El calendario eclesiástico (1): la historia de la práctica reformada

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PARTE 2

PARTE 3

En el amanecer de la Reforma Protestante del siglo XVI, el liderazgo de la Iglesia agobiaba a los fieles con una gran cantidad de días de fiesta, días de santos y otros días santos en los que los fieles debían dejar de trabajar, hacer penitencia y asistir a misa para tener alguna esperanza de salvación. A medida que pasaban los años, el número de estos días aumentaba.

En este contexto aparecieron los reformadores. Junto con el redescubrimiento de la doctrina de la justificación solo por fe hubo un redescubrimiento de la vida cristiana de santificación como una de gratitud, no de culpa. Los reformadores continentales respondieron al sistema medieval de adoración de dos maneras. En primer lugar, restablecieron el Día del Señor como la fiesta principal y el punto focal de la adoración y la vida comunitaria de la Iglesia. En segundo lugar, al eliminar todos los días «santos» además del Día del Señor, los reformadores magisteriales retuvieron lo que llamaron los «días de festividades evangélicas»1Para una introducción útil al tema, véase Leading in Worship, ed., Terry L. Johnson (Oak Ridge: The Covenant Foundation, 1996), 103-4. Véase también Old, Worship, 34-37.. En lugar de ver estos días como parte del logro del cristiano de su salvación, vieron la celebración de estos días como una celebración de la salvación que Cristo ya había logrado para ellos en su Encarnación (Navidad), muerte (Viernes Santo), resurrección (Pascua), ascenso al Padre (Ascensión) y entrega de su Espíritu (Pentecostés). Fueron vistos como tiempos invaluables para celebrar a Cristo y Su Evangelio.

La mayoría de las veces, la acusación es que observar cualquier día, que no sea el Día del Señor, es una violación del principio regulador reformado de la adoración. Este principio proviene del segundo mandamiento, que enseña: «Que de ninguna manera hagamos una imagen de Dios, ni lo adoremos de otra manera que no haya ordenado en Su Palabra» (Catecismo de Heidelberg, p. 96). Un ejemplo de esto es el estimado historiador presbiteriano ortodoxo D. G. Hart. En un libro brillante, dice: «La tradición reformada obviamente se desvía de otras tradiciones de ‘alta iglesia’ con respecto al asunto del calendario eclesiástico»2 D. G. Hart, Recovering Mother Kirk: The Case for Liturgy in the Reformed Tradition (Grand Rapids: Baker Academic, 2003), 31.. Según Hart, esto es obvio, «ya que si los presbiterianos de hoy en día, que se aferran a sus espectáculos navideños y a reverenciar sus servicios de Viernes Santo, tuvieran que confrontar los orígenes de ‘alta iglesia’ de sus días santos favoritos, cambiarían rápidamente de opinión».

Aquí Hart comete tres errores, en mi opinión. En primer lugar, enturbia las aguas invocando las imágenes de «espectáculos navideños», que pueden ser la práctica histórica de Roma o el anglicanismo de ‘alta iglesia’, pero no es la práctica de los reformados. En segundo lugar, hace una falacia genética al argumentar en contra de la Navidad y el Viernes Santo basándose en sus «orígenes de alta iglesia», que pueden ser deplorables, pero que aun así no determinan la práctica de los reformados. En tercer lugar, argumenta en contra del calendario eclesiástico usando un argumento de Red Herring cuando habla de aquellos que «reverencian» estos días «santos». Un creyente reformado puede reverenciar cierto día e incluso considerarlo santo, pero estos no son los términos usados por la práctica reformada histórica de celebrar estos días.

El otro argumento «obvio» de Hart es este: «Desde su comienzo, la tradición reformada, debido a su aplicación del principio regulador de la adoración, se opuso a la celebración de cualquier día que no sea el día de reposo como una asistencia obligatoria para los miembros de la iglesia»3Ibid., 31.. Desafortunadamente para El argumento de Hart, esto no es tan obvio, ¡ya que la práctica de la tradición reformada era exactamente la opuesta!

La historia de la práctica reformada

El Palatinado, la región de Alemania en la que se escribió nuestro Catecismo de Heidelberg, observó la Pascua, la Ascensión, el Pentecostés, la Navidad y el Día de Año Nuevo. La rúbrica titulada «Orden de los días santos» declaró:

Orden de los días santos: los días santos se guardarán de la misma manera que el domingo. Se observarán estos días santos: todos los domingos, la Navidad y el día siguiente, el día de Año Nuevo, la Pascua y el día siguiente, el día de la Ascensión, el Pentecostés y el lunes siguiente. En Navidad y el día siguiente, la base de nuestra salvación, es decir, las dos naturalezas en Cristo y el beneficio que obtenemos de ellas, se expondrán en las narraciones del nacimiento de Cristo, como se trata al final de la Parte I y el comienzo de la Parte II del Catecismo.

Los ministros en las ciudades también pueden comenzar a explicar las narraciones de la Pasión en el domingo Invocavit y seguir las mismas hasta la Pascua, según la conveniencia de cada iglesia en particular.

En la Pascua y el lunes siguiente, se predicarán las narraciones de la resurrección de Cristo, a fin de que la congregación cristiana pueda recibir una instrucción buena y básica de la Sagrada Escritura sobre los dos artículos principales de nuestra fe cristiana; a saber, que Cristo se levantó de entre los muertos al tercer día, y que nosotros también nos levantaremos de entre los muertos.

El festival de la ascensión de Cristo también tiene sus narraciones, como están escritas en los Hechos de los Apóstoles, capítulo 1, y en otros lugares. En ellas, podemos enseñar y predicar sobre aquellos artículos de nuestra fe en los que profesamos que Cristo ha ascendido al cielo, y que está sentado a la diestra de Dios, de donde vendrá a juzgar a los vivos y a los muertos.

En Pentecostés y el lunes siguiente, el segundo capítulo de los Hechos de los Apóstoles será la base de la predicación4The Living Theological Heritage of the United Church of Christ, series ed., B. B. Zikmund, 3 vols. (Cleveland: The Pilgrim Press, 1997), 2:374 n4. Véase Bard Thompson, «The Palatinate Church Order of 1563». Church History 23:4 (December 1954): 339-54..

En el primer himnario publicado para la adoración del Palatinado en 1565, había 44 Salmos, 55 cánticos y 11 himnos. Más tarde, en la segunda edición de 1573, se incluyeron los 150 Salmos, la sección del cántico se expandió para incluir el Nunc Dimittis y Te Deum, mientras que la sección de himnos se dividió en los himnos catequéticos de Lutero, los himnos para el calendario eclesiástico desde Adviento hasta Pentecostés y los himnos tópicos5Deborah Rahn Clemens, «Foundations of German Reformed Worship in the Sixteenth Century Palatinate» (PhD diss., Drew University, 1995).. La liturgia del Palatinado, contenida en la Orden de la Iglesia (Kirchenordnungen) comenzaba con la siguiente rúbrica:

Antes del Sermón, especialmente en la mañana del domingo y los días santos, y en los días de ayuno, la siguiente oración será entregada a la gente, en la cual la congregación cristiana recuerda explícitamente la miseria del hombre, y la gracia salvadora de Dios es implorada, para que los corazones se vuelvan humildes y más deseosos de recibir la Palabra de gracia6Heritage of the United Church of Christ, 2:360..

El Kirchenordnungen especificaba los textos que se predicarían en Navidad, Pascua, Ascensión y Pentecostés, a la vez que permitía a las iglesias la libertad de celebrar el «Viernes Santo» en el domingo de Invocavit. También hay oraciones para Navidad, Año Nuevo, Viernes Santo, Pascua, Ascensión y Pentecostés7J. H. A. Bomberger, «The Old Palatinate Liturgy of 1563». The Mercersburg Review 2:1 (January 1850): 84. Para las oraciones de navidad, pascua y pentecostés, véase J. H. A. Bomberger, «The Old Palatinate Liturgy of 1563». The Mercersburg Review 2:3 (May 1850): 275-7. Sobre la contribución de Bomberger a la liturgia de la Iglesia Reformada Alemana a mediados del siglo XIX, véase Michael A. Farley, «A Debt of Fealty to the Past: The Reformed Liturgical Theology of John H. A. Bomberger». Calvin Theological Journal 39:2 (November 2004): 332-56..

En la ciudad de Estrasburgo, el erudito del Antiguo Testamento Wolfgang Capito, y el reformador litúrgico Martín Bucero, estudiaron el tema del calendario eclesiástico. Después de rechazar originalmente cualquier día, excepto el Día del Señor en el Grund und Ursach, ambos llegaron a la posición de celebrar los días de las festividades evangélicas8Old, Worship, 36.. El Salterio de Estrasburgo de 1537 comenzó a incluir himnos festivos, especialmente los de la Iglesia de Constanza. Esto, por supuesto, indica la observancia de estas festividades. Además, en 1548, Martín Bucero, en nombre de los ministros de Estrasburgo, escribió Un breve resumen de la doctrina cristiana en respuesta a un tratado anabautista anónimo. Uno de los puntos que Bucero tocó fueron las «festividades cristianas», sin duda porque estos anabautistas rechazaban el Día del Señor y otras celebraciones. Después de una breve exposición del Día del Señor, el «festival general del Señor», Bucero continuó diciendo:

De la misma manera deben observarse los otros festivales y temporadas que se han prescrito, con miras al aumento de la piedad al meditar sobre las grandes obras del Señor realizadas para nuestra redención y salvación eterna, y para dar gracias a Dios por ellas. Tales festividades son las de la Encarnación y la Natividad de Cristo, de su Ascensión, etc.9Common Places de Martin Bucer, trad. y ed., D. F. Wright, The Courtenay Library of Reformation Classics 4 (Appleford: The SDutton Courtenay Press, 1972), 90..

Observe que el propósito de estas festividades era doble: aumentar la piedad al meditar sobre la obra de Cristo y dar gracias por esta obra. ¿En qué se basó la Iglesia para celebrar tales festividades? Más tarde, en 1562, se publicaron las Conferencias de Bucero sobre Efesios. Al final de sus conferencias sobre el capítulo 1, él discute la unidad de la Iglesia y habla de las cosas necesarias para la unidad y las cosas indiferentes (adiaforía), diciendo: «La unidad no es necesaria en nada que no esté establecido en la Palabra; aquí hay un grado de libertad. Por lo tanto, en lo que respecta a los ritos creados por el hombre, se pueden hacer diferentes arreglos en diferentes lugares que mejor se adapten a la edificación»10Ibid., 208.. Las observancias en la Iglesia se dividen en tres clases:

1. Observancias (…) con respecto a las cuales la Escritura contiene instrucciones explícitas.
2. Observancias (…) que no están explícitamente prescritas por la Escritura pero que, sin embargo (…) se puede demostrar que están de acuerdo con la Escritura [aquí Bucero da los ejemplos del bautismo infantil, la santificación del Día del Señor y la admisión de mujeres a la Cena del Señor].
3. Observancias (…) instituidas por hombres reverentes en la Iglesia, como las formas de oración, los tiempos de ayuno, los arreglos leccionarios, los detalles de lugar, etc. Siempre y cuando no vayan contra la voluntad divina, sino que tengan su promoción como su objeto y también tengan en cuenta la pureza doctrinal11 Ibid., 210..

Asimismo, en su tratado de 1549 The Restoration of Lawful Ordination for Ministers of the Church, Bucero enumera los puntos en los que un candidato para el ministerio debía ser examinado, entre ellos los siguientes:

23. Si cree que incurrimos en el severo disgusto de Dios cuando no dedicamos el Día del Señor y otros días especialmente consagrados a ejercicios piadosos, abandonando no solo las labores físicas útiles sino mucho más todas las obras inútiles y dañinas de la carne (…) Porque cualquier recreación legítima que se permita generalmente al pueblo, nunca se puede permitir correctamente en días especialmente apartados para la adoración divina12Ibid., 264..

Juan Ecolampadio, el reformador de Basilea, fue de lejos el principal erudito patrístico protestante. Aunque hoy no es muy conocido, los reformadores respetaron mucho su opinión. El término «días de festividades evangélicas» es principalmente su obra. Poco después, Zuinglio, Bucero y Calvino lo tomaron. Ecolampadio tradujo los sermones sobre las festividades predicados por Gregorio Nacianceno y otros padres griegos. Esta lista de festividades eclesiásticas era bastante común en la antigua iglesia griega.

Antes de que el gran Sínodo de Dort (1618-19) adoptara lo que se convirtió en la Orden Eclesiástica de todas las iglesias reformadas de herencia holandesa, el Sínodo de Dort más temprano (1574) solo habló del Día del Señor. Sin embargo, este decidió que el domingo antes de Navidad los ministros debían predicar sobre el nacimiento de Cristo, y que tanto los domingos de Pascua como de Pentecostés, la resurrección y el derramamiento del Espíritu Santo también debían ser predicados13Idzerd Van Dellen and Martin Monsma, The Church Order Commentary (reimpresión; Wyoming, MI: Credo Books, 2003), 273, 274.. Luego, en el próximo Sínodo de Dort (1578), se decidió tener sermones sobre Navidad, Pascua y Pentecostés, y los días siguientes, así como sobre la Ascensión y el Año Nuevo, ya que estas eran fiestas nacionales en las que se sabía que el libertinaje era rampante. Las iglesias, entonces, aprovecharon estas oportunidades para reunir a las iglesias para ejercicios santos de piedad en lugar de fiestas y vidas impías14Ibid., 274..

Y así, el Sínodo de Dort, ante la insistencia de los comisionados de los Estados de Holanda, dijo lo siguiente con respecto a los días de fiesta en su Orden Eclesiástica, artículo 67:

Las Iglesias observarán, además del domingo, también Navidad, Pascua y Pentecostés, con el día siguiente, y mientras que en la mayoría de las ciudades y provincias de los Países Bajos también se observa el día de la Circuncisión y de la Ascensión de Cristo, los Ministros en cada lugar donde esto aún no se haya hecho deberán tomar medidas con el Gobierno para que se conformen a los demás15Como se cita en The Psalter (Grand Rapids: Eerdmans, July 1999 edition), 187..

Este artículo original fue ampliado por la Iglesia Cristiana Reformada en su Orden Eclesiástica de 1934, que dice:

Las iglesias deberán observar, además del domingo, también Navidad, Viernes Santo, Pascua, el Día de la Ascensión, Pentecostés, el Día de Oración, el Día Nacional de Acción de Gracias y el Día de Año Nuevo16Psalter Hymnal (Grand Rapids: Christian Reformed Church, 1934), 124. It is interesting to note that the Synod of the Christian Reformed Church 1926, sustained the judgment of a Classis against a Consistory for failure to a service on New Year’s Day. Acts 1926, article 78, p. 97..

Notas:

  1. Para una introducción útil al tema, véase Leading in Worship, ed., Terry L. Johnson (Oak Ridge: The Covenant Foundation, 1996), 103-4. Véase también Old, Worship, 34-37.
  2. D. G. Hart, Recovering Mother Kirk: The Case for Liturgy in the Reformed Tradition (Grand Rapids: Baker Academic, 2003), 31.
  3. Ibid., 31.
  4. The Living Theological Heritage of the United Church of Christ, series ed., B. B. Zikmund, 3 vols. (Cleveland: The Pilgrim Press, 1997), 2:374 n4. Véase Bard Thompson, «The Palatinate Church Order of 1563». Church History 23:4 (December 1954): 339-54.
  5. Deborah Rahn Clemens, «Foundations of German Reformed Worship in the Sixteenth Century Palatinate» (PhD diss., Drew University, 1995).
  6. Heritage of the United Church of Christ, 2:360.
  7. J. H. A. Bomberger, «The Old Palatinate Liturgy of 1563». The Mercersburg Review 2:1 (January 1850): 84. Para las oraciones de navidad, pascua y pentecostés, véase J. H. A. Bomberger, «The Old Palatinate Liturgy of 1563». The Mercersburg Review 2:3 (May 1850): 275-7. Sobre la contribución de Bomberger a la liturgia de la Iglesia Reformada Alemana a mediados del siglo XIX, véase Michael A. Farley, «A Debt of Fealty to the Past: The Reformed Liturgical Theology of John H. A. Bomberger». Calvin Theological Journal 39:2 (November 2004): 332-56.
  8. Old, Worship, 36.
  9. Common Places de Martin Bucer, trad. y ed., D. F. Wright, The Courtenay Library of Reformation Classics 4 (Appleford: The SDutton Courtenay Press, 1972), 90.
  10. Ibid., 208.
  11. Ibid., 210.
  12. Ibid., 264.
  13. Idzerd Van Dellen and Martin Monsma, The Church Order Commentary (reimpresión; Wyoming, MI: Credo Books, 2003), 273, 274.
  14. Ibid., 274.
  15. Como se cita en The Psalter (Grand Rapids: Eerdmans, July 1999 edition), 187.
  16. Psalter Hymnal (Grand Rapids: Christian Reformed Church, 1934), 124. It is interesting to note that the Synod of the Christian Reformed Church 1926, sustained the judgment of a Classis against a Consistory for failure to a service on New Year’s Day. Acts 1926, article 78, p. 97.

Este artículo fue publicado originalmente en Reformation OC Conference. Traducido por Romel Q.

El Rev. Daniel R. Hyde es el ministro principal de Oceanside Reformed Church en Oceanside, California. Es el autor de 'Una iglesia bien ordenada' y 'De la pluma del pastor Pablo'.

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