Turretini sobre la autoridad de los Padres de la Iglesia

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¿Son los escritos de los Padres la regla de verdad en las doctrinas de fe y en la interpretación de las Escrituras? Esto lo negamos contra los papistas.

I. Aunque en cuanto a la cuestión anterior ya estamos satisfechos con que los Padres no pueden sentarse como jueces en las controversias de fe; sin embargo, debido a que los papistas suelen recurrir a ellos y están acostumbrados a imponernos el consenso de los Padres como una regla de verdad, debemos dedicar una cuestión separada a este argumento, el cual es de gran importancia en las controversias actuales.

II. Por «los Padres» no queremos decir con Agustín los apóstoles como los primeros fundadores y patriarcas de la iglesia cristiana (Salmo 45, NPNF1, 8: 153), sino (de acuerdo con el uso actual que es sancionado por los antiguos) los maestros de la iglesia primitiva que (después de la muerte de los apóstoles) enseñaron e ilustraron la doctrina de la salvación, tanto de forma oral como escrita. En cuanto a la época, estos vivieron muchos años antes de nuestros tiempos; en cuanto a la doctrina (al enseñarla a sus discípulos), engendraron hijos para Dios en la Iglesia.

III. Si bien algunos extienden su época hasta el siglo X, no creemos que deba extenderse más allá del VI. Porque es claro que la pureza de la doctrina y la adoración se corrompió en gran manera después del sexto siglo (en el que el Anticristo alzó su cabeza), y así, el error y la superstición se incrementaron por el justo juicio de Dios. En el primer siglo, después de la muerte de los apóstoles, los principales Padres fueron Ignacio y Policarpo, cuyos escritos aún existen. En el segundo, Justino Mártir e Ireneo. En el tercero, Tertuliano, Clemente de Alejandría, Orígenes, Cipriano, Arnobio y Lactancio. En el cuarto, Atanasio, Eusebio de Cesarea, Hilario de Poitiers, Basilio, Gregorio Nacianceno, Ambrosio, Jerónimo, Gregorio de Nisa, Epifanio y Juan Crisóstomo. En el quinto, Agustín, Cirilo de Alejandría, Teodoreto, Hilario de Arlés, Prospero de Aquitania y Leo I. En el sexto, Fulgencio el africano, Gelasio de Cícico, Gregorio el Grande y otros.

IV. Hay tres opiniones entre los papistas sobre la autoridad de los padres. En primer lugar, aquellos que los igualan a las Escrituras; a los que pertenecen los decretos del Glossator, que afirman que «los escritos de los padres son verdaderos, tanto individualmente como colectivamente» (Dist .9+). En segundo lugar (lo opuesto), aquellos que sostienen que sus escritos son meramente humanos y, por lo tanto, incapaces de ser una regla de fe. Esta fue la opinión de Cayetano («Praefatio», Commentarii…en quinque Mosaicos libros en Sacrae Scripturae [1639], vol. 1) y de los papistas más sabios. En tercer lugar, aquellos que, manteniendo una posición intermedia, admiten que la autoridad de los padres individuales es humana y falible, pero piensan que el consenso común y universal de los padres en las controversias es infalible y divino. Esta fue la opinión del Concilio de Trento, donde se afirmó «que las tradiciones de los Padres con respecto a fe y práctica deben ser recibidas con igual afecto de piedad que el Antiguo y el Nuevo Testamento» (Sesión 4, Schroeder, p. 17). Y, en el mismo lugar, dice: «se prohíbe que cualquiera se atreva a interpretar las Escrituras en contra del sentido que la santa madre iglesia ha sostenido, o que ahora sostiene (…) o incluso en contra del consenso unánime de los Padres» (Sesión 4, Schroeder, p .19). La mayoría de los papistas (Stapleton, Belarmino, Canus, Valentia y otros) están de acuerdo con esto.

V. Los ortodoxos [los reformados], aunque tenemos a los padres en gran estima y los consideramos muy útiles para conocer la historia de la iglesia antigua, y nuestra opinión en cuanto a las doctrinas cardinales está en conformidad con ellos, negamos que su autoridad, ya sea como individuos o en conjunto, pueda llamarse autoritativa en los asuntos de fe y en la interpretación de las Escrituras, de modo que por su juicio debamos permanecer en pie o caer. Su autoridad es solo eclesiástica y está subordinada a las Escrituras, y no tiene peso excepto en la medida que acuerde con ellas.

Francisco Turretini, Institutes of Elenctic Theology, ed. James T. Dennison Jr., trad. George Musgrave Giger, vol. 1 (Phillipsburg, NJ: P&R Publishing, 1992–1997), 2.21.1–5 [p. 162–163]. Traducción: Romel Quintero.

Ser irénico es ser completamente bíblico y evangélico en teología, rigurosamente perenne en filosofía, católico en alcance y pacífico en espíritu.

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