Ireneo: El decálogo es la ley natural

3

En Contra las herejías 4.16, Ireneo de Lyon distingue entre las partes de la legislación mosaica que están abrogadas y las que aún están en vigor. Él hace al menos dos divisiones: una de signos temporales y una de aplicabilidad y validez eterna.

La circuncisión entra en el primer grupo: «La Escritura enseña, además, que Dios dio la circuncisión no como la cumbre de la justicia, sino como un signo por el cual se reconociese la raza de Abraham (…) Así pues, Dios les dio estas cosas como signos. Y tales signos no dejaban de ser símbolos, es decir, no carecían de significado, ni eran inútiles, pues se los dio la sabiduría de un artista, ya que la circuncisión carnal simbolizaba la espiritual»1Curiosamente, Ireneo ve los sábados en esta misma categoría de «signo» y, sin embargo, sostiene que el Decálogo es eterno, mientras que la circuncisión es solo temporal..

Estas señales no tienen nada que ver con la justificación del hombre ante Dios, como lo demuestra Abraham, y no solo Abraham, sino también Lot, Noé y Enoc:

Prueba de que estas prácticas no justificaban al ser humano, sino que servían de signo al pueblo, es que Abraham «creyó y le fue reputado a justicia, hasta el punto de llamarse el amigo de Dios» (Sant 2,23; Gén 15,6), sin la circuncisión y sin la observancia del sábado. Lot fue sacado de Sodoma sin estar circuncidado, para recibir de Dios la salvación. Noé era incircunciso, y sin embargo a tal punto agradó al Señor que éste le comunicó las medidas con las cuales el mundo sería regenerado. También Enoch agradó a Dios sin la circuncisión, pues, siendo hombre, Dios lo envió como su legado ante los ángeles y «fue arrebatado» (Heb 11,5; Gén 5,24), y vive hasta hoy como testigo del juicio de Dios, porque los ángeles caídos fueron castigados, en cambio el hombre que agradó a Dios fue elevado para salvarse. Toda la enorme multitud de justos que existieron antes de Abraham, así como todos los patriarcas que vivieron antes de Moisés, fueron justificados sin lo que hemos dicho y sin la Ley de Moisés.

Antes de Abraham y Moisés, Ireneo dice que los patriarcas «tenían el decálogo escrito en su corazón y en su espíritu, pues amaban a Dios que los hizo y se abstenían de hacer todo mal a su prójimo». Sin embargo, con el tiempo, los hombres olvidaron esta justicia: en Egipto «cayó en el olvido y se extinguió». Como resultado, Dios la mostró de nuevo en forma escrita. Los objetivos del Decálogo escrito eran los mismos que los del Decálogo no escrito:

Luego les ordenó el amor a Dios y la justicia que implica el amor al prójimo; de modo que, a fin de que el hombre no sea ni injusto ni indigno de Dios, lo instruyó mediante el decálogo en la amistad consigo y en la concordia para con su prójimo. Todas estas cosas eran para provecho del ser humano, aunque de él Dios no necesitaba nada.

Dios, por supuesto, dio muchas otras leyes a los israelitas. Sin embargo, Ireneo ve importancia en la diferencia entre las formas en que los Diez Mandamientos, por un lado, y el resto de la legislación mosaica, por el otro, fueron entregados. En primer lugar, el Decálogo:

A fin de preparar al ser humano para este tipo de vida, el Señor mismo habló, dándoles a ellos y a todos los demás las palabras del decálogo: por ese motivo duran hasta nosotros, y por su venida a nuestra carne les ha hecho crecer y perfeccionarse, no las ha abolido.

El Señor habló estas palabras a Israel in propria persona. El resto de la legislación, en contraste, es abolida:

En cuanto a los preceptos adecuados a un estado de servidumbre, se los dio aparte por medio de Moisés, a fin de instruirlos y castigarlos, pues Moisés mismo lo dijo: «El Señor me mandó en aquel momento enseñaros estos preceptos y mandatos» (Dt 4,14).

Tenga en cuenta un par de cosas. En primer lugar, todas las leyes siguen siendo la Palabra de Dios. Pero Dios dio un conjunto (el conjunto eterno) de inmediato, y el otro conjunto (el conjunto temporal) de manera mediada a través de Moisés, el autor del sistema político israelita. Estas leyes temporales eran una señal, y ahora están canceladas en favor de lo que Ireneo llama el «Nuevo Testamento de la libertad»:

Por este motivo en el Nuevo Testamento de la libertad abolió los mandamientos que les había dado como en figura para el estado de servidumbre.

Sin embargo, los otros mandamientos continúan, y no solo eso, sino que crecen y se amplían por el mismo Jesús encarnado. Ireneo ya ha afirmado esto, pero ahora lo amplía e identifica el Decálogo con la ley natural y común:

En cambio amplió e hizo crecer aquellos que son naturales, impulsan la libertad y son comunes a todos; concediendo a los seres humanos benigna y generosamente, por la filiación adoptiva, conocer y amar a Dios Padre de todo corazón, y seguir sin desviación a su Verbo, no sólo absteniéndose de realizar las malas obras sino incluso de desearlas.

¿Por qué? ¿Para que ahora puedan ser justificados por el cumplimiento de la Ley, en contraste con el pueblo de Dios bajo el Antiguo Pacto? No es así, dice Ireneo. La Ley tiene una función probatoria. La obediencia a ella prueba y proporciona evidencia de fe para aquellos que han recibido libertad y poder:

Así aprendemos que daremos cuenta a Dios no sólo de los hechos, como los esclavos, sino también de las palabras y pensamientos, sobre los cuales él nos hizo libres y los puso bajo nuestro poder; y en estas cosas el ser humano da mejor prueba de respetar, temer y amar al Señor. Por eso Pedro dice que no se nos dio la libertad como un velo para encubrir la maldad (1 Pe 2,16), sino para probar y manifestar la fe (1 Pe 1,7).

Notas:

1. Curiosamente, Ireneo ve los sábados en esta misma categoría de «signo» y, sin embargo, sostiene que el Decálogo es eterno, mientras que la circuncisión es solo temporal.

Este artículo fue publicado originalmente en The Calvinist International. Traducido por Romel Q.

Profesor de clásicos en Hillsdale College.

Related Posts

1 Response

Leave a Reply