La Eucaristía está haciendo a Francis Chan más Reformado

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Cuando una de las personalidades más famosas del mundo «joven, inquieto y reformado» comienza a sonar como un emisario de la Ciudad del Vaticano, las plataforma evangélicas en las redes sociales toman nota. Eso es lo que sucedió este mes cuando apareció un clip de un sermón de Francis Chan donde insinuaba su cambio de perspectiva con respecto a la eucaristía: «No sabía que durante los primeros 1500 años de historia de la iglesia todos entendían [la Cena del Señor] como el cuerpo y la sangre literal de Cristo». A medida que se esparció el clip de tres minutos, también lo hicieron las teorías sobre el pensamiento teológico actual de Chan y su futuro hogar eclesial. Matt Kennedy ofreció la mejor de las reflexiones, como lo hace a menudo:

Parece que Francis Chan ha estado escuchando Catholic Answers y que está listo para cruzar el Tíber. Realmente es importante leer a los Padres en lugar de dejar que los apologistas romanistas te digan lo que dice la «tradición». Pongo tradición entre comillas terroríficas porque para Roma la «tradición» es lo que el magisterio dice que es. Si un pasaje de uno de los Padres de la iglesia contradice el magisterio romano contemporáneo, entonces ese pasaje no es, por definición, «tradición». Los reformadores estaban muy versados en los Padres y creían que defendían la catolicidad y no que rompían con ella. Y tenían razón.

Kennedy, un amigo, clérigo y evangélico en la Comunión Anglicana, sin duda tiene la razón en su insistencia de que los Reformadores veían su teología eucarística como heredada de los Padres. Sin embargo, debe enfatizarse que esto no se debe a que los Reformadores veían la teología eucarística de los Padres como meramente simbólica. Más bien, es porque los Reformadores mismos vieron la Cena como mucho más que simbólica. Juan Calvino lo dice mejor:

Y aunque parezca increíble que la carne de Cristo, tan alejada de nosotros por la distancia, penetre hasta nosotros haciéndose alimento nuestro, pensemos hasta qué punto la oculta virtud del Espíritu excede y supera nuestro entendimiento, y cuán vana y loca cosa es querer medir su inmensidad con nuestra medida. Así pues, lo que nuestro entendimiento no puede comprender, recíbalo la fe: que el Espíritu verdaderamente junta las cosas que permanecen alejadas, y Jesucristo asegura y sella en la Cena esta participación de su carne y de su sangre, por la cual hace fluir y transfiere a nosotros su vida, ni más ni menos como si entrase en nuestros huesos y en nuestra médula1Institución, IV, 17, 10 (edición de Felir)..

La evaluación de Keith Mathison de la opinión de Calvino es prominente:

Calvino declaró repetidamente que su discusión con los romanistas y Lutero no se debió al hecho de la presencia de Cristo, sino solo al modo de esa presencia. Según Calvino, el cuerpo humano de Cristo está presente localmente en el cielo, pero no tiene que descender para que los creyentes puedan participar verdaderamente de Él, ya que el Espíritu Santo efectúa la comunión.

¿Calvino creía en la presencia literal del cuerpo de Cristo en la Cena del Señor? Si por «literal» queremos decir «real», entonces enfáticamente sí, como la mayor parte de los Reformadores. La posición de Thomas Cranmer, codificada en los Treinta y Nueve Artículos, es inequívoca: «El cuerpo de Cristo se da, se toma y se come en la Cena solo de manera celestial y espiritual. El medio por el cual el cuerpo de Cristo es recibido y comido en la Cena es la fe». Tenga en cuenta que al enfatizar la naturaleza espiritual de la comida, Cranmer, como Calvino, no cuestiona la presencia del cuerpo de Cristo: éste está allí para ser recibido por la fe.

Aunque podría entender por qué uno tomaría las palabras de Chan sobre el cuerpo y la sangre literal de Cristo como algo ajeno a Calvino o Cranmer, no lo hago. En la siguiente oración, Chan dice: «No fue sino hasta hace 500 años que alguien popularizó la idea de que es solo un símbolo y nada más».

Ese comentario tiene sentido histórico si, y solo si, él no está hablando de la transubstanciación, sino que está simplificando los puntos de vista de la Cena a dos: el «literal» y el «simbólico». Es decir, Cristo está realmente presente (la posición adoptada por los Padres y Reformadores) o no lo está (la posición adoptada por los anabautistas y evangélicos modernos). Para mí, esa no es solo la interpretación caritativa de Chan; también tiene más sentido, dado el punto que está tratando de hacer. Al tener una visión demasiado baja de la Cena, dice él, hemos consecuentemente adoptado una visión demasiado alta de los predicadores:

…el púlpito va al centro, el predicador se vuelve central, y muy pronto es ‘sigo a Piper’ o ‘sigo a Chan’. Creo que hubo un problema al quitar la comunión del centro de la iglesia y [reemplazarla] con un orador talentoso (…) El cuerpo mismo debe estar de vuelta en el centro de la iglesia.

Mientras estudio la cultura de las celebridades tan dominante en el evangelicalismo de hoy, no puedo evitar estar de acuerdo con la evaluación de Chan. Esto no es para impugnar las razones de quienes pusieron los púlpitos en el centro. De hecho, si viviera en el siglo XVI, marcado por el analfabetismo bíblico y la superstición, creo que haría lo mismo.

Pero nadie ha asistido a una conferencia de Chan y se ha alejado pensando que el sacerdotalismo es el problema de nuestros días. Recuerdo el consejo malévolo en las Cartas del diablo a su sobrino: «El juego es tenerlos a todos corriendo con extintores cada vez que haya una inundación; y a todos apiñándose al lado del bote que ya casi se ha hundido». Aunque soy sensible a la tentación de crear una falsa dicotomía entre la Palabra y el Sacramento, la idea de que los evangélicos han enfatizado una a expensas de la otra me parece acertada.

Al ver cómo los evangélicos están evaluando el hambre de Chan por la eucaristía, me siento tentado a pensar que quienes cruzan el Tíber son tan empujados como halados. Nuestra actitud defensiva implica que los romanistas son los únicos que creen que Cristo está realmente y verdaderamente presente en la eucaristía, como si los romanistas fueran los únicos que se lamentan por la fractura de la iglesia.

Tal vez el «sueño» del que habla Chan, en el que la iglesia se parece más a una sala de banquetes que a una sala de conferencias, no es joven ni inquieto, sino reformado. Si bien no sé si Chan se convertirá a Roma o no, sí sé que no es necesario. Estoy seguro de que la propia tradición calvinista de Chan tiene los recursos necesarios para alcanzar la vida sacramental que sueña. Soñemos con él.

Autor: Dustin Messer ministra en All Saints Dallas y enseña teología en Legacy Christian Academy en Frisco, TX. Adicionalmente, Dustin sirve como director en Evangelical Fellowship en la comunión anglicana (EFAC-USA) y en Center for Christian Civics en Washington, DC. Antes de iniciar su trabajo doctoral en La Salle University, Dustin se graduó de Boyce College y Covenant Theological Seminary y completó una beca de investigación en National Review Institute.

Publicado originalmente en Theopolis Institute. Trad. Romel Q.

Ser irénico es ser completamente bíblico y evangélico en teología, rigurosamente perenne en filosofía, católico en alcance y pacífico en espíritu.

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