Confesando la fe reformada (3): ataques modernos contra la integridad confesional

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Lo siguiente es la tercera parte de una ponencia del Dr. Richard Muller, que en inglés se títula Confessing the Reformed Faith: Our Identity in Unity and Diversity. La ponencia será traducida y publicada aquí en su totalidad. Traducido por Romel Q.

Concediendo la unidad confesional de las iglesias Reformadas dentro de los límites establecidos por sus diversos conjuntos de estándares confesionales, el segundo tema a tratar es el de la integridad confesional dentro de la diversidad. El problema aquí no es simplemente de lealtad a las doctrinas contenidas en nuestros documentos confesionales; el problema también es del reconocimiento fundamental de la importancia de tener y mantener nuestras confesiones como tales y, como grupo o familia confesional, de reconocer la importancia y el carácter distintivo de nuestra fe Reformada. Quizás debería decir desde ya que no voy a ofrecer una solución preparada; lo que quiero hacer es enmarcar o, más precisamente, reenmarcar un problema en particular y, al llamar la atención desde un punto de vista ligeramente diferente, alentar a otros a desarrollar soluciones con una visión particular del problema.

Es muy fácil identificar la pérdida de interés y deseo de mantener los puntos tradicionales de doctrina, como la salvación solo por gracia a través de la fe basada en la elección de Dios, o la compra de la salvación de Cristo en un acto que fue tanto una sustitución para nosotros en el lugar del castigo como una satisfacción para nosotros ante la demanda divina de pago por la ofensa del pecado, o de la presencia espiritual de Cristo en y a través de la participación fiel de los creyentes en la Cena del Señor, como resultado de un deslizamiento nacional e internacional por la pendiente resbaladiza del liberalismo. Después de todo, el cristianismo liberal típicamente inserta una visión positiva de la naturaleza humana y sus habilidades en su doctrina de la salvación y gracia; expresa dificultad con la aparente inhumanidad y arbitrariedad de los decretos divinos; desprecia la expiación penal sustitutiva, ya sea como un legalismo imperdonable o como una enseñanza patriarcal sobre un padre abusivo, y encuentra poco uso para el misterio de la Cena del Señor y reduce la Cena del estado de sacramento o medio de gracia al de ordenanza. Sin embargo, existe otra fuente de erosión confesional que produce resultados similares y, a veces, idénticos, y a los que somos mucho más susceptibles.

Estoy hablando aquí del biblicismo no credal y no confesional (y, a veces, incluso anticonfesional y antitradicional) de la religión conservadora estadounidense. Una reciente teología evangélica sistemática señala que la teología confesional es una forma de «adoctrinamiento» que debe evitarse y, a lo largo de los años, he escuchado comentarios similares de estudiantes que estaban asociados con iglesias no credales: en el mejor de los casos, las confesiones son innecesarias cuando uno tiene la Biblia. En el peor de los casos, evitan que sus adherentes descubran el significado de las Escrituras. Usualmente les he preguntado a esos estudiantes si creen en la doctrina de la Trinidad, específicamente, la doctrina de una esencia divina en tres personas. Cuando casi sin vacilación responden positivamente, les señalo que no son no credales y no confesionales, sino que en realidad son adherentes del Credo Niceno-Constantinopolitano del Segundo Concilio Ecuménico (381 d. C.).

A continuación les pregunto si, desde su perspectiva no credal, consideran permisible mantener una doctrina de la Trinidad según la cual solo el Padre es verdaderamente Dios y el Hijo, como «el primogénito de toda la creación», quien confiesa: «El Padre es mayor que yo», es una criatura exaltada por Dios. Por supuesto, niegan esa posibilidad, pero tienen una gran dificultad para argumentar en contra de ella sin recurrir a la fórmula de Nicea; el arrianismo, después de todo, tenía sus «textos de prueba» de las Escrituras. El punto es que necesitamos credos y confesiones para que nosotros, como individuos, podamos abordar las Escrituras en el contexto de la comunidad de la fe. No es que los credos y las confesiones estén por encima de las Escrituras como normas. De ningún modo. Están debajo, pero también con la Escritura como declaraciones de la iglesia sobre el significado de la Escritura. Y, por lo tanto, también están por encima del individuo potencialmente idiosincrásico y evitan que se convierta en su propia norma de doctrina, incluso cuando le brindan la entrada a una perspectiva eclesiástica.

Por lo tanto, la tendencia anticonfesional y no credal entiende la sola Escritura de la Reforma de una manera que los Reformadores nunca lo hicieron y que seguramente habrían repudiado. En este aspecto en particular, si ellos tuvieran la oportunidad, los Reformadores probablemente asociarían buena parte de la religión estadounidense conservadora con el biblicismo de Servet y los socinianos o con varios grupos anabautistas. Por supuesto, alguien se opondrá diciendo que la religión conservadora estadounidense, gran parte de la cual se identifica a sí misma como fundamentalista o evangélica, no es antitrinitaria. Eso es cierto, pero gran parte de ella es doctrinalmente dispensacional, premilenial, antisacramental, opuesta al bautismo de infantes, antipactual, y estilísticamente antilitúrgica y avivadora1De avivamiento.. Es distintivamente no Reformada, o más ampliamente, no enraizada en la Reforma. 

Nuestros hermanos luteranos confesionales actualmente experimentan el mismo tipo de erosión de sensibilidades litúrgicas y confesionales.

El Dr. Muller es un teólogo cristiano reformado y es profesor de teología histórica en Calvin Theological Seminary en Grand Rapids, MI. Posee un M.Div. de Union Theological Seminary, NY (1972) y un Ph.D. de Duke University (1976). Muller es un experto en teología de la Reforma, especialmente en la vida y el pensamiento de Juan Calvino.

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