El calendario eclesiástico (2): el principio detrás de la práctica reformada

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PARTE 1

PARTE 3

Los consistorios en la tradición reformada holandesa, por ejemplo, las Iglesias Reformadas Unidas en América del Norte, tienen la libertad («pueden»), no la obligación («deben») de convocar celebraciones el «Día de Navidad, el Viernes Santo y el Día de la Ascensión», así como prestar atención a «Pascua y Pentecostés en sus respectivos días del Señor» (Orden eclesiástica, artículo 37). ¿Cuál es el principio detrás de esto?

Un ejemplo de cómo se pueden observar estos días mientras se mantiene una visión reformada de la adoración es la Segunda confesión helvética. Escrita en 1561 por Enrique Bullinger, esta confesión fue uno de los grandes sumarios de la fe Reformada. En esta se nos dice que la celebración de las festividades evangélicas pertenecía a la «libertad cristiana [de] las iglesias» y era aprobada «altamente» (cap. 24). Note la fina distinción implícitamente hecha entre la obligación de Roma y la libertad del Evangelio. En lugar de ver estos días como parte de la contribución continua de los cristianos a su salvación, estos días estaban dentro de la libertad de las iglesias para conmemorar la salvación que Cristo ya había logrado para Su pueblo.

Francisco Turretini también siguió esta dirección. Ya sea que las iglesias celebren o no los puntos culminantes de la obra de Cristo en nuestro favor, «los ortodoxos piensan que esto debe dejarse a la libertad de la iglesia». La razón es que su celebración «no es por necesidad, como de la fe, sino por el consejo de la prudencia para excitar más a la piedad y la devoción»1Francis Turretin, Institutes of Elenctic Theology, 3 vols. (Phillipsburg: P&R, 1994), 2:101.. Y su observancia no se debe a ninguna santidad intrínseca del día, sino al «derecho positivo y a la orden eclesiástica; sin embargo, no es necesaria, como si se tratase de un precepto divino”2Turretin, Institutes, 2:101.. Turretini demuestra que estos días fueron celebrados de esta manera por los reformados en unidad con la iglesia antigua, citando al antiguo historiador Sócrates, quien al detallar el debate entre Oriente y Occidente sobre la celebración de la Pascua, dijo:

Ni los apóstoles, ni el evangelio mismo impusieron el yugo de la esclavitud sobre aquellos que siguen la doctrina de Cristo, sino que dejaron que la fiesta de la Pascua y otras se celebraran según el juicio libre e imparcial de aquellos que habían recibido bendiciones en esos días3Citado en Turretin, Institutes, 2:101..

Esto también se ilustra, según Turretini, por los ejemplos de la celebración de Purim y la fiesta de la dedicación por los judíos. Estas celebraciones no prueban «que esta costumbre deba prevalecer en la iglesia cristiana», sino que «solo muestra que en ciertos días (que se repiten anualmente) puede haber una conmemoración pública de los beneficios singulares de Dios, siempre y cuando estén libres de los abusos, la idea de necesidad, el misterio y la adoración, y la superstición e idolatría»4Turretin, Institutes, 2:102..

Por lo tanto, como concluye Turretini: «Si algunas iglesias reformadas aún observan algunas festividades (…) estas difieren ampliamente de los papistas», por cuatro razones:

1. Estos días están dedicados solo a Dios, y no a las criaturas.
2. No se les atribuye santidad, poder o eficacia por encima de otros días.
3. Los creyentes no están obligados a una abstinencia escrupulosa y estricta en estos días del trabajo servil.
4. La iglesia no está obligada por necesidad a observar estos días inmutablemente5Turretin, Institutes, 2:103..

Por lo tanto, los reformados no han visto estos días como santos, sino como útiles. Incluso el teólogo luterano de Copenhague, K. E. Skydsgaard, al hablar del Viernes Santo, dijo:

El Viernes Santo en sí mismo no posee ningún valor especial, y ninguna «virtud» particular. Nuestro Viernes Santo no es el día en que Jesús murió en la cruz; no es en sí esa «hora» de la que Jesús habló como «su hora». No hay un día para ser elegido por nosotros en lugar de otro. En otras religiones (la judía, por ejemplo), se da un valor especial a un día en particular o a una hora en particular. En la Epístola a los Gálatas (Capítulo 4), Pablo habla de tales observancias de una manera francamente polémica (…) El apóstol Pablo no considera en absoluto esto como una disciplina litúrgica inocente, sino, por el contrario, como un error muy grave (…) Detrás de estos días y estas temporadas se encuentra la adoración de un poder misterioso y formidable (…) Pablo afirma que el regreso a estas observancias es una especie de idolatría, un culto basado en la nada. Él las prohíbe categóricamente, ya que derrocan el Evangelio de Jesucristo. Son un retorno al judaísmo6Stages of Experience: The Year in the Church, trad. J. E. Anderson (Baltimore: Helicon Press, 1965), 47..

Notas:

  1. Francis Turretin, Institutes of Elenctic Theology, 3 vols. (Phillipsburg: P&R, 1994), 2:101.
  2. Turretin, Institutes, 2:101.
  3. Citado en Turretin, Institutes, 2:101
  4. Turretin, Institutes, 2:102.
  5. Turretin, Institutes, 2:103.
  6. Stages of Experience: The Year in the Church, trans. J. E. Anderson (Baltimore: Helicon Press, 1965), 47.

Este artículo fue publicado originalmente en Reformation OC Conference. Traducido por Romel Q.

El Rev. Daniel R. Hyde es el ministro principal de Oceanside Reformed Church en Oceanside, California. Es el autor de 'Una iglesia bien ordenada' y 'De la pluma del pastor Pablo'.

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