Las confesiones reformadas (11): el Catecismo de Ginebra (1536)

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Durante su primera residencia en Ginebra (1536), Juan Calvino preparó un catecismo, en lengua francesa, junto con una forma de disciplina, como base para la instrucción de la Iglesia recién reformada de esa ciudad. Es un breve resumen de la religión cristiana, un extracto popular de su Institución. Trata, en cincuenta y ocho secciones (pero no en forma de preguntas y respuestas), de la constitución religiosa del hombre, la distinción entre la religión falsa y la verdadera, el conocimiento de Dios, el estado original del hombre, el libre albedrío, el pecado y la muerte, el camino de la salvación, la ley de Dios, los Diez Mandamientos, la suma de la ley (Mt. 22: 37), el propósito de la ley, la fe en Cristo, la elección y predestinación, la naturaleza de la fe, la justificación y santificación, el arrepentimiento y la regeneración, la fe y las buenas obras, una exposición de los artículos del Credo de los Apóstoles y de las peticiones del Padrenuestro, los sacramentos del Bautismo y la Cena del Señor, la Iglesia, las tradiciones humanas, la excomunión y el magistrado civil. Luego sigue una breve confesión de fe, en veintiún artículos, extraídos del Catecismo, que iba a ser vinculante para todos los ciudadanos de Ginebra, probablemente la primera instancia de un juramento formal a un libro simbólico en la historia de la Iglesia Reformada.

Después de su regreso de Estrasburgo, Calvino reescribió el Catecismo en una escala mayor, y lo organizó en preguntas y respuestas: el catequista sacaba la información y el alumno o niño parecía enseñar al maestro. Fue preparado a toda prisa, ya que el impresor le exigió una copia sin darle tiempo de revisarla. A menudo deseaba perfeccionar el libro, pero no encontró tiempo. Apareció en francés (1541 o 1542), y muy a menudo en latín (1545). También se tradujo al italiano (1551 y 1556), español (1550), inglés (1556), alemán, holandés, húngaro, incluso al griego y hebreo. Se usó durante un largo tiempo en las iglesias y escuelas reformadas, especialmente en Francia y Escocia, y cumplió un buen propósito al promover una piedad y virtud inteligente sobre la base sólida de la enseñanza bíblica sistemática. La religión educativa, que crece con nuestro crecimiento, es la más sustancial y siempre debe ser la principal dependencia de la Iglesia.

El objetivo de este trabajo, como se explica en el prefacio, era restaurar la instrucción catequética de la Iglesia antigua, tan tristemente descuidada por los papistas, quienes la sustituyeron por la ceremonia de confirmación, y asegurar una mayor unidad de fe y doctrina en las congregaciones reformadas dispersas. Calvino mostró su tacto de iglesia al poner como base el Credo de los Apóstoles, los Diez Mandamientos y el Padrenuestro. La idea principal es la relación del hombre con Dios y su destino celestial. Todo se divide en cinco partes, como sigue: 1. De la fe: una exposición del Credo (que aquí, como en el Catecismo de Heidelberg, precede a los Diez Mandamientos, mientras que en el primer catecismo de Calvino se observó el orden opuesto); 2. De la Ley, o los Diez Mandamientos; 3. De la oración; 4. De la Palabra de Dios; 5. De los sacramentos. En la edición francesa, el Catecismo se divide en cincuenta y cinco lecciones, para los cincuenta y dos domingos del año y los tres grandes festivales; un método seguido en las ediciones posteriores del Catecismo de Heidelberg.

—Philip Schaff, Creeds of Christendom, with a History and Critical notes. Volume I. The History of Creeds. § 58. The Catechism of Geneva. A.D. 1536 AND 1541. Trad. Romel Q.

Ser irénico es ser completamente bíblico y evangélico en teología, rigurosamente perenne en filosofía, católico en alcance y pacífico en espíritu.

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