El calendario eclesiástico (3): el beneficio de esta práctica

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PARTE 1

PARTE 2

¿Cómo nos puede beneficiar el calendario eclesiástico? En primer lugar, celebrar estos días explícitamente brinda la oportunidad de reflexionar sobre la obra objetiva de Cristo para con nosotros como señales durante todo el año. «No hay una institución cuasi divina de la Semana Santa. Estos días están centrados, no en sí mismos, sino solo en Jesucristo»1Stages of Experience: The Year in the Church, trad. J. E. Anderson (Baltimore: Helicon Press, 1965), 49.. François Stoop, de la comunidad ecuménica de Taizé, dijo: «En nuestro viaje hacia el Reino, los festivales son como puntos de parada en el camino, paradas en las cuales nuestra esperanza se nutre y se renueva la vida de gracia, de modo que con un gozo cada vez mayor podemos acercarnos más a la plenitud de Cristo»2Stages of Experience, 17..

Sin embargo, a menudo se dice: «Celebramos la Navidad y la Pascua cincuenta y dos días del Señor al año». Pero, a menos que esto se enseñe explícitamente a la gente, la mayoría necesita ser apuntada en esa dirección.

En segundo lugar, celebrar estos días nos recuerda que nuestra fe está en una persona histórica, Jesucristo, de quien los escritores de las Escrituras dicen que nació, vivió y murió en tiempos históricos particulares, y que el Credo de los Apóstoles conmemora, diciendo que «sufrió bajo Poncio Pilato» (cf. Lc. 2: 1–2; Mt. 2: 1, 19–20; 26:3–4, 57; 27:1–2; 23:44, 46; Mt. 28:1).

No creemos en «mitos ingeniosamente ideados», sino en aquel de quien Pedro dijo: «Fuimos testigos oculares (…) nosotros mismos escuchamos» (2 P. 1:16, 18). Celebramos y participamos de esta realidad tangible y objetiva, de modo que por la fe podemos decir con Juan:

Lo que era desde el principio, lo que hemos oído, lo que hemos visto con nuestros ojos, lo que hemos contemplado, y palparon nuestras manos tocante al Verbo de vida (porque la vida fue manifestada, y la hemos visto, y testificamos, y os anunciamos la vida eterna, la cual estaba con el Padre, y se nos manifestó); lo que hemos visto y oído, eso os anunciamos, para que también vosotros tengáis comunión con nosotros; y nuestra comunión verdaderamente es con el Padre, y con su Hijo Jesucristo (1 Juan 1: 1-3)3RVR1960. Todas las citas de la Escritura son tomadas de esta versión..

En tercer lugar, la persona y obra de Cristo son el misterio de Dios manifestado a la Iglesia hasta la consumación de todas las cosas. El apóstol Pablo escribió a los santos en Éfeso, diciendo que Dios prodigó Su gracia sobre nosotros en Cristo: «…dándonos a conocer el misterio de su voluntad, según su beneplácito, el cual se había propuesto en sí mismo, de reunir todas las cosas en Cristo, en la dispensación del cumplimiento de los tiempos, así las que están en los cielos, como las que están en la tierra» (Ef. 1:9-10). Un misterio (musterion), en la terminología de Pablo, es algo que estaba oculto pero que no ha sido revelado. Para adaptar la famosa frase de San Agustín de que el Nuevo Testamento estaba oculto en el Antiguo Testamento, y que el Antiguo es revelado en el Nuevo, lo que Pablo dice es que Cristo estaba oculto en la voluntad de Dios, y que la voluntad de Dios es revelada en Cristo. La voluntad de Dios que estaba oculta era bendecirnos «con toda bendición espiritual en los lugares celestiales» (v. 3), eligiéndonos «antes de la fundación del mundo, para que fuésemos santos y sin mancha» (v. 4) , predestinándonos «para ser adoptados» (v. 5), y redimiéndonos y perdonando nuestras ofensas (v. 7). Todo esto se ocultó en la voluntad de Dios, pero se reveló en Cristo (vv. 3, 4, 5, 6, 7, 9, 10) «según las riquezas de su gracia, que hizo sobreabundar para con nosotros» (vv. 7, 8) . El «propósito» de Dios, o mejor dicho, Su «beneplácito» (eudokiav), era mostrar públicamente este propósito en Cristo. La palabra que Pablo usa aquí, que la RVR1960 traduce «propuesto», solo se usa en el Nuevo Testamento. La usa en Romanos 1:13 para decir que se ha «propuesto» ir a Roma. Sin embargo, aquí en Efesios 1:9-10, el uso es gramaticalmente paralelo al de Romanos 3:25: «…a quien Dios puso como propiciación».

Ambas cláusulas comienzan con un pronombre relativo (hen / hon), usan el verbo proetheto y terminan con un sustantivo singular en el caso acusativo. Cristo, entonces, es la proclamación pública del Padre de Su «economía de la plenitud de los tiempos» (eis oikonomian tou pleromatos ton kairon). Dios ha elaborado Su plan precisamente como se lo propuso: «Pero cuando vino el cumplimiento del tiempo, Dios envió a su Hijo, nacido de mujer y nacido bajo la ley, para que redimiese a los que estaban bajo la ley, a fin de que recibiésemos la adopción de hijos» (Gálatas 4: 4-5). Mientras que en Gálatas Pablo habla de la plenitud del tiempo (chronos; es decir, las edades de la historia), en Efesios habla de la plenitud de los tiempos (kairon; es decir, los tiempos precisos de la designación de Dios). Y debido a que este tiempo se ha cumplido, estamos viviendo en una nueva era.

Este plan, efectuado en el momento preciso en Cristo, es «reunir todas las cosas en Cristo, en la dispensación del cumplimiento de los tiempos, así las que están en los cielos, como las que están en la tierra» (v. 10). Cristo está «recapitulando» (anakephalaiosasthai), o «reuniendo» en sí mismo todas las cosas que están separadas; el segundo Adán que venció donde el primer Adán falló (Ro. 5:12-19; 1 Co. 15:20-28, 42-49).

Todo este misterio se nos ha dado a conocer (Ef. 1:9), y como Pablo dice más tarde: «…para que la multiforme sabiduría de Dios sea ahora dada a conocer» (3:10). Cristo nos da a conocer Su misterio, para que podamos darlo a conocer «a los principados y potestades en los lugares celestiales» (3:10), ¡y cuánto más al mundo! Escuche cómo Pablo expande Efesios 1: 9-10, cuando dice:

Por esta causa yo Pablo, prisionero de Cristo Jesús por vosotros los gentiles; si es que habéis oído de la administración de la gracia de Dios que me fue dada para con vosotros; que por revelación me fue declarado el misterio, como antes lo he escrito brevemente, leyendo lo cual podéis entender cuál sea mi conocimiento en el misterio de Cristo, misterio que en otras generaciones no se dio a conocer a los hijos de los hombres, como ahora es revelado a sus santos apóstoles y profetas por el Espíritu: que los gentiles son coherederos y miembros del mismo cuerpo, y copartícipes de la promesa en Cristo Jesús por medio del evangelio, del cual yo fui hecho ministro por el don de la gracia de Dios que me ha sido dado según la operación de su poder. A mí, que soy menos que el más pequeño de todos los santos, me fue dada esta gracia de anunciar entre los gentiles el evangelio de las inescrutables riquezas de Cristo, y de aclarar a todos cuál sea la dispensación del misterio escondido desde los siglos en Dios, que creó todas las cosas; para que la multiforme sabiduría de Dios sea ahora dada a conocer por medio de la iglesia a los principados y potestades en los lugares celestiales, conforme al propósito eterno que hizo en Cristo Jesús nuestro Señor (Ef. 3:1-11).

La existencia misma de la Iglesia es testigo de estos misterios de Dios, y deben ser proclamados y celebrados. Como dijimos anteriormente, algunos dicen: «Celebramos la Navidad y la Pascua cincuenta y dos domingos al año». Sería un testimonio sorprendente para el mundo si esto se diera a conocer explícita y claramente cada Día del Señor; sin embargo, la experiencia demuestra que debido a nuestra capacidad, necesitamos reflexionar sobre los misterios de Dios uno por uno:

Somos hombres con limitaciones; limitados por nuestra existencia en el tiempo. No podemos comprender todo en el mismo momento. Necesitamos detenernos en tal o cual punto en la «economía del misterio», para que su verdad se ilumine por completo, y para que en esta luz más completa nos acompañe y afecte nuestras vidas. Existe la misma necesidad de regresar una y otra vez a las mismas verdades, a los mismos eventos en nuestra salvación, para que podamos llegar a una comprensión más profunda de ellas a medida que avanzamos en la vida4Stages of Experience, 12..

En estos textos aprendemos que Cristo es el misterio (Col. 1:27). En Él fuimos elegidos y amados desde toda la eternidad (Ef. 1:4, 5), en lo que a menudo llamamos el pactum salutis o pacto de redención. En aquel que se encarnó en la plenitud de los tiempos (Gál. 4:4), tenemos a uno que recapituló la desobediencia de Adán en el jardín y que fue obediente en el lugar del desobediente (Ro. 5:12-19). En palabras de San Ireneo:

Las cosas que habían perecido poseían carne y sangre. Porque el Señor, tomando polvo de la tierra, moldeó al hombre; y fue en su favor que tuvieron lugar todas las dispensaciones del advenimiento del Señor. Por lo tanto, Él mismo tenía carne y hueso, recapitulando en sí mismo no a otro, sino a esa obra original del Padre, buscando lo que había perecido5Contra las Herejías, 5.14.2..

En Cristo tenemos uno que «por su sangre» (Ef. 1:7) nos ha redimido y perdonado. Ireneo, nuevamente, dijo: «Cuando se encarnó y se hizo hombre, recapituló en sí mismo la larga historia del hombre, resumiendo y dándonos salvación para que pudiéramos recibir nuevamente en Cristo Jesús lo que habíamos perdido en Adán, a saber, la imagen y semejanza de Dios»6Contra las Herejías, 3.18.7..

En Cristo tenemos a uno que resucitó, ascendió y se sentó por nosotros en el cielo (Ef. 1: 20-22) para que podamos ser resucitados, llevados al cielo y sentados con Cristo (Ef. 2:4-6). Toda esta obra la resumió San Ireneo, diciendo:

Y, por lo tanto, el Señor se profesa a sí mismo como el Hijo del hombre, resumiendo en sí mismo a ese hombre original del que fue creada la mujer, para que, así como nuestra especie descendió a la muerte a través de un hombre vencido, así podamos ascender nuevamente a la vida a través de uno victorioso; y así como a través de un hombre la muerte recibió la palma [de la victoria] contra nosotros, así de nuevo por un hombre podamos obtener la victoria contra la muerte7Contra las Herejías, 5.21.1..

Como dijo Pablo, la venida de Cristo fue para «reunir todas las cosas en Cristo, en la dispensación del cumplimiento de los tiempos, así las que están en los cielos, como las que están en la tierra» (Ef. 1:10). Él ha comenzado esa restauración, aunque todavía esperamos su consumación: «¿Qué trajo entonces el Señor en su venida? Sepa que trajo toda novedad, trayéndose a sí mismo, quien había sido predicho. Porque esto se anunció, que vendría una novedad, para renovar y dar vida al hombre»8Contra las Herejías, 4.34.1..

En cuarto lugar, celebrar estos eventos redentores como iglesias nos une a la «iglesia única, santa, católica y apostólica» (Credo niceno), mientras nos mantiene libres de los enredos de un calendario litúrgico en toda regla. Esta es la razón por la cual los reformadores rechazaron de manera uniforme la observancia de las temporadas penitenciales de Adviento y Cuaresma, ya que no se enfocaban en Cristo, sino en nuestra preparación para las fiestas de la Navidad y la Pascua, los «sublimes días santos». Sin embargo, es cierto que los cuatro domingos de Adviento han tenido algún uso en nuestras iglesias. Si este es el caso, debe hacerse con mucho cuidado para centrarse en las profecías de la venida de nuestro Señor para lograr nuestra salvación.

Finalmente, el adviento, la navidad y la Pascua brindan una oportunidad especial para que la iglesia se involucre en el evangelismo. Dado que en los Estados Unidos estas épocas del año son días festivos culturales, tenemos una oportunidad de hablar la verdad de la Palabra a los corazones y las mentes de aquellos que ya están pensando en esos días.

Este artículo fue publicado originalmente en Reformation OC Conference. Traducido por Romel Q.

El Rev. Daniel R. Hyde es el ministro principal de Oceanside Reformed Church en Oceanside, California. Es el autor de 'Una iglesia bien ordenada' y 'De la pluma del pastor Pablo'.

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