Zuinglio: Ella tenía que ser siempre virgen

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Porque si la virgen hubiese concebido de la semilla de un hombre, ¿no hubiese sido contaminado el nacimiento? Y si una mujer que antes hubiese conocido a un hombre lo hubiese concebido [a Cristo], incluso del Espíritu Santo, ¿quién hubiese creído jamás que el niño que nació era del Espíritu Santo? Porque la naturaleza no conoce nacimiento que no esté manchado. Como se dice: «Fui formado en iniquidad, y en pecado me concibió mi madre» (Sal. 51:5). Por lo tanto, tenía que ser virgen, y también siempre virgen, aquella que daría a luz a aquel en quien no puede haber la menor sospecha de mancha (…) Isaías (7:14) dice que que una virgen concebirá y dará a luz. ¿Qué hay de maravilloso en que una virgen concibiera? ¿Alguna vez concibió una mujer que no haya sido antes virgen, además de nuestra virgen? Pero lo poco común es que aquella que concibe y da a luz permanezca virgen. Nuestra virgen, entonces, permanece virgen, y permaneciendo virgen, es siempre virgen; de otra manera no permanecería virgen. Y esto lo indica finamente Ezequiel, diciendo [44:2]: «Esta puerta será cerrada; no será abierta ni hombre alguno entrará por ella; porque el Señor, el Dios de Israel, ha entrado por ella; por lo tanto, será cerrada para el príncipe».

Ulrico Zuinglio (1484-1531), Commentary on True and False Religion, vol. 3 en The Latin Works and Correspondence of Huldreich Zwingli (Heidelberg Press: Filadelfia, 1929), págs. 113-114. Ed. Samuel Macauley Jackson y Clarence Nevin Heller. Trad. Romel Quintero. 

Ser irénico es ser completamente bíblico y evangélico en teología, rigurosamente perenne en filosofía, católico en alcance y pacífico en espíritu.

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