Justino Mártir sobre los sacrificios de los cristianos

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Justino Mártir, en un debate con un judío llamado Trifón, conocido como el Diálogo con Trifón1Trifón probablemente era un interlocutor falso que representaba un típico maestro judío de la época que se oponía al cristianismo., intenta mostrar que los sacrificios de los judíos ya no son agradables a Dios, sino que ahora Él se agrada de los «sacrificios» de los cristianos. En este contexto, Justino interpreta la profecía de Malaquías 1:10-12 como una referencia a la Cena del Señor, o la Eucaristía:

«Ya entonces, anticipadamente, [Malaquías] habla de los sacrificios que nosotros, las naciones, le ofrecemos en todo lugar, es decir, del pan de la Eucaristía y lo mismo del cáliz de la Eucaristía»2Tomado de Padres Apostólicos y Apologistas Griegos, ed. Daniel Ruiz Bueno (BAC, 2009)..

Más adelante, Justino repite lo mismo, siguiendo nuevamente a Malaquías:

«Dios atestigua de antemano que le son agradables todos los sacrificios que se le ofrecen por el nombre de Jesucristo, los sacrificios que éste nos mandó ofrecer, es decir, los de la Eucaristía del pan y del vino, que celebran los cristianos en todo lugar de la tierra».

El pan y el vino, entonces, son los «sacrificios» de los cristianos. Pero ¿en qué sentido? Justino explica:

«Ahora bien, que las oraciones y acciones de gracias hechas por hombres dignos son los únicos sacrificios perfectos y agradables a Dios, yo mismo os lo concedo. Justamente esos son los que los cristianos han aprendido a ofrecer hasta en la conmemoración del pan y del vino, en que se recuerda la pasión que por su amor sufrió el Hijo de Dios».

El pan y el vino son «sacrificios» porque «en la conmemoración» hecha a través de ellos se ofrecen «oraciones y acciones de gracias». En su primera Apología, Justino señala estas «oraciones y acciones de gracias» como parte del servicio eucarístico:

«Al que preside a los hermanos, se le ofrece pan y un vaso de agua y vino, y tomándolos él tributa alabanzas y gloria al Padre del universo por el nombre de su Hijo y por el Espíritu Santo, y pronuncia una larga acción de gracias, por habernos concedido esos dones que de Él nos vienen. Y cuando el presidente ha terminado las oraciones y la acción de gracias, todo el pueblo presente aclama diciendo: Amén».

Y:

«Nos levantamos todos a una y elevamos nuestras preces, y estas terminadas, como ya dijimos, se ofrece pan y vino y agua, y el presidente, según sus fuerzas, hace igualmente subir sus preces y acciones de gracias y todo el pueblo exclama diciendo ‘amén’».

La eucaristía es el sacrificio de los cristianos, ya que en ella se ofrecen oraciones y acciones de gracias que «son los únicos sacrificios perfectos y agradables a Dios». Ya Dios no se agrada de los sacrificios cruentos de los judíos, sino de los sacrificios espirituales de los cristianos en la eucaristía.

Estudiante de teología (Universidad Católica de Oriente). Editor de Irenismo Reformado y Agustinismo Protestante. Miembro de la Iglesia Presbiteriana 'Gracia y Verdad' (Medellín, Col).

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