La Confesión de Hungría sobre el día de reposo y las festividades cristianas

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Realizamos el servicio divino públicamente de acuerdo con la santificación del día de reposo de la siguiente manera: enseñando, escuchando, administrando los sacramentos y congregándonos. En este día, prohibimos trabajos que obstaculicen la santificación pública del día de reposo, como lo hicieron Cristo y los apóstoles. Guardamos el «octavo día», o el primer día de la semana, como el Día del Señor. No olvidamos las obras de caridad, la necesidad del prójimo y la misericordia; porque estas obras son la parte mayor de la adoración divina. Dios es más honrado por estas obras en la iglesia de Cristo que por las ceremonias arbitrarias. Los cristianos son señores del día de reposo; por lo tanto, elegimos aquellos días que deseamos para la santificación pública. Como los días en sí mismos son iguales, no elevamos un día sobre otro, excepto con respecto al ministerio de la iglesia y la santificación pública. No proclamamos supersticiosamente fiestas como los papistas. Observamos las fiestas del nacimiento de Cristo, la circuncisión, la pasión, la Pascua y el Pentecostés por ciertas razones, pero sin superstición. Hemos rechazado en nuestra iglesia, a causa de varias supersticiones e idolatrías, las fiestas ficticias de los santos, los mártires, la bienaventurada virgen y otras vírgenes. El día de reposo debe ser consagrado solo para el Señor, no para las cosas creadas (Éx. 20, 34; Dt. 4, 5). El día debe ser consagrado para Dios, no para los muertos. Como está escrito: «Santifica el día de reposo» (Éx. 20: 8). Santificar el día de reposo es adorar a Dios. Por lo tanto, debe ser santificado solo para Dios, ya que solo Él debe ser adorado. A menudo recitamos en público las historias de los santos, ya que con frecuencia referimos y exponemos sus escritos en nuestros sermones. Por lo tanto, como es contrario al mandato de Dios hacer que el día de reposo sea consagrado para los santos, no hacemos esto; y repudiamos a aquellos que ordenan y dedican fiestas a ellos.

Confessio Catholica (Hungría, 1562) en Reformed Confessions of the 16th and 17th Centuries in English Translation, ed. James T. Dennison, Jr., 4 vol. (Grand Rapids: Reformation Heritage Books), 2.606–07. Traducción al español: Romel Quintero.

Ser irénico es ser completamente bíblico y evangélico en teología, rigurosamente perenne en filosofía, católico en alcance y pacífico en espíritu.

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