La ley natural en Clemente de Roma

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En la así conocida carta de Clemente a los corintios, Clemente de Roma, presbítero de la iglesia de Roma a fines del siglo primero, se enfoca en restaurar el orden de una iglesia que sufre de desarmonía. En un punto Clemente hace una apelación a la armonía de la creación como un ejemplo que los corintios deben seguir. Esta «armonía de la creación» es lo que luego en la teología cristiana se llamaría «ley natural»:

XIX. 1. La humildad y sumisión de tantos y tales hombres acreditados no sólo nos hizo mejores a nosotros por la obediencia, sino también a las generaciones que nos precedieron y a los que acogieron sus palabras con temor y verdad.

2. Así pues, hechos partícipes de las muchas, grandes y gloriosas acciones, corramos hacia la meta de paz que nos fue transmitida desde el principio y fijemos los ojos en el Padre y Creador de todo el cosmos y unámonos a sus magníficos y extraordinarios dones y beneficios de paz. Contemplémosle con el pensamiento y miremos con los ojos del alma su paciente designio. Reflexionemos cuán dulce es con toda su creación.

XX. 1. Los cielos movidos por su gobierno se le someten en paz. 2. El día y la noche recorren la carrera impuesta por Él sin que se estorben mutuamente. 3. El sol, la luna y los coros de las estrellas recorren, según su mandato, en armonía y sin ninguna desviación, las orbitas que les han sido prescritas. 4. La tierra, fecunda por voluntad suya, produce en distintos tiempos alimento abundante para los hombres, las fieras y todos los animales que existen sobre ella, sin discrepar ni cambiar nada de lo que ha sido decretado por Él. 5. Los juicios inescrutables de los abismos y los indescriptibles de las profundidades se mantienen con los mismos mandatos. 6. La cavidad del mar infinito, organizado en asambleas por su obra creadora, no traspasa las cerraduras que le fueron puestas, sino que se comporta tal como (Dios) le ordenó. 7. Pues dijo: Hasta aquí llegarás y tus olas en ti se romperán (Job 38, 11). 8. El océano, ilimitado para los hombres, y los mundos que están más allá de él son gobernados por las mismas órdenes del Señor. 9. Las estaciones de la primavera, verano, otoño e invierno se suceden unas a otras en paz. 10. Los escuadrones de los vientos, a su debido tiempo, ejecutan su tarea sin tropiezo. Las fuentes perennes, creadas para el goce y la salud, ofrecen sin falta sus pechos para la vida de los hombres. Y los animales más pequeños se agrupan en concordia y paz. 11. El gran Creador y Señor del universo mandó que todas estas cosas se mantuvieran en paz y concordia, derramando el bien sobre todos y, sobreabundantemente, sobre nosotros que nos hemos refugiado en sus misericordias por medio de nuestro Señor Jesucristo. 12. A Él la gloria y la grandeza por los siglos de los siglos. Amén1Carta de Clemente de Roma a los corintios, ed. Juan José Ayán Calvo, editorial Ciudad Nueva, 1994..

Notas:

  1. Carta de Clemente de Roma a los corintios, ed. Juan José Ayán Calvo (editorial Ciudad Nueva, 1994).

Estudiante de teología (pregrado, Universidad Católica de Oriente) y traductor de literatura teológica. Editor de Irenismo Reformado y coeditor de Agustinismo Protestante. Miembro de la Iglesia Presbiteriana 'Gracia y Verdad' (Medellín, Col), donde sirve ocasionalmente en la enseñanza.

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