¿Es Dios el autor del mal? (Ursino)

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Zacarías Ursino trata la cuestión de si Dios es autor del pecado en su comentario al Catecismo de Heidelberg, pregunta 27. Para explicarla introduce una distinción muy importante: mal de culpa y mal de castigo:

«El mal es doble: el mal de culpa, que es pecado, y el mal de castigo, que incluye cada aflicción, destrucción o enojo que Dios inflige a Sus criaturas racionales a causa del pecado. Tenemos un ejemplo de maldad bajo ambas formas en Jeremías 18:8 (RVR1960): «Pero si esos pueblos se convirtieren de su maldad contra la cual hablé, yo me arrepentiré del mal que había pensado hacerles»1The Commentary of Dr. Zacharaias Ursinus on the Heidelberg Catechism. Translated from the original latin by Rev. G. W. Williard, A. M. La traducción es mía.

Uno era el mal (de culpa/pecado) que habían hecho «los pueblos», y otro el  mal (de castigo) que Dios iba a hacerles a causa del mismo mal que habían hecho. Dios, entonces, es «el autor del castigo», o del mal de castigo. Esto se prueba por las Escrituras, que «en todas partes, a una sola voz, atribuyen los castigos de los impíos, así como los correctivos, pruebas y martirios de los santos, a la voluntad eficaz de Dios». Por ejemplo: «¿Habrá algún mal en la ciudad, el cual Jehová no haya hecho?» (Amós 3:6). En cambio, Dios no es el autor de los males de culpa, ya que en su naturaleza estos son pecados: «Por lo tanto, Dios no los desea, ni tienta a los hombres a realizarlos, ni los efectúa ni contribuye a ellos». No obstante, Dios «permite que los demonios y los hombres los cometan, o no les prohíbe que los cometan cuando tiene el poder para hacerlo». Ursino cree que la palabra «permitir» no se debe rechazar, ya que la Escritura la usa. Él ofrece los siguientes ejemplos: «No te permití que la tocases». «Dios no le ha permitido que me hiciese mal». «No consintió que nadie los agraviase». «En las edades pasadas él ha dejado a todas las gentes andar en sus propios caminos» (Gn. 20:6; 31:7; Sal. 105:14; Hch. 14:16). Sin embargo, él aclara: 

«Debemos tener un entendimiento correcto de la palabra para no quitar a Dios una porción considerable del gobierno del mundo, y de los asuntos humanos. Porque este permiso no es una contemplación o suspensión indiferente de la providencia y obra de Dios en lo que respecta a las acciones de los impíos, de lo que resulta que estas acciones no dependen tanto de alguna primera causa, como de la voluntad de las criaturas que actúan; sino que es una privación de la gracia divina por la cual Dios (mientras cumple los decretos de Su voluntad a través de criaturas racionales) no hace saber a la criatura que actúa lo que Él mismo quiere que se haga, o no inclina la voluntad de la criatura para rendir obediencia, y para realizar lo que es conforme a Su voluntad».

En resumen, en un sentido Dios no es el autor del mal, y en otro sentido lo es. Todo depende de qué «mal» hablemos. Dios no es el autor del mal en el sentido de que sea el autor del pecado. Él solo lo permite. No obstante, este «permitir» no empequeñece a Dios. Ursino dice que «incluso las más pequeñas cosas están dentro de la providencia de Dios, de modo que todo lo que se hace, sea bueno o malo, llega a pasar no por casualidad, sino por el consejo eterno de Dios, que lo produce si es bueno, y lo permite si es malo». Como se ve, el «permitir» está también dentro del consejo divino, por lo que en última instancia «todas las obras y los consejos de Dios deben ser atribuidos a Él, sin controversia». Sin embargo, esto no lleva a Ursino a decir que Dios sea el autor del pecado. Él nunca usa la palabra «autor» para referirse a Dios cuando trata el mal de culpa (pecado). 

Estudiante de teología (Universidad Católica de Oriente). Editor de Irenismo Reformado y Agustinismo Protestante. Miembro de la Iglesia Presbiteriana 'Gracia y Verdad' (Medellín, Col).

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