Ireneo de Lyon sobre los milagros

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Ireneo de Lyon habló sobre los milagros en el contexto de su polémica contra los gnósticos, los cuales presumían realizar milagros:

Contra Simón, Carpócrates y todos aquellos que presumen de obrar milagros: no lo hacen por el poder de Dios, ni en verdad, ni actúan así para hacer el bien a los demás, sino para dañarlos induciéndolos a error, por medio de una magia ilusoria y un completo fraude, de modo que, en lugar de hacer el bien a quienes creen en sus seducciones, los perjudican. No son capaces de dar la vista a los ciegos, ni el oído a los sordos, ni expulsar a todos los demonios -sino sólo a aquellos que ellos mismos les meten, si es verdad lo que dicen-, ni curar a los enfermos, cojos y paralíticos o dañados en cualquier otro miembro del cuerpo como efecto de alguna enfermedad, ni dar de nuevo la salud a todos aquellos que enferman por accidente1Contra las Herejías II, 31, 2. Edición de la Conferencia Episcopal Mexicana (2000), p. 351..

A diferencia de los gnósticos, Cristo, los apóstoles y la iglesia (aún en tiempos de Ireneo) realizan verdaderos milagros:

Muy lejos están [los gnósticos] de resucitar a los muertos -como lo han hecho el Señor y los Apóstoles por medio de la oración y como en algunos casos ha sucedido en la comunidad cuando ha sido necesario, cuando toda la Iglesia lo ha suplicado con ayunos y plegarias, de modo que «ha regresado al muerto el espíritu» (Lc 8,55) como respuesta a las oraciones de los santos2Contra las Herejías II, 31, 2. Edición de la Conferencia Episcopal Mexicana (2000), p. 351..

Los casos de resurrecciones de muertos en las comunidades cristianas del tiempo de Ireneo le sirven como prueba, contra los gnósticos, de la resurrección corporal:

Ni siquiera creen que esto sea posible [la resurrección]; porque, según ellos, incluso la resurrección de los muertos no es sino el conocimiento de lo que ellos llaman la verdad. De parte de ellos, no hay sino error, seducción, ilusiones mágicas con las que impíamente engañan a las personas3Contra las Herejías II, 31, 2. Edición de la Conferencia Episcopal Mexicana (2000), p. 351..

Estos milagros, como la resurrección de muertos, no eran obrados solo por la comunidad, sino también por ciertos individuos, según «la gracia» que recibieron de Cristo:

Por eso sus discípulos verdaderos en su nombre hacen tantas obras en favor de los seres humanos, según la gracia que de él han recibido. Unos real y verdaderamente expulsan a los demonios, de modo que los mismos librados de los malos espíritus aceptan la fe y entran en la Iglesia; otros conocen lo que ha de pasar, y reciben visiones y palabras proféticas; otros curan las enfermedades por la imposición de las manos y devuelven la salud; y, como arriba hemos dicho, algunos muertos han resucitado y vivido entre nosotros por varios años4Contra las Herejías II, 32, 4, 5. Edición de la Conferencia Episcopal Mexicana (2000), p. 355..

Quienes obraban estos milagros no lo hacían para el beneficio propio, ni mediante «poderes malvados» o «acciones mágicas», sino para el beneficio de los gentiles y por el nombre de Jesucristo:

Son incontables las gracias que la Iglesia extendida por todo el mundo recibe de Dios, para ir día tras día a los gentiles y servirlos en nombre de Jesucristo crucificado bajo Poncio Pilato. Y no lo hacen para seducir a nadie ni para ganar dinero, pues, así como ella lo ha recibido gratis de Dios, así también gratis lo distribuye (Mt 10,8). Y no lo hace por invocación de los ángeles, ni por medio de encantamientos, ni por otros poderes malvados u otro tipo de acciones mágicas; sino que de modo limpio, puro y abierto, elevando su oración al Dios que creó todas las cosas e invocando el nombre de nuestro Señor Jesucristo, hace todos estas obras maravillosas no para seducir a nadie sino para el bien de los seres humanos5Contra las Herejías II, 32, 4, 5. Edición de la Conferencia Episcopal Mexicana (2000), p. 355..

Para Ireneo los milagros confirman la doctrina del evangelio. Si el nombre de Cristo aún realiza milagros, entonces es «evidente» que Él fue hombre, estuvo entre los hombres y realizó todas las obras que anunciaron los profetas. En cambio, los gnósticos, que no pueden hacer estos milagros, no pueden probar ninguna de sus doctrinas:

Pues si hasta hoy el nombre de nuestro Señor Jesucristo hace tantos beneficios y cura de modo seguro y verdadero a todos los que creen en él, y no pueden hacer lo mismo los seguidores de Simón, Menandro, Carpócrates o de cualquier otro, entonces es evidente que él se hizo hombre, convivió con la obra que él mismo había plasmado (Bar 3,38), realmente todo lo llevó a cabo por el poder de Dios según la voluntad del Padre de todas las cosas (Ef 1,9), tal como los profetas habían anunciado6Contra las Herejías II, 32, 4, 5. Edición de la Conferencia Episcopal Mexicana (2000), p. 355..

Como se puede apreciar, Ireneo es un testimonio de la vigencia de los milagros en la era posapostólica. Es importante señalar que él no creía en su vigencia solo por haberlos experimentado, sino también porque los entendía como una parte de la obra evangelística de la iglesia y como una confirmación del evangelio mismo. Por lo tanto, la idea de una cesación de los milagros luego de la era apostólica parece ser impensable para Ireneo. En su tiempo el evangelio aún debía ser predicado y los milagros desempeñaban un papel importante en esa tarea. 

Estudiante de teología (Universidad Católica de Oriente). Editor de Irenismo Reformado y Agustinismo Protestante. Miembro de la Iglesia Presbiteriana 'Gracia y Verdad' (Medellín, Col).

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