Abraham Kuyper sobre la ejecución de herejes

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Nos oponemos a esta Confesión1Confesión Belga, artículo 36. en completa convicción, preparados para soportar las consecuencias de nuestras convicciones, incluso cuando se nos denuncie y haga burla de no ser Reformados.
 
Preferiríamos ser considerados no Reformados e insistir en que los hombres no deben matar a los herejes, a que se nos deje el nombre Reformado como el premio por ayudar a derramar la sangre de los herejes.

Es nuestra convicción: 1) que los ejemplos que se encuentran en el Antiguo Testamento no tienen fuerza para nosotros, ya que ahora falta la indicación infalible, que existía en ese tiempo, de lo que era o no herético.

2) Que el Señor y los Apóstoles nunca pidieron la ayuda del magistrado para matar con la espada al que se desviase de la verdad. Incluso en relación con herejes tan horribles como los que contaminaron a la congregación en Corinto, Pablo no menciona nada de esta idea. Y no se puede concluir de ninguna palabra en particular en el Nuevo Testamento, que en los días en que la revelación particular cesaría, la extirpación de los herejes con la espada sería la obligación de los magistrados.

3) Que nuestros padres no han desarrollado esta monstruosa proposición por principio, sino que la han tomado de la práctica romanista.

4) Que la aceptación y el cumplimiento de este principio casi siempre ha recaído sobre las cabezas de los no herejes; y no la verdad, sino la herejía, ha sido honrada por el magistrado.

5) Que esta proposición se opone al Espíritu y a la fe cristiana.

6) Que esta proposición supone que el magistrado está en condiciones de juzgar la diferencia entre la verdad y la herejía; un oficio de gracia que, como se aprecia en los últimos dieciocho siglos, no es otorgado por el Espíritu Santo, sino que es retenido.

No ocultamos en absoluto el hecho de que no estamos de acuerdo con Calvino, nuestras Confesiones y nuestros teólogos reformados.

—Abraham Kuyper, «A Pamphlet Concerning the Reformartion of the Church», The Standard Bearer 62, no. 15 (1986). Trad. Romel Q.

Ser irénico es ser completamente bíblico y evangélico en teología, rigurosamente perenne en filosofía, católico en alcance y pacífico en espíritu.

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