto la de la unión «oficial», sino la de la armonía y el amor.

No hay duda de que en este pasaje debe verse al Espíritu Santo alabando esa armonía mutua que debe subsistir entre los hijos de Dios y a la vez exhortándonos para hacer cada esfuerzo necesario para mantenerla. Aun cuando las animosidades nos dividan y los resentimientos prevalezcan entre nosotros, somos hermanos por la relación común con Dios, pero no es así cuando presentamos la apariencia de un cuerpo roto y desmembrado. Así como somos uno con Dios el Padre, y en Cristo, la unión debe ser ratificada entre nosotros por la armonía recíproca y el amor fraternal. Si en la providencia de Dios ocurriera que los papistas regresaran a la santa concordia de la que apostataron, sería en estos términos, de modo que se nos llamaría a ofrecer acciones de gracia a Dios. Y mientras tanto se nos obliga a recibir en nuestra hermandad a todos los que alegremente se sometan al Señor. Debemos enfrentarnos con esos espíritus turbulentos que el diablo siempre hará surgir en la Iglesia, y ser diligentes en mantener el trato con los tales mostrando una disposición mansa y dócil. Pero no podemos extender este trato con aquellos que obstinadamente persisten en el error, ya que el recibirlos como hermanos sería renunciar al que es Padre de todos y del que toda relación espiritual tiene su origen. La paz que David recomienda comienza en la verdadera Cabeza, y esto es suficiente para refutar la acusación sin fundamento de cisma y división que ha sido hecha contra nosotros por los papistas. Más bien hemos mostrado suficiente evidencia de nuestro deseo de que ellos se unan con nosotros en la verdad de Dios, que es el único vínculo de la santa unión.

Calvino hace un punto similar en sus comentarios sobre 2 Corintios 13:11 («Por lo demás, hermanos, tened gozo, perfeccionaos, consolaos, sed de un mismo sentir, y vivid en paz; y el Dios de paz y de amor estará con vosotros»):

Finalmente, hermanos, el apóstol modera lo que haya de dureza en la epístola, ya que no quiso dejar sus mentes en un estado de exasperación, sino más bien tranquilizarlas. Porque las exhortaciones solo son beneficiosas cuando son aderezadas con miel, para que el oyente, si es posible, las reciba con un espíritu agradable. A su vez parece dirigirse ahora a toda la Iglesia y no solo a algunas personas enfermas. Por lo que declara que busca promover su perfección y que desea su consolación.

Ser de un mismo sentir y vivir en paz son expresiones que significan dos cosas diferentes; porque una es producto de la otra. La primera se refiere a un acuerdo en el sentir; la segunda denota benevolencia y unión de los corazones.

Y añade al Dios de la paz para que su exhortación pueda tener más peso para ellos; pero, al mismo tiempo, sugiere que Dios estará con nosotros si cultivamos la paz entre nosotros; pero aquellos que están separados entre sí, están distantes de Él. Porque donde hay conflictos y contiendas, allí ciertamente reina el diablo.

Ahora, ¿qué comunión tiene la luz con las tinieblas? (2 Corintios 6:14)

Lo llama el Dios de paz y amor porque nos ha recomendado la paz y el amor; porque nos ama, y porque es el autor de ellos. Del ósculo aquí mencionado ya hemos hablado en las dos cartas anteriores.

Este artículo fue publicado originalmente en The Calvinist International. Trad. Romel Q.

Profesor de clásicos en Hillsdale College.

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